Una apreciación del artículo de Bob Avakian, LA CRUELDAD FASCISTA Y SU ATAQUE A LA EMPATÍA VERSUS EL ENFOQUE DEL NUEVO COMUNISMO SOBRE LA EMPATÍA

El artículo de Bob Avakian LA CRUELDAD FASCISTA Y SU ATAQUE A LA EMPATÍA VERSUS EL ENFOQUE DEL NUEVO COMUNISMO SOBRE LA EMPATÍA es una explicación científica muy necesitada de la empatía y su papel — hacia dónde va la sociedad sin la empatía y cuáles son sus limitaciones para que la humanidad supere este sistema de atrocidades monstruosas. Igual a todas las obras de Bob Avakian (BA), el título y los subtítulos sirven de manera importante como guías para entender el artículo en conjunto y su enfoque científico de identificar y desmenuzar las contradicciones clave. Lo siguiente es mi intento de adentrarme más en este artículo y de apuntar algunos de mis pensamientos después de leerlo.

BA comienza aludiendo a la glorificación grotesca de la crueldad y la violencia por parte del movimiento de Trump y MAGA, llevada a niveles extraños y absurdos con el espectáculo de lucha en jaula en el patio de la Casa Blanca. Eso es emblemático de todo el terror que el régimen de Trump ha desatado contra inmigrantes y otros dentro de Estados Unidos y por todo el mundo — en Venezuela e Irán (también en Cuba, donde la red eléctrica se ha venido abajo debido a sanciones y bloqueos estadounidenses). Los recortes a la USAID ya han causado más de 500 mil muertes prevenibles, y la lista de crueldades sigue sin parar.

Como señala BA, esta crueldad — y “las exhibiciones ritualizadas de crueldad”— es un componente esencial del programa fascista y la sociedad fascista que están tratando de engendrar. Los millones de personas decentes que sienten, expresan y a veces actúan de acuerdo con su empatía hacia aquellos que están bajo ataque representan un gran problema para estos fascistas — con un potencial (en gran parte sin explotar ni realizar) de llegar a niveles de crisis que ponga en peligro la permanencia del fascismo en el poder. BA examina cómo estos fascistas creen que la mera idea de sentir empatía por los oprimidos “conducirá a la destrucción de todo lo que Estados Unidos debe representar y de todo lo que lo convierte en ‘la nación elegida por Dios’, que debe dominar el mundo por derecho propio”. Por tanto, se ven obligados a atacar el propio concepto de la empatía. Este punto de vista se alinea bien con el modo de producción capitalista. BA concluye esta parte con una discusión del ataque ideológico contra el altruismo por la autora Ayn Rand. Por cierto, cuando yo estaba en la escuela superior en los años 1980, todos mis compañeros masculinos andaban compartiendo copias de los libros de Ayn Rand La rebelión de Atlas y El manantial.

BA compara y contrasta eso con el enfoque del nuevo comunismo sobre la empatía, una capacidad de los seres humanos de identificarse con el sufrimiento y el dolor de otros, un valor social y moral positivo — que, al mismo tiempo, “no puede separarse de las relaciones sociales fundamentales ni contraponerse a ellas”. El ejemplo que da BA del dueño de esclavos y el esclavo es ilustrativo: no se puede identificarse ni simpatizar con el esclavo y el amo de igual manera sin ocultar la relación de explotación y opresión y los intereses antagónicos de cada parte. El interés del amo es sacar ganancias de la explotación y mantener el sistema de explotación, y el interés del esclavo es liberarse de su cautiverio. Eso no significa que no debemos intentar comprender científicamente la perspectiva del amo — como parte de entender la realidad y luchar con mayor eficacia por la erradicación del sistema de esclavitud. Esta frase es extremadamente importante: “Solo cuando se haya alcanzado el objetivo histórico de la revolución comunista —la abolición y erradicación de todas las relaciones de explotación y opresión en todas partes— se podrá aplicar la empatía hacia las personas en general”.

La empatía es un valor que nos ayuda a preocuparse por lo demás, a odiar desde lo más hondo del corazón lo que se les están haciendo a las personas; y como lo ha expresado BA muchas veces, “tienes que odiar esto”, que quiere decir, tienes que odiar los horrores los que este sistema inflige a las masas de personas. Pero la empatía por sí sola no basta, especialmente cuando hay una manera concreta de entender el problema —el sistema del capitalismo-imperialismo— y la solución — una revolución fundamentada en la ciencia del nuevo comunismo.

La última parte, “Emancipación, y no venganza” nos recuerda del objetivo y meta fundamental de la revolución nueva comunista. La negativa de identificarse igualmente con el explotador y el explotado no implica que “los fines justifican los medios” ni que todo se pondrá patas arriba y “los últimos serán los primeros”. Estas ideas se motivan por la venganza. La venganza no dará lugar a una sociedad libre de explotación y opresión sino que sentaría las bases para la restauración del capitalismo. Sólo un enfoque plena y consistentemente científico, que capta la necesidad de tomar el poder estatal y que lucha para que eso sea el fundamento sobre el cual una dictadura del proletariado haría la transición de la sociedad y el mundo al comunismo, sólo eso nos puede llevar al tipo de sociedad en que la humanidad pueda florecer, hacia “la emancipación de la humanidad en su conjunto de miles de años de explotación cruel y opresión literalmente asesina; la emancipación de, y el avance histórico más allá de, la larga noche en la que la sociedad humana ha estado dividida en amos y esclavos, y las masas de la humanidad han sido azotadas, golpeadas, violadas, masacradas, encadenadas y envueltas en la ignorancia y la miseria”.

Desde que leí este artículo, he estado pensando en el ataque ideológico contra la empatía como otro aspecto de la epistemología que comparten los fascistas con los embaucadores de la identidad woke (concienciado). Aunque el enfoque woke de la empatía se expresa de formas distintas, no detenta el poder estatal y no celebra ni glorifica la crueldad contra los oprimidos, existen ciertas coincidencias o quizá una forma en que se reflejan entre los dos. En la cultura woke, se ataca a la empatía por “performativa” o “apropiación”. Desconfían por completo en la posibilidad de que personas de un grupo, usualmente el grupo “privilegiado”, identifiquen o simpaticen con personas de otro grupo, especialmente un grupo al cual lo definen como más oprimido. Por tanto, sospechan a cualquier persona que se atreva a exhibir semejante empatía. En la cosmovisión woke, tales expresiones de empatía no pueden ser auténticas. Solamente pueden ser una fachada para el interés propio, un deseo de sacar beneficio del dolor de otros.

Como BA ha criticado frecuentemente, las reglas de la política de identidad woke son arbitrarias y muta constantemente — así que quién vaya a salir el blanco de la crítica por violar sus reglas, por ejemplo “de permanecer en su carril”, lo dicta una turba woke y el ataque puede salir, al parecer, de la nada. Un buen ejemplo de este fenómeno fue un ataque contra la novela Tierra americana y la novelista Jeanine Cummins. Tierra americana relata la historia de una mexicana de clase media que se convierte en un blanco de un cártel de drogas y se ve obligada a huir y cruzar la frontera estadounidense con otros migrantes. Se publicó con fanfarria y reseñas positivas. Pero una diatriba por Myriam Gurba se hizo viral, y pronto una turba en línea, en su mayoría otros escritores de descendencia latina, acusó a Cummins de capitalizar el trauma migrante so pretexto de literatura de justicia social.

Junto con las reglas woke respecto a la empatía, una cultura reaccionaria de cancelación y degradación regocija de la venganza y el schadenfreude —un gozo en la humillación de los demás— guiada por una epistemología anticientífica en que la verdad no importa: una epistemología que los woke y los fascistas tienen en común. La cultura woke, sin jamás dirigirse contra el sistema, ni siquiera el régimen fascista tampoco, identifica a ciertos individuos como la encarnación del privilegio a los cuales no les permite expresar la empatía ni recibir empatía si salgan cancelados. Esto alcanza niveles absurdos y peligrosos con Olimpiadas de opresión que apilan opresiones y enemistan a diferentes grupos oprimidos entre ellos.

El campo de batalla de los ataques woke contra la empatía se concentra frecuentemente en las artes — donde su escarnio de la empatía está causando efectos terribles. Pero es un problema por todos lados, incluido en todas las luchas por la justicia, dictando quiénes deben y quiénes no deben estar en las calles y mermando el sentido de responsabilidad para unirnos y actuar juntos por un mundo mejor. El ataque woke contra la empatía va de la mano con excusas para evitar la realidad del sufrimiento de las demás personas. Hay otras maneras, especialmente en la “comunidad del bienestar”, en que, si bien no burlan de la empatía exactamente, sí la usan de excusa. “Siento todo demasiado, así que ¡no me pidan ver el dolor y el sufrimiento de los demás!”

Juntos, los ataques fascistas y woke son una combinación letal. Uno trabaja para endurecer la base MAGA, preparándolos para que sirvan de vigilantes y tropas de choque por el régimen fascista; el otro divide y apacigua a la gente decente que debe estar llenando las calles para poner alto a este fascismo y alzando la cabeza hacia la revolución para poner fin a todo este sistema horroroso.

Estos son apenas algunos pensamientos iniciales que el artículo de BA me provocó. Creo que estudiar y discutirlo es una manera importante de profundizar nuestro entendimiento de la relación dialéctica entre la superestructura, especialmente en la esfera de ideas, y el modo de producción subyacente — y de la manera de librar la lucha ideológica feroz necesaria para crear un pueblo revolucionario.

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