Este 7 de agosto, un nuevo régimen se posesiona, uno envalentonado con llevar a cabo un programa fascista de militarismo extremo, teocracia y de sumisión ante los imperialistas yanquis y al fascismo trumpista. Este régimen es parte de una ola “naranja” fascistoide en la región que ha ido revirtiendo la anterior “ola rosa” de comienzos de siglo… y está apuntalada por la ultraderecha internacional, principalmente Trump, pero también por el “Foro de Madrid” –la “Internacional” anticomunista de los Abascal, Milei, Kast, Bolsonaro, Uribe, etc.
El régimen entrante es alimentado por una base social que está dispuesta a defender “a sangre y fuego” el statu quo y la dominación capitalista de este sistema, incluyendo sectores especialmente de la clase media urbana que sueña con que la militarización y represión defiendan su pequeña propiedad y que la liberalización de la economía les permita ascender en la escala social y hacerse ricos. También sectores que anhelan restaurar los valores reaccionarios, tradicionales y patriarcales ante algunos cambios y avances en la sociedad, como en los derechos de las mujeres y de la población LGBTIQ+, que han ejercido grandes presiones sobre las relaciones opresivas de este sistema, pero que no las ha roto, pues este sistema no puede prescindir de esas relaciones. En un contexto de una creciente contienda entre las potencias imperialistas, especialmente Estados Unidos y China, por la dominación global, y en el que el sector fascista de las clases dominantes estadounidenses ha echado mano del fascismo para aferrarse y extender la dominación del imperialismo, con todas las catastróficas consecuencias para la humanidad que ello conlleva, el régimen entrante buscará ser una pieza leal dentro del bloque fascista yanqui en lo que ha considerado groseramente su “patio trasero”.
A la par, otro amplio sector de la sociedad siente un profundo rechazo a muchas de las expresiones más reaccionarias del funcionamiento del sistema, concentrado en la derecha tradicional uribista y ahora en la nueva derecha trumpista de ADLE. En su gran mayoría, este rechazo y las ilusiones de cambio fueron canalizados en el respaldo a Petro y su llamado “gobierno del cambio”, que con su llegada a término muestra que aunque hayan cambiado (en muchas ocasiones para bien) algunas políticas sociales, no cambió (ni podía cambiar) el sistema capitalista imperialista que es el causante de la opresión y explotación. Y ahora, estas fuerzas pretenden ponerse al frente de la “resistencia civil” al régimen entrante, pero con el objetivo de fortalecer su caudal electoral para futuras elecciones.
Sí, hay que resistir, pero no en el sentido de “aguantar” el guarapazo y de seguir soportando lo que este sistema le hace a la humanidad. Hay que oponer resistencia, en el sentido de negarse a aceptar un régimen fascista y de negarse a seguir bajo este sistema explotador, opresivo y criminal. Es un hecho científico que la humanidad no tiene que vivir así. Es posible lograr un sistema radicalmente diferente a través de una verdadera revolución y desde este enfoque abordar la necesaria resistencia.
Una revolución para nada se trata simplemente de mejoras en el sistema de salud, o de mayor acceso a la educación superior, o en que los campesinos accedan a la propiedad de la tierra… Ni es cuestión de “voltear la tortilla” para que no sean “los de siempre” los que saquen tajada. No se trata de buenas intenciones… Mientras esté en pie este sistema, se mantendrá la opresión y explotación. No se trata de un “buen gobierno” dentro del mismo sistema de opresión y explotación… No hay nada más falso y poco realista que basarse en la misma dinámica de este sistema, en sus mismas leyes, en sus mismas instituciones, en el mismo poder de clases (así sea indirectamente), en las mismas condiciones de dominación imperialista de países como Colombia, y pretender que algunas reformas (incluso a la brava) dentro de este mismo orden social constituyen una “revolución”. ¡Para nada! Una revolución real requiere el derrocamiento del viejo sistema, incluyendo de manera clave la demolición de su columna vertebral.
Como han declarado los revcom (comunistas revolucionarios en Estados Unidos) en la Declaración, Necesitamos y Exigimos: Una forma completamente nueva de vivir, un sistema fundamentalmente diferente:
Una forma completamente diferente de vivir es posible: una manera completamente diferente de organizar la sociedad, con una radicalmente diferente base económica y sistema político, relaciones emancipadoras entre las personas y una cultura edificante — todo ello con la orientación de satisfacer las necesidades básicas y cumplir los intereses más elevados de las masas de personas.
Sí. Mientras sigamos viviendo bajo el dominio del actual sistema, es necesario defender y defenderemos a la gente de los ataques a su vida y a los derechos que se supone que garantiza la Constitución de 1991. Pero necesitamos un sistema completamente diferente, con una Constitución completamente diferente, que proporcione derechos mucho más amplios para las personas, incluido el derecho básico a tener el papel fundamentalmente determinante en una nueva sociedad y gobierno cuyo propósito y objetivo es eliminar toda explotación y opresión, en todas partes.
Únase a los comunistas revolucionarios en este país, en la lucha contra el régimen fascista de De la Espriella, como parte de la lucha –en unión con los comunistas revolucionarios de mundo, guiados por el nuevo comunismo— contra todo el sistema capitalista imperialista y con el fin de hacer nacer un sistema radicalmente diferente. Un nuevo sistema que haga lo que es imposible lograr bajo este sistema capitalista-imperialista: Hacer a las masas aptas para gobernar, a fin de llevar a cabo la transformación revolucionaria de la sociedad, y contribuir a este proceso en el mundo en su conjunto.





