Cómo [NO] dominar el mundo

Stanford, UC Berkeley, el frenesí de la alta tecnología en las universidades

En su libro “How to Rule the World: An Education in Power at Stanford University” (Cómo dominar el mundo: Una formación sobre el poder en la Universidad de Stanford), Theo Baker narra la intensa experiencia de su primer año en la Universidad de Stanford. Denuncia el impacto del capital de alta tecnología y cómo está transformando la vida moral, intelectual y cultural de la universidad. Baker describe vívidamente la integración de Stanford en el monstruo de alta tecnología capitalista, Silicon Valley, y cómo esto ha forjado una cultura asfixiante y terrible de avaricia (codicia), individualismo extremo y competencia feroz entre los estudiantes y en el campus en general. Stanford es el ejemplo más extremo, pero cambios similares y perjudiciales se están produciendo en otros campus, incluyendo la cercana UC Berkeley.

Stanford se encuentra en pleno corazón de Silicon Valley, y su departamento de informática es famoso por formar a estudiantes que se convierten en multimillonarios de la alta tecnología. Desde principios del siglo XXI, se han construido en Stanford más de 70 edificios nuevos financiados por capitalistas de la alta tecnología; entre los nombres que figuran en ellos se encuentran Zuckerberg, Hewlett, Packard, Gates, Yang, etc. John Hennessy, quien era presidente de Stanford cuando se construyeron la mayoría de estos edificios, ha sido apodado “el padrino de Silicon Valley”.

Esta no es, ni mucho menos, la primera vez que las universidades estadounidenses han sido dominadas, controladas y penetradas por el gran capital o las clases dominantes reaccionarias. En un sentido fundamental, las universidades tienen que servir a la clase dominante del sistema del que forman parte (al igual que todas las grandes instituciones, la cultura, etc.). Durante las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ensalzó su sistema universitario —con supuesta libertad de investigación científica y académica— como un elemento clave de la superioridad de su sistema “democrático”, aunque este ha estado harapiento y deshilachado. Esta “libertad” siempre fue una libertad dentro de un marco determinado, y cuando los intereses más fundamentales del sistema lo exigieron, tuvo que desaparecer. Esto fue cierto durante la era McCarthy, cuando se despidió a profesores por sus creencias, y ahora, con Trump, cuando la ciencia, la verdad y todo aquello que se supone que representan las universidades están bajo ataque.

Baker revela hasta qué punto la penetración capitalista en Stanford se está volviendo extrema, cuán lejos están las cosas incluso de los ideales capitalistas liberales anteriores sobre lo que debería ser una universidad, y cuánto ha influido esto en la vida de los estudiantes en el campus. Baker describe la situación en Stanford: los “venture capitalists” (inversores de capital riesgo) y sus reclutadores frecuentan los cafés del campus y “seleccionan” a quienes consideran los estudiantes de informática más prometedores, atrayéndolos con supuestos secretos sobre el funcionamiento de Silicon Valley, con fiestas en yates, licores caros, montones de dinero y la promesa de acceso privilegiado a una empresa emergente multimillonaria.

Baker señala a un (antiguo) alumno que alcanzó la cima de la frenética fiebre del oro de la alta tecnología:

Cuando el talentoso investigador de inteligencia artificial Ilya Sutskever1 fundó Safe Superintelligence [SSI], lo hizo con nueve empleados, una declaración descriptiva de doscientas palabras y sin ninguna idea de producto, mucho menos ingresos. La empresa fue valorada en 32 mil millones de dólares. Una cifra superior a la del Banco Nacional de Canadá, el gigante de los cosméticos Estée Lauder e incluso el tercer mayor fabricante de automóviles del mundo, Hyundai, que produce más de cuatro millones de coches al año. Mientras tanto, SSI no ha producido nada.

Creen que van a ser “Amos del Universo”, pero en realidad se están entrenando para ser “el capital personificado”

Niños trabajando en las minas de cobalto del Congo, 29 de julio de 2014.    Foto: PD

El título del libro de Baker proviene de un director ejecutivo inversor de capital riesgo conocido como Julian que recluta a un grupo muy selecto de estudiantes para un curso no acreditado ni anunciado públicamente, titulado “Cómo dominar el mundo”. Los miembros del curso se hacen llamar “Rulers” [los que dominan]. Este es solo uno de los muchos grupos similares que existen en Stanford.

Baker escribe sobre el entrenamiento en las despiadadas relaciones sociales capitalistas que recibían los “Rulers”: “‘El tema principal de la clase es superar los límites de tu ambición imaginable’, me dijo un Ruler llamado Billy. Justin sacaba a colación un tema diferente cada vez, pero siempre volvía al mismo punto central: ‘Para un grupo selecto de personas —aquellas con mayor capacidad de decisión— se puede extraer un gran valor de quienes te rodean’”. (p. 132)

Otra estudiante le contó a Baker que “Justin le enseñó tácticas: cómo hacer reír a la gente, cuándo ser autocrítica, etc. ‘Hay cosas que la gente hace en una conversación’, aprendió Janet, ‘que parecen inofensivas y casi accidentales, pero no lo son. En realidad, son bastante intencionadas, para llegar a algún punto, para enfocar la conversación de cierta manera, para lograr que te sientas realmente cercano a ellos’. Justin había ‘pensado en todo eso, sinceramente, casi como un sociópata’”. (p. 133)

En todo esto subyace una ironía cruel. Estos estudiantes adoptan una mentalidad de usar o ser usado, follar o ser follado, “como un sociópata”, y esperan que esto los convierta en amos del universo. Pero la realidad es la que Marx plasmó en pocas palabras: “Como capitalista, no es más que capital personificado. Su alma es el alma del capital”.

Se les está adoctrinando para que piensen que su genialidad determinará la realidad. Pero, en esencia, no son más que instrumentos de un proceso mayor que, en el fondo, no se basa en el genio individual, sino en redes globales de explotación. De hecho, es la esclavitud salarial colectiva de miles y millones de personas en todo el mundo la que genera los miles de millones de dólares que estos estudiantes persiguen. El sufrimiento de los niños trabajadores en las minas de cobalto y de coltán2 del Congo es el verdadero fundamento del coloso de la alta tecnología.

Lenin escribió sobre cómo el capital obliga a la gente a actuar con la “tacañería de un tacaño”. Este es la formación que se imparte en estas clases: que actúen con la tacañería de un tacaño en relación con la sociedad y los demás, e incluso, a veces, consigo mismos. Y luego está el hecho fundamental de que, como John Hennessy le dijo a Baker, cientos de estudiantes de informática de Stanford creen que se convertirán en multimillonarios, pero probablemente solo uno lo logrará.

Theo Baker escribe sobre esto desde la perspectiva de alguien que comenzó a adentrarse en este mundo y, para darle su mérito, decidió que no era para él. Baker muestra cómo el espíritu y la ética de los “Rulers” se extendían más allá de los grupos secretos de estudiantes de informática de élite. En una clase, hubo una semana dedicada a la ética, y se les pidió a los estudiantes que levantaran la mano “si les importaba la ética y cosas por el estilo”. Baker escribe: “Levanté la mía y miré a mi alrededor. Ni un solo brazo estaba en el aire. A la gente ni siquiera le importaba lo suficiente como para fingir que la ética les importaba”. Baker señala: “Tan recientemente como en 2008, en el departamento de historia se graduaban más estudiantes de último año que el departamento de informática. Ahora hay dieciséis veces más graduados en informática que en historia: 341 frente a solo 21 en 2025”.

“Hemos perdido el sentido de la vergüenza y el sentido de propósito”

Apple subcontrató la producción a lugares como esta fábrica de Foxconn en China, 2010.

Baker escribe sobre Steve Blank, profesor de informática de larga trayectoria en Stanford, quien dirige Lean LaunchPad, un grupo público y reconocido que colabora con estudiantes y capitalistas de alta tecnología, capacitando a los estudiantes para desarrollar startups. Blank comenta sobre el cambio ético que se ha producido en Stanford en los últimos años. Su enfoque se inspira en la antigua ética de Silicon Valley, según la cual los avances tecnológicos deben beneficiar a la sociedad. Blank le dijo a Baker: “Hemos perdido la brújula moral en cuanto a nuestras inversiones. Hemos perdido el sentido de la vergüenza y nuestro norte”.

Steve Blank señala que una crueldad y una amoralidad brutal dominan cada vez más abiertamente lugares como Stanford, Silicon Valley (y la sociedad estadounidense). Esto es cierto e importante. Pero esta fealdad es una extensión de lo que ya existía.

Cabe preguntarse: ¿cuándo fue Silicon Valley un paraíso? ¿Lo era cuando, en 2014, Apple Computer ganaba miles de millones a costa del trabajo de obreros en China, especialmente mujeres, que vivían en condiciones tan terribles que muchos se suicidaban arrojándose desde el tejado de sus dormitorios? Apple no respondió cambiando las condiciones, sino instalando redes para bloquear o atrapar a quienes intentaban suicidarse. ¿O décadas antes, cuando las empresas de Silicon Valley estaban profundamente involucradas en la producción de herramientas para la guerra imperialista, la represión y la vigilancia masiva (como muchas siguen haciendo hoy en día)?

UC Berkeley: Persiguiendo la fiebre del oro, cambiando la cultura

Mario Savio, discurso durante la sentada de Sproul Hall, 2 de diciembre de 1964 en la Universidad de California, Berkeley, en pleno auge del Movimiento por la Libertad de Expresión.    Foto: Chronicle/Duke Downey

Si bien Stanford representa en muchos sentidos el caso extremo de la actual locura de la fiebre del oro en las universidades, esto también ocurre en otras universidades importantes. Un ejemplo muy significativo es la Universidad de California en Berkeley (“Cal”). Berkeley es muy diferente a Stanford en algunos aspectos: mucho más grande, una universidad pública y, bueno, “Berkeley”, cuna histórica del Movimiento por la Libertad de Expresión y de poderosas luchas contra la guerra, por los estudios étnicos, contra el apartheid en Sudáfrica, etc. Aún hoy, los estudiantes acuden a la UC Berkeley buscando algo rebelde y fuera de lo común, buscando el legado de Mario Savio, líder del Movimiento por la Libertad de Expresión a principios de la década de 19603.

Cortesía de El Instituto Bob Avakian

Pero los administradores de alto nivel y aquellos con verdadero poder en UC Berkeley tenían una idea diferente. Vieron la loca fiebre del oro de alta tecnología que estaba ocurriendo en Stanford… y se propusieron enérgicamente hacer que eso sucediera en Berkeley. El actual rector de UC Berkeley, Richard Lyons, fue un jugador clave. En una entrevista de hace 6 años, Lyons, entonces el primer director de innovación y emprendimiento de UC Berkeley, señaló lo que consideraba un problema. Se quejó de que muchos estudiantes “no se ven a sí mismos como emprendedores, fundadores, capitalistas de riesgo, etc.”.

Para abordar este “problema”, y también el problema estrechamente relacionado de que muchos estudiantes llegan a Cal por su legado de movimientos a favor de la libertad de expresión, la lucha contra la guerra y la “liberación del tercer mundo”, Lyon y otros fundaron nuevos programas de emprendimiento, intentando conscientemente orientar a los estudiantes reacios hacia el capitalismo. Se acabó la idea de “abajo la avaricia corporativa”. Ya era hora de “la avaricia es buena”.

En Cal se llevaron a cabo diversas iniciativas para cambiar el marco normativo, establecer instituciones que fomentaran el espíritu emprendedor, facilitaran la creación de empresas y conectaran a los inversores de capital riesgo con los estudiantes. En el pasado, si un profesor con un laboratorio en UC Berkeley lo utilizaba para trabajar en su propia empresa privada, esto se consideraba un problema ético y dificultaba la obtención de la titularidad. Las normas se modificaron, no solo en UC Berkeley, sino en todo el sistema de la Universidad de California (incluidas UC Los Ángeles, UC San Diego, UC San Francisco, etc.), y ahora se considera positivo que los profesores utilicen los laboratorios y recursos de la UC para su propio enriquecimiento, y hacerlo se considera un factor muy positivo para obtener la titularidad y los ascensos4.

Ahora se ven artículos de opinión en el periódico estudiantil que lamentan la proliferación de organizaciones estudiantiles dedicadas a promover las criptomonedas, la consultoría empresarial y la inteligencia artificial, y cómo estas organizaciones dominan la vida universitaria. Y, al igual que las “clases” secretas para formar a futuros emprendedores en Stanford, algunos de estos clubes estudiantiles en Cal son más difíciles de ingresar y requieren un proceso de solicitud más riguroso que el de ser contratado en una empresa de la lista Fortune 500.

Universidades al servicio de un grotesco parasitismo capitalista

El ambiente deplorable que se respira en estos campus revela algo importante sobre el capitalismo-imperialismo estadounidense actual. Se trata de un sistema donde los capitalistas dentro de Estados Unidos obtienen enormes beneficios de una producción que, en gran medida, se lleva a cabo fuera del país bajo condiciones extremas de explotación. Lo que se concentra en Estados Unidos no es la industria manufacturera, sino los niveles más altos de la gestión y el desarrollo de tecnología de vanguardia, junto con los sectores FIRE (finanzas, seguros e inmobiliarios)5. Las universidades se están adaptando para servir a este grotesco parasitismo capitalista.

Esta transformación hacia un entorno y una ética más descaradamente despiadados, extremadamente individualistas y donde impera la ley del más fuerte, ya de por sí es bastante mala, pero además ha sido parte de la base para que las universidades cedan ante el fascismo MAGA de Trump y/o lo apoyen.

¿Una pesadilla de alta tecnología? ¿O una humanidad emancipada?

Aunque fueron las fuerzas armadas estadounidenses los que en primer lugar desarrollaron Internet, la cultura de Silicon Valley se derivó, en parte, de personas con un idealismo que les hacía creer que la tecnología, sin alterar el sistema subyacente, podría liberar a la humanidad de las barreras que la separan y la enfrentan entre sí en el planeta. Esto era imposible, pues ninguna corporación puede escapar al funcionamiento competitivo y explotador del capitalismo imperialista. Hoy, este sistema nos ha llevado a una situación en la que los gigantes tecnológicos se alían cada vez más con Trump y entregan la tecnología a la vigilancia masiva fascista y a la guerra imperialista.

Demasiadas personas ven eso y no ven en el futuro más que una pesadilla de alta tecnología, o peor. Pero al aplicar el método científico del nuevo comunismo y penetrar más allá de la superficie hasta las verdaderas fuerzas impulsoras de este sistema, se vislumbra un futuro posible diferente. Un mundo futuro donde la inmensamente poderosa tecnología de hoy ya no sirve para esclavizar a las personas, porque la realidad es que es el SISTEMA social el que esclaviza a las personas, y ese sistema social puede ser derrocado y superado.

Un mundo diferente SÍ es posible. Una futura sociedad socialista en camino al comunismo, en la que en lugar de temer a las nuevas tecnologías porque dejarán a masas de personas sin trabajo y sin medios de subsistencia, los avances tecnológicos (junto con otras transformaciones revolucionarias para acabar con las relaciones opresivas) podrían ser parte de ¡la liberación de las personas de la necesidad de realizar trabajos pesados! Un mundo futuro donde los cimientos del sistema económico y social ya no obliguen a las personas a tratarse como sociópatas, sino que, por el contrario, les permitan superar las relaciones sociales opresivas y tratarse como seres humanos. Un mundo futuro donde la cultura universitaria en un lugar como Estados Unidos ya no sea una concentración de explotación parasitaria, porque Estados Unidos ya no exista y en la nueva sociedad socialista que lo haya reemplazado, como lo expresa “Necesitamos y Exigimos6:

El propósito del sistema educativo en esta nueva sociedad socialista será de capacitar a las personas para perseguir la verdad a dondequiera que ésta conduzca, con un espíritu de pensamiento crítico y curiosidad científica, y así conocer continuamente el mundo y poder contribuir mejor a cambiarlo de acuerdo con los intereses fundamentales de la humanidad.

Bob Avakian, el líder revolucionario y arquitecto del nuevo comunismo, habla de esta sociedad futura muchas veces y de muchas maneras, pero aquí hay una síntesis:

Es posible una forma de vivir completamente diferente: una forma completamente diferente de organizar la sociedad, con una base económica y sistema político, relaciones emancipadoras entre las personas y una cultura edificante radicalmente diferentes — todo ello orientado a satisfacer las necesidades básicas y cumplir los intereses más elevados de las masas de personas. Esto se expone, de manera panorámica y concreta, en la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte, que he escrito. En la Declaración NECESITAMOS Y EXIGIMOS: UNA FORMA COMPLETAMENTE NUEVA DE VIVIR, UN SISTEMA FUNDAMENTALMENTE DIFERENTE, se exponen síntesis de los puntos básicos en esta Constitución —que arrojan una luz sobre la forma verdaderamente emancipadora en que podríamos vivir. (Esta Declaración, así como la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte, está disponible en revcom.us).

2025: Un año nuevo — retos nuevos profundos — y un camino profundamente positivo hacia adelante frente a un horror muy real

Esto no es una fantasía. El capitalismo-imperialismo, con todos sus horrores, ha sentado las bases de una sociedad socialista radicalmente diferente, que a su vez representa una transición hacia un mundo plenamente emancipado, un mundo comunista. Este mundo PUEDE hacerse realidad, y este es un momento poco común en el que existe el potencial para una revolución en Estados Unidos, lo que supondría un enorme avance histórico para la humanidad. (La humanidad al borde del precipicio)

Podemos aspirar a algo mucho mejor que el mundo de despiadado competición que Theo Baker denuncia. Todo aquel que sienta repulsión y repugnancia por la situación actual debería profundizar en el método y la obra de Bob Avakian y unirse a la lucha por un mundo diferente. El desafío y la elección quedaron plasmados en el autobiografía memorias de BA:

Si uno ha tenido la oportunidad de ver el mundo como es en realidad, puede encaminar su vida por rumbos profundamente distintos. Puede entrarle a la vida de comer o ser comido, y muy probablemente ser devorado en el proceso de salir adelante. Puede meter el hocico en el comedero y engullir lo más que pueda, y empujar a los demás para agarrar más. O puede dedicarse a hacer algo que cambie toda la dirección de la sociedad y el mundo. Si uno pone lado a lado las dos cosas, ¿cuál tiene significado? ¿Cuál contribuye de hecho a algo que valga la pena? La vida de uno va a tener valor o va a ser inútil. Y no se puede dedicar la vida a algo más grande que contribuir lo máximo que podamos a la transformación revolucionaria de la sociedad y del mundo, a ponerle fin a todos los sistemas y las relaciones de opresión y explotación, y a todo el sufrimiento y destrucción innecesarios que traen. Eso lo he aprendido más y más profundamente a lo largo de las vueltas y revueltas e inclusive de los grandes reveses, así como los grandes logros, de la revolución comunista hasta ahora, en lo que de hecho todavía son sus primeras etapas históricas.

De Ike to Mao and Beyond: My Journey from Mainstream America to Revolutionary Communist, A Memoir by Bob Avakian, 2005


NOTAS:

1. Ilya Sutskever es quizás más conocido actualmente como cofundador de OpenAI. Aquí está su página web. [volver]

2. El cobalto y el coltán son componentes fundamentales de las baterías que se utilizan en teléfonos y coches eléctricos, y se mezclan con otros metales para fabricar piezas resistentes para motores a reacción y otras herramientas capaces de soportar temperaturas muy elevadas. Al menos el 80 % del cobalto y el 40 % del coltán que se utilizan para estos fines se extraen en la República Democrática del Congo (RDC).  [volver]

3. Véase el artículo de Bob Avakian sobre la experiencia del Movimiento por la Libertad de Expresión (FSM): “Reflexiones sobre el Movimiento Pro Libertad de Expresión: Volverse revolucionario“, de Bob Avakian. [volver]

4. En su entrevista con Dan Moguloff, Richard Lyons habló de cómo todo el sistema de la Universidad de California, compuesto por diez universidades, pasó a adoptar una visión positiva de la “actividad emprendedora” de los profesores. [volver]

5. Véase LA HUMANIDAD AL BORDE DEL PRECIPICIO: ¿Una marcha forzada hacia el abismo, o forjar una salida a la locura? de Bob Avakian para más información sobre el parasitismo imperialista. [volver]

6. “Necesitamos y Exigimos” destila algunos aspectos clave de la visión del socialismo desarrollada como parte del nuevo comunismo por el líder revolucionario Bob Avakian. [volver]

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