Terremoto en Colombia: De la solidaridad de los de abajo a la vileza de los de arriba

Este 10 de agosto tuvo lugar en Colombia el terremoto de mayor magnitud en casi medio siglo, que ha causado, hasta el momento de este escrito al menos 265 muertos, cerca de 3.500 heridos y varios centenares de desaparecidos. El epicentro fue en San José del Palmar, un pequeño municipio de apenas 5.000 habitantes en el departamento del Chocó, en el que más de 500 edificaciones han resultado afectadas de las cuales como mínimo 20 completamente destruidas. Al menos cuatro departamentos al occidente de Colombia han sufrido las mayores consecuencias de este sismo de magnitud 7,4.

Casa afectada en la zona rural del epicentro, San José del Palmar, Chocó.

En el departamento más pobre del país, Chocó, no solo la capital, Quibdó, sino numerosos pueblos a lo largo del río Atrato han sufrido también gravísimas afectaciones, muchos de ellos aún continúan incomunicados y no han recibido atención estatal. Pereira, Manizales y Cali, las principales ciudades cercanas al epicentro en las que en total viven cerca de tres millones y medio de personas, tienen decenas de edificaciones colapsadas, y centenares de rescatistas y voluntarios hacen ingentes esfuerzos por rescatar a las personas atrapadas bajos los escombros. La cifra nacional de fallecidos, de personas heridas y desaparecidos varía en cada actualización y difieren entre distintas fuentes ante la ausencia de cifras oficiales actualizadas y centralizadas.

¿Por qué ocurrió este terremoto?

Ante eventos catastróficos como estos, muchas personas se preguntan el porqué de dicho fenómeno, y en un ambiente plagado de desinformación, superstición y anticiencia, son muy frecuentes las explicaciones infundadas, sea sobrenaturales o de teorías de la conspiración.

Este es un evento tectónico, sin ninguna influencia humana ni “divina”. Tampoco depende de la época del año ni de la temperatura. Es parte del comportamiento normal de las placas tectónicas (ver recuadro) en esta región, especialmente en la zona occidental del país.

Ni los sismos ni las réplicas se pueden predecir aún. Hay esfuerzos por el desarrollo de ciencia y tecnología en esa dirección, especialmente de las réplicas (la Ley de Omori-Utsu, que calcula cómo decae la frecuencia de los sismos con el tiempo, y la Ley de Båth, que estima la magnitud máxima de la réplica en relación con el sismo principal).

Predecir un terremoto implicaría saber tres variables: dónde tendrá lugar, su magnitud y el momento en que se producirá, esta última variable aún no se puede conocer con significativa anticipación (aunque no es nula, en este momento no es suficiente para emitir alertas tempranas). Lo que sí es posible es determinar las zonas de mayor amenaza sísmica.

Colombia es un país con una alta complejidad geológica. En este territorio confluyen las placas tectónicas de Nazca, Caribe y Sudamericana cuya interacción puede producir liberaciones súbitas de energía conocidas como sismos, terremotos o temblores. Colombia se ubica en el Cinturón de Fuego del Pacífico que concentra el 90% de la actividad sísmica y volcánica del mundo. Y en la cordillera oriental se encuentra el nido sísmico de Bucaramanga, el más activo del mundo en profundidad intermedia. Diariamente la red sismológica registra cerca de 80 sismos, pero la mayoría son imperceptibles para la población en general, aunque sí pueden ser percibidos por los instrumentos geológicos.

La zona del Litoral del Pacífico, al occidente del país, es una de las zonas de más actividad sísmica en Colombia, debido al choque entre las placas de Nazca y Sudamericana. En geología, este es conocido como un proceso de subducción. Los procesos de subducción son los que más sismos generan a nivel mundial. Una de las placas se hunde debajo de la otra, se genera una fricción y una acumulación de energía que año a año se va acumulando y llega a un punto donde se libera, provocando un sismo. Esto puede ocurrir a grandes profundidades. El sismo del 10 de agosto tuvo una profundidad de unos 103 kilómetros, pero como fue de una magnitud tan alta como 7,4 así sea profundo no se disipó totalmente en su viaje a la superficie.

Aunque buena parte de los sismos son producidos por los choques de las placas tectónicas, también hay sismicidad que se deriva de la actividad volcánica, localizada principalmente en la cordillera Central, pero como han aclarado el Servicio Geológico Colombiano y expertos en sismología, este sismo no tiene relación directa con las emisiones de ceniza recientes del volcán Puracé, pues se trata de dos procesos geológicos diferentes.

La actividad humana también puede producir sismos, y luego de este sismo, algunas personas han señalado al fracking o la extracción petrolera como los causantes. El fracking y la producción de hidrocarburos sí son una actividad contaminante y nociva para el medio ambiente, pero no es cierto que sea la causa de este sismo. Si bien la minería, la extracción petrolera, el uso de cierto armamento militar y de armas nucleares o la construcción de presas pueden producir sismos, el porcentaje de sismos de origen antropogénico es muy pequeño y generalmente es de bajas magnitudes. Y en cuanto al sismo del 10 de agosto existe abundante evidencia y consenso científico de su origen en la subducción de las placas tectónicas.

Un desastre derivado de un evento natural bajo un sistema desastroso

Al igual que algunos suelos o atenúan o amplifican las ondas sísmicas y mitigan o empeoran los efectos de un terremoto, la base económica, el tipo de sistema sobre el que se erige la sociedad puede tener un efecto de mitigación o agravación de los efectos de este tipo de fenómenos naturales. El tipo de sistema bajo el que vivimos actualmente, el sistema capitalista imperialista, multiplica innecesariamente los efectos de estos fenómenos naturales sobre la población, aun cuando existe el conocimiento y los medios que podrían mitigar significativamente la vulnerabilidad de la población a estos eventos.

Como ya se mencionó, aún no es posible predecir con exactitud, y mucho menos impedir, los terremotos. Pero existe la ciencia para prepararse para ellos de diversas maneras con el fin de reducir dramáticamente la destrucción inmediata y el sufrimiento subsiguiente. Colombia se encuentra en la región con mayor actividad sísmica y volcánica del mundo, y para los científicos y expertos, este tipo de sismos no son para nada una sorpresa, son fenómenos normales y esperables. 9 de cada 10 personas que viven en áreas urbanas de Colombia habitan en las zonas de mayor amenaza sísmica, por lo que la preparación para este tipo de fenómenos debería ser una prioridad esencial.

La atención que da este sistema a estas tragedias versus la atención que es posible dar

Las primeras 72 horas luego del sismo son claves para el rescate de las personas atrapadas, pero el gobierno de De la Espriella, posesionado el viernes, en las primeras 48 horas se negó a recibir ayuda de personal internacional para los rescates. Apenas al tercer día (unas horas antes de la publicación de este escrito) el gobierno nombró al director de Gestión de Riesgos, en medio de la desconfianza hacia las medidas del anterior director (del bando petrista) para coordinar la asistencia internacional.

El gobierno colombiano fue explícito en repudiar la ayuda de países que no estén alineados con la ultraderecha. Países como México y China han ofrecido ayuda, inclu-yendo equipos de personal médico y operadores especializados en tareas de rescate y búsqueda, que en eventos catastróficos como estos son fundamentales, especialmente teniendo en cuenta que aún hay zonas del país, como en el Chocó y en zonas rurales de Quindío, Caldas, Risaralda y Valle del Cauca que han sufrido graves afectaciones, muchas se encuentran incomunicadas y no han recibido ninguna ayuda estatal.

En el centro de Pereira, cerca al Parque La Libertad, colapsaron una concurrida pa-nadería y un hotel para personas sin hogar, recicladores y vendedores ambulantes. Es muy probable que haya decenas de personas atrapadas bajo estos escombros, pero más de 50 horas después del sismo, allí no ha hecho presencia ningún equipo especializado de rescate. La única presencia estatal ha sido un grupo de policías dispuesto allí para “evitar desmanes o robos”. Al momento de este escrito, el gobierno de ADLE solo había autorizado recibir ayuda de equipos provenientes de Israel, Estados Unidos, El Salvador y Ecuador, afirmando que son los que “cumplen con los protocolos internacionales”.

Los equipos de países como México no han sido autorizados para apoyar en las tareas de rescate, pese a que cuentan con equipos altamente entrenados y certificados bajo el protocolo INSARAG de la ONU. Todo indica que la certificación parece ser solo una excusa, y que el gobierno de ADLE está aplicando un criterio de recibir solo ayuda de países “amigos”, alineados con su política fascista. De ser así, esto pone en juego las vidas de cientos de personas atrapadas bajo los escombros, muestra el carácter asesino y criminal de este régimen y demuestra que la empatía, esa valiosa capacidad de comprender e identificarse con los sentimientos de los demás, no puede separarse de las relaciones sociales fundamentales ni contraponerse a ellas.

El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), la entidad que monitorea sismos en todo el mundo, calcula que el daño puede llegar a ser de hasta el 7% del PIB, es decir, 130 billones de pesos. Las utilidades del sector financiero, solo en 2025, fueron casi exactamente ese monto, 129,5 billones de pesos. ¿Por qué en lugar de hacer ‘colectas públicas’ estos bancos no simplemente dicen: “¿Saben qué?, vamos a destinar todas nuestras utilidades, una buena parte de nuestros activos y todas las utilidades futuras hasta tanto se atienda completamente la tragedia” ¿Por qué no? Por la dinámica inhe-rente a este maldito sistema. Dada la anarquía de la producción bajo la que funciona este sistema de producción, existe una feroz competencia entre capitalistas, que los obliga a poner al mando las ganancias bajo la lógica de expandirse o ser devorados por otros capitalistas. En un sistema como estos no se pone en primer lugar los mayores intereses de la gran mayoría, sino los intereses del capital. Y, aún en una situación de emergencia como esta, la dinámica de este sistema no deja de operar.

Es posible disponer con antelación de reservas de suministros de emergencia y de equipos de rescate y otro personal altamente capacitado para la atención de este tipo de eventos. Igualmente es posible y necesario formar a la población tanto en el entendimiento científico de estos fenómenos, como en los mejores métodos de prevención de desastres, en los protocolos a seguir en caso de emergencia, y en los mejores métodos de búsqueda y rescate. En este tipo de eventos, el apoyo del personal experto de otros países, que puede desplazarse rápidamente a las zonas más afectadas, puede ser de gran ayuda en los esfuerzos de salvar la mayor cantidad de vidas posibles. Pero en un sistema que ve a la gente como un problema y no como parte de la solución, incluso el disponer de suministros y equipos y de protocolos y capacitación, los resultados serán desastrosos.

Muchísimas personas han actuado en solidaridad con la gente más afectada por el sismo. En cada zona con edificaciones colapsadas cientos de personas han acudido a ayudar a remover escombros y a intentar salvar la mayor cantidad de vidas posibles. Muchas personas de distintas partes del país están recolectando ayudas y alimentos y haciendo donaciones de dinero con la intención de ayudar a las personas afectadas por el sismo. Y cínicamente, grandes capitalistas y grandes bancos, que en los últimos años han obtenido utilidades multimillonarias, hacen campañas invitando a la gente a donar dinero para atender la tragedia. (Lea La crueldad fascista y su ataque a la empatía versus el enfoque del nuevo comunismo sobre la empatía, de Bob Avakian)

¿Qué son las placas tectónicas?

Bajo nuestros pies existen enormes bloques sólidos llamados placas tectónicas que conforman la capa más delgada y superficial de la tierra, la litosfera. Existen siete placas tectónicas principales, la del Pacífico, la Norteamericana, la Sudamericana, la Euroasiática, la Africana, la Indoaustraliana y la Antártica. También se conocen más de una docena de placas menores como la placa de Nazca, la Caribeña, Cocos, Arábica, entre otras. Las placas tectónicas flotan sobre la capa más superficial del manto de la tierra llamada astenosfera, la cual también está formada por rocas sólidas que por estar sometidas a altas presiones y temperatura se comporta de forma plástica y moldeable permitiendo que las placas tectónicas sobre ella a veces se estén juntando, otras veces se están separando y otras se rocen lateralmente, cambiando lenta y constantemente la superficie de nuestro planeta. Si estas placas se están juntando, se llama límite convergente: es cuando dos placas chocan. Si ambas placas tienen densidades similares, las placas se chocan y se deforman, pero no generan volcanes. En cambio, si una de ellas es más densa, la placa más densa se desliza bajo la menos densa, este proceso se conoce como subducción. En este proceso, en la zona de contacto entre ambas placas se acumulan esfuerzos de fricción, donde permanentemente se acumula una gran cantidad de energía, que en ciertos momentos es liberada y causa los terremotos. En estos límites convergentes se generan terremotos y surgen volcanes y cadenas montañosas. El deslizamiento de la placa de Nazca bajo la placa sudamericana dio origen a la cordillera de los Andes. Si las placas se están separando se conoce como límite tectónico, es divergente y por causa de este se forman grietas por donde emerge magma. Así es como se crea nuevo suelo oceánico y cadenas montañosas submarinas. África se separó de América por un límite divergente. Si las placas se rozan lateralmente en sentidos opuestos se conoce como límite transcurrente o transformante. Estos movimientos liberan mucha tensión que también se libera en forma de sismos.

La importancia de aplicar un método y enfoque científicos

Hay muchas creencias populares sobre las causas de un terremoto y sobre cómo predecirlo. Muchas veces se atribuyen capacidades a ciertos animales como los pájaros, los peces, las gallinas o los perros de “predecir” un terremoto. También se ha creído que en épocas de mucho calor es más probable que tiemble. Esto no debe alabarse acríticamente como “sabiduría popular”. Estas creencias no deben aceptarse simplemente porque lo provengan de la gente, o porque son ideas que “siempre se han creído”, es necesario que sean contrastadas con la realidad y, en caso de que exista evidencia suficiente, podrían ser aceptadas. Aunque el que “esté haciendo mucho calor” no sea un causante de los temblores, como explica la geóloga Adriana Ocampo, investigaciones de vanguardia de la Universidad de Tsukuba y el Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología Industrial Avanzada de Japón han demostrado, mediante modelos matemáticos, que la actividad solar influye causalmente en la sismicidad, dado que el calor del Sol, aunque provoca solo un leve aumento de 0.1 a 0.2 grados Celsius en la temperatura superficial, puede hacer las rocas más frágiles y alterar la presión en las fallas al modificar el movimiento del agua subterránea. Un buen ejemplo del tratamiento las “creencias populares” o la “sabiduría popular”, aunque no en el área de la sismología, se dio en China durante el periodo de construcción socialista dirigido por Mao Zedong. Mao orientó a varios científicos, incluyendo a Tu Youyou a investigar “remedios” que tradicionalmente en China se creía que servían para tratar diversas fiebres y someterlos a evaluación científica. De cientos de “remedios”, Tu Youyou encontró evidencia de que la artemisina sí tenía efectos comprobables para tratar la malaria. Tu Youyou recibió el premio Nobel en 2015 por este descubrimiento. Esto no fue una “anomalía” o un hecho aislado como acostumbran a alegar, sino producto de una orientación en la China socialista, que aunque tuvo problemas de populismo epistemológico (Conozca más sobre esto en el artículo La teoría comunista científica y el problema con la “línea de masas” de Bob Avakian), dio importantes luchas contra la superstición, como se puede ver en la campaña impulsada durante el movimiento de educación socialista en 1965, que incluía la organización de exposiciones locales que tenían el lema de “basarse en la ciencia, deshacerse de la superstición”. La ciencia aún no ha logrado la capacidad de predecir un terremoto en el sentido de saber fecha y hora exacta de dónde ocurrirá, y esto sigue siendo uno de los desafíos científicos más importantes. Pero, el entendimiento de que la Tierra no es un sistema aislado y la integración de disciplinas que antes parecían ajenas es motivo de optimismo entre los científicos. Hace unas décadas era imposible predecir tornados y huracanes, pero en la actualidad ya se pueden predecir más o menos rápido, así como saber si se va a producir o no un tsunami tras un terremoto. El objetivo actual de los sismólogos no es “predecir” un terremoto, sino detectar señales precursoras y emitir alertas más rápidas y fiables. Y aunque aun no existe un método fiable para predecir el día exacto de un terremoto, hay prometedoras investigaciones sobre los cambios en microsismos, las variaciones en la conductividad eléctrica del suelo, las emisiones electromagnéticas y las deformaciones lentas.

Hospital Universitario del Valle, Cali, Valle del Cauca.


La normatividad formal y la construcción real bajo este sistema

En zonas de alta actividad sísmica como esta, deben tomarse estrictas medidas que mitiguen los efectos de estos sucesos naturales: Los edificios tienen que construirse de manera que se evite su derrumbe incluso en terremotos fuertes. Hoy existe el desarrollo de la ingeniería que permite no solo que los edificios sean sismorresistentes (que soporten el sismo sin colapsar, aunque se deformen o se agrieten en el proceso) sino que además sean antisísmicos (en los que el efecto del sismo es el menor posible gracias a aisladores sísmicos que reducen la transmisión del movimiento del suelo hacia la estructura, o disipadores de energía, que absorben parte de la energía sísmica ya dentro del edificio).

En Colombia existe un reglamento de Construcción Sismo Resistente (NSR-10), pero, como han advertido varios expertos, esta reglamentación no ha sido actualizada sustancialmente en los últimos 16 años y no tiene en cuenta los avances técnicos e internacionales desde entonces. A pesar de que existen propuestas concretas para su reforma, estas no han sido implementadas, aún pese al alto riesgo sísmico en Colombia.

Más allá de esto, la realidad es que aunque esta norma existe, en la mayor parte del país, los edificios no se construyen cumpliendo esta normatividad. Por una parte, los peces gordos y medianos de la construcción simplemente “compran” la aprobación de sus diseños y de su construcción sin cumplir la normatividad; y, por la otra, la mayoría de las construcciones en el país, sobre todo en áreas rurales y en las periferias de las ciudades, son producto de la autoconstrucción, que por lo general no cumplen con los requisitos mínimos de seguridad constructiva.

Según el Consejo Profesional Nacional de Arquitectura, en 2023 al menos el 52 por ciento de los edificios construidos en Colombia fueron levantados antes de que existiera la NSR-10 y 3 de cada 5 unidades de vivienda que salen al mercado son de origen informal, es decir, construidas sin licencia y sin garantía de cumplir los requisitos sismorresistentes vigentes. Muchas de las edificaciones en Colombia tienen muros de hormigón delgados, normalmente de entre 7 y 10 centímetros de espesor y solo cuentan con una única capa de armadura de acero –por lo general, malla de alambre electrosoldada–, que es muy frágil y se rompe rápidamente.

¿Por qué pasa esto? Porque la construcción, así como los demás sectores económicos bajo este sistema, son “mercados” que se rigen bajo la lógica capitalista, las viviendas son una mercancía, a la que la gran mayoría de las personas no tienen acceso. En Colombia, solo 4 de cada 10 hogares tiene vivienda propia, y la gran mayoría de las masas básicas de la sociedad, ante el alto costo de la propiedad raíz y de los materiales de construcción, acude a la construcción informal o la autoconstrucción para abaratar costos.

No es “inevitable” que la vivienda sea considerada una mercancía, y que la gente se vea forzada a vivir en viviendas inseguras por cuestión de dinero. Es posible construir un sistema social donde la razón de la producción no sea la ganancia ni todo sea una mercancía, pero para esto se requiere tumbar este sistema mediante una verdadera revolución.

Los 10 terremotos de mayor magnitud en el mundo en 2026.

Ver a la gente como una “amenaza a la seguridad” vs ver el potencial de la gente

La respuesta estatal ha dado prioridad a cuidar a los comercios, con toques de queda y militarización. De acuerdo con El Espectador, en Pereira, una de las ciudades más afectadas, a 24 horas del sismo, mientras se habían movilizado 267 rescatistas, (y se espera la llegada de 79 más), para la seguridad de los comercios se han destinado al menos 600 policías. Si bien es cierto que bajo circunstancias de emergencias es necesario tener en cuenta medidas de seguridad para evitar hechos que puedan empeorar la situación de la gente, esa no es la prioridad.

Bajo este sistema, la gente se ve más como una amenaza que como un potencial de ser parte de la solución colectiva y organizada de la situación. Es posible —y en este tipo de catástrofes es especialmente importante— organizar y dirigir correctamente el potencial y los buenos deseos de la gente. Cientos de personas se han puesto de inmediato a armar cadenas humanas para retirar los escombros con sus manos, a proveer agua y alimentos a quienes están trabajando en las zonas colapsadas, a regular el tránsito en las zonas cercanas. Como expresó ante los medios una voluntaria en la ciudad de Cali: “La solidaridad de la gente es grande. Nos ha llegado comida, agua; las manos sobran para ayudar”. La verdad es que la mayoría de la gente expresa su solidaridad ante esta situación, y es posible organizar y elevar ese sentimiento de forma que ese potencial pueda servir para hacer frente a la emergencia, no ver a las masas populares como “saqueadores” y bandidos.

La respuesta del régimen de ADLE: una burla para las víctimas del terremoto

El lunes en la mañana, solo unas horas después del terremoto, ADLE dio una rueda de prensa en la que anunció que hasta ese momento los muertos del terremoto superaban el centenar, pero antes de empezar la transmisión oficial parecía disfrutar estar frente a los reflectores. En medio de risas, lanzaba besos y saludos militares a los asistentes, para en un instante cambiar a un fingido rostro compungido por la tragedia y encomendar al país “al señor Jesucristo”. En la noche de ese mismo día, publicó un video diciendo que “mañana tendrá buenas noticias Colombia”. Horas después, en la vereda Sinaí, del municipio de San Calixto, Norte de Santander, el ejército realizó un intenso bombardeo en el que al menos tres campesinos resultaron gravemente heridos. Los personeros de El Tarra y Hacarí, en la misma región del Catatumbo, denunciaron que varias viviendas fueron destruidas y varios campesinos resultaron heridos por los bombardeos. Incluso, la alcaldía de El Tarra manifestó que había varios desaparecidos.

El terremoto ha sido utilizado por ADLE para pasar de agache medidas que en otra situación tendrían fuerte oposición: acaba de autorizar la intervención directa de Estados Unidos en acciones militares en territorio colombiano bajo la supuesta “lucha contra el narcotráfico” y de respaldar diplomáticamente la invasión de Israel al territorio Sirio en los Altos del Golán.

¿A qué se debe que la respuesta de este régimen y de este sistema sea tan cruel ante una tragedia como esta? ¿Por qué si existen los medios y el conocimiento para mitigar los efectos de un terremoto como el ocurrido, la gente aún tiene que perderlo todo y se siegan centenares de vidas que con una adecuada previsión y planificación de la sociedad muy probablemente los daños se hubieran atenuado?

Llana y sencillamente porque para este sistema la preservación de los intereses de la gran mayoría de las personas no es su prioridad —bajo el modo de producción actual— la sociedad está organizada en torno al afán de ganancias. Y mientras ese tipo de sistema siga en pie, no se podrá desencadenar plenamente el enorme potencial que tiene la humanidad para lidiar con este tipo de eventos. En la actualidad no podemos predecir con anticipación suficiente los terremotos, pero sí podemos transformar el sistema social y su respuesta a estos eventos naturales. El tipo de cosas mencionadas podrían hacerse en una sociedad socialista revolucionaria, un sistema organizado en torno a las necesidades de la humanidad y del planeta. ¡Necesitamos y exigimos un sistema radicalmente diferente!

Compartir artículo:

Artículos relacionados