comrev.co | 23 de junio de 2026

El resultado electoral de la segunda vuelta presidencial en el que el fascista Abelardo de la Espriella (ADLE) obtuvo el 49.7% de los votos, superando por un estrecho margen de solo un 1% (250.000 aprox.) al candidato oficialista Iván Cepeda, confirma la marcada polarización política en el país entre la ultraderecha y las fuerzas de “izquierda” (cada vez más adocenadas).
La elección de ADLE es parte de una ola fascistoide en la región que ha ido revirtiendo la anterior “ola rosa” de comienzos de siglo… y está apuntalada por la ultraderecha internacional, principalmente Trump, pero también por el “Foro de Madrid” –la “Internacional” anticomunista de los Abascal, Milei, Kast, Bolsonaro, Uribe, etc. Evidencia el peso que tienen los valores reaccionarios, tradicionales y patriarcales en la moral y en la forma de pensar de un gran sector de la sociedad, con un rabioso anticomunismo, que señala como “guerrilleros” a todo lo que no sea ultraderechismo, que da prioridad al “orden y la seguridad” y clama por una militarización de la sociedad, incluso si eso significa despedazar cualquier tipo de libertad política o garantías legales, y de sectores especialmente de la clase media urbana que sueña con que la liberalización de la economía les permita ascender en la escala social y hacerse ricos.
Como varios opinadores han reconocido correctamente, De la Espriella busca implementar un programa fascista que promueve un anticomunismo rabioso, defendiendo la abierta y violenta dictadura capitalista y amenaza con destruir toda garantía democrático-burguesa. Como un elemento central de este programa está el fortalecer la dominación imperialista estadounidense y la sumisión al fascismo trumpista. La detención en Estados Unidos del influencer petrista Beto Coral a solicitud de Marco Rubio (por el “delito” de haber denunciado a ADLE) , los señalamientos e intimidaciones a periodistas como Daniel Coronell, y las amenazas al nuevo Congreso si osa oponerse a su programa político, muestran el carácter que tendrá su gobierno. Querer sacar a Colombia del sistema internacional de organizaciones multilaterales o buscar legalizar el porte de armas, por ejemplo, son algunas de las propuestas que lo distancian de la derecha liberal-conservadora que, en general, gobernó al país por décadas.
El respaldo abierto de Trump a De La Espriella, aunque aparentemente no tuvo mayor impacto en la victoria de ADLE, sí muestra el papel que el régimen entrante cumplirá respecto a la estrategia imperialista de Estados Unidos de “dominar mucho más cabalmente todo el hemisferio occidental, desde Groenlandia y Canadá en el norte, hasta Tierra del Fuego en el extremo sur de América Latina”. El gobierno de Petro aunque sin vacilaciones trabajó por mantener a Colombia marcando el paso juiciosamente dentro del sistema capitalista-imperialista (con una que otra “salida de tono” asumiendo algunas posiciones políticas correctas en varios casos pero más en función de satisfacer a la tribuna) y no intentó rupturas con la dominación de los imperialistas yanquis sobre Colombia, no agradó por completo al régimen de Trump, quien lo consideró un sujeto incómodo e inconveniente y apostó abiertamente por ADLE como la ficha más conveniente para los intereses imperialistas estadounidenses.

ADLE es un abierto admirador de Donald Trump, Javier Milei y Nayib Bukele. Con ciudadanía estadounidense, ha sido donante del partido republi-fascista estadounidense y ha jurado lealtad a los intereses imperialistas de Estados Unidos por encima de los de cualquier otra nación. Como han señalado algunos críticos liberales, se declara un patriota a carta cabal, pero no es claro a cual patria se refiere. En un contexto de una creciente contienda entre las potencias imperialistas, especialmente Estados Unidos y China, por la dominación global, el régimen entrante buscará ser una pieza leal dentro del bloque fascista yanqui en su “patio trasero”.
Dentro de la socialdemocracia, algunos guardan ilusiones en que los “pesos y contrapesos” del sistema político colombiano puedan contrarrestar cualquier intento de ADLE de implementar su programa fascista y se hacen ilusiones con sus promesas de “respetar la constitución y la ley”. Incluso algunos repiten la trillada ilusión de que una cosa era el Abelardo candidato y otra el Abelardo electo, y que teniendo en cuenta que su victoria se dio por un estrecho margen, guardan la ilusión de que “gobierne para todos”. Esto no es siquiera ingenuidad. Insistir en tal exabrupto –aunque la abrumadora evidencia de regímenes fascistas como en Estados Unidos, Argentina o El Salvador muestren el peligro real y el alcance de lo que pueden hacer los fascistas una vez llegan al poder y lo consolidan–, termina, quiérase o no, sirviendo como legitimación del fascismo y apaciguamiento de la resistencia en contra.
Dentro de esa izquierda liberal-socialdemócrata, existen muchísimas personas con preocupaciones genuinas por algunos de los crímenes que comete este sistema, como la destrucción del medio ambiente, la anulación de las libertades políticas y apoyan la implementación de reformas sociales que brinden algún grado de bienestar a los sectores populares, no obstante, persiste en ellos una falsa esperanza de que con un cambio de régimen, sin derrocar el actual sistema capitalista-imperialista, es posible lograr un cambio fundamental que de una manera u otra corresponda con los intereses del pueblo. Incluso algunos sectores de la izquierda tachan de reaccionarios a quienes no estén alineados con este programa.
Sí, la polarización ha sido una constante en la historia de Colombia llegando muchas veces a la vía militar, desde las varias guerras civiles del siglo XIX, pasando por La Violencia de mediados del siglo XX, hasta hoy, de ninguna manera puede dejarse que simplemente sea parte del paisaje político y social. No es momento para la desesperanza o la parálisis. No podemos dejar el alineamiento y la polarización como están. Es posible y es necesario transformarlos.
Es necesaria una repolarización ideológica y política, donde se lleve a las masas populares a no tomar partido por un grupo de opresores u otro y a reconocer que el que las clases dominantes opten por este fascismo es producto de las necesidades del funcionamiento de este sistema capitalista-imperialista y los límites y contradicciones con los que se está enfrentando. Esta es una oportunidad de aprovechar las profundas divisiones entre los opresores gobernantes y hacer frente a su sistema entero con el fin de hacerlo caer, y erigir algo mucho mejor en su lugar. Es posible y necesario luchar contra el fascismo y el imperialismo e incluso defender las garantías democrático-burguesas como las libertades políticas, sin caer en defender la democracia burguesa, sino como parte de una lucha revolucionaria real.
Aunque hoy el polo del comunismo revolucionario es cuantitativamente muy débil, y está lejos del tamaño y la fuerza que debe tener, eso tiene que cambiar y puede cambiar. Como parte de esto, debemos emprender la lucha contra el fascismo y contra la dominación imperialista como parte de la lucha por transformar el terreno, transformar el pueblo y transformar la vanguardia para una verdadera revolución. Únicamente la revolución emancipadora radical representada por el nuevo comunismo (la nueva síntesis del comunismo cuyo artífice es Bob Avakian) puede hacer que se ponga fin a estos horrores y crear una sociedad verdaderamente emancipadora y a la larga un mundo donde los seres humanos verdaderamente puedan florecer juntos y dar plena expresión a su humanidad.

