Reseña de “Dangerous, Dirty, Violent & Young” [Peligrosos, sucios, violentos y jóvenes], de Zayd Ayers Dohrn
por C. Clark Kissinger | revcom.us | 22 de junio de 2026

La biografía familiar de Bernardine Dohrn, Bill Ayers y sus hijos ha suscitado numerosos comentarios porque, como era de esperar, los medios de comunicación dominantes se han aprovechado del libro para “demostrar” dos pilares fundamentales del pensamiento dominante: que la violencia siempre es un error y no tiene cabida en la vida estadounidense, y que la familia siempre debe ser lo primero.
Bernardine Dohrn y Bill Ayers fueron dos líderes de un grupo de acción política de los años 60 y 70 conocido popularmente como los Weathermen [Meteorólogos]. El nombre proviene de su manifiesto fundacional titulado “No hace falta ser meteorólogo para saber en qué dirección sopla el viento”.
La historia, las acciones y el pensamiento de los Weathermen han sido temas polémicos entre los radicales desde los años 60. El grupo llevó a cabo varios atentados con bomba contra símbolos del imperialismo estadounidense, se enfrentó a la policía y defendió un programa político que, en su opinión, conduciría a un cambio revolucionario en este país.
El nuevo libro de Zayd, el hijo de Bernardine y Bill, ofrece una visión de la vida del movimiento Weatherman, pero, lamentablemente, no aborda la cuestión fundamental de qué significa realmente ser revolucionario en un país imperialista y cómo los Weathermen se equivocaron en este aspecto crucial.
En el fondo, Weatherman no creía que fuera posible una revolución real en Estados Unidos, aunque la deseaban con todas sus fuerzas. En cambio, creían que el cambio social revolucionario solo podía venir de fuera y que la tarea de los “revolucionarios” en EE. UU. consistía en actuar en apoyo de las revoluciones del Tercer Mundo. Eran seguidores del líder comunista chino Lin Biao, quien defendía que “el campo rodeara a las ciudades” a escala mundial, imitando la (acertada) estrategia utilizada en la revolución china.

Partiendo de las ideas de Lin Biao, el manifiesto de Weatherman afirma: “El objetivo es la destrucción del imperialismo estadounidense y el logro de un mundo sin clases: el comunismo mundial”. La conquista del poder estatal en EE. UU. se producirá como resultado de que las fuerzas militares de EE. UU. se extiendan en exceso por todo el mundo y sean derrotadas poco a poco; la lucha dentro de EE. UU. será una parte vital de este proceso, pero cuando la revolución triunfe en EE. UU., habrá sido obra de los pueblos de todo el mundo. Definir el socialismo en términos nacionales dentro de una nación opresora tan extrema e histórica como esta no es más que chovinismo nacional imperialista por parte del ‘movimiento’.”
En otras palabras, no tenía mucho sentido trabajar para conseguir que millones de personas de este país se levantaran y derrocaran el régimen capitalista. E incluso intentar hacerlo sería una forma de chovinismo nacional, que se adelantaría al papel de los pueblos del Tercer Mundo.

Esta era su interpretación “teórica”. Mucho más fundamental para la motivación real de Weatherman era un deseo visceral de rebelarse contra los crímenes que la gente se veía obligada a presenciar cada día en la televisión. Las manifestaciones de la supremacía blanca estaban por todas partes y hechos como el asesinato policial del líder de las Panteras Negras, Fred Hampton, exigían una respuesta. La gente veía cómo se abrían las compuertas de los B-52 y observaba cómo llovían sobre el pueblo de Vietnam torrentes de explosivos de alta potencia. De hecho, Estados Unidos lanzó más toneladas de bombas sobre el pequeño país de Vietnam que en todos los teatros de operaciones de la Segunda Guerra Mundial. Había que haber vivido esas experiencias para comprender cómo afectaban a la gente.

La gente decente de todas partes quería hacer algo para que todo aquello se detuviera. Pero, ¿qué?
El 27 de julio de 1968, la revista Ramparts publicó el diario de Che Guevara sobre su intento de liderar una revolución en Bolivia. Era absolutamente fascinante. Me quedé despierto toda la noche para terminarlo. Probablemente sea lo más triste que he leído nunca.
En 1968, ya conocía bastante bien las líneas generales de la revolución en China, que sirvió de modelo para muchos movimientos revolucionarios en todo el Tercer Mundo. Mao Tsetung había analizado las clases sociales de China y el papel de la intervención imperialista. Había trazado la estrategia de un frente único que reuniera a todas aquellas fuerzas que deseaban ver a China libre de la dominación extranjera y liberada de la carga del feudalismo. Mao sostenía que, tras tal victoria, la revolución debía avanzar casi de inmediato hacia el poder estatal socialista. Consideraba que el campesinado sería fundamental para esta revolución; y argumentaba de manera decisiva que, debido a las características peculiares de China como nación oprimida —con su atraso impuesto y el aislamiento del campo—, la revolución podía y debía ponerse en marcha allí casi de inmediato y, en esas condiciones particulares, adoptar la forma de guerra de guerrillas. Sostenía que, para apoyar la lucha revolucionaria, el partido debía liderar la construcción de bases de apoyo con respaldo de masas, de modo que los revolucionarios pudieran ser [entre las masas] como “peces que nadan en el mar”. Esto difiere de la estrategia en los países imperialistas avanzados.

Mao también acuñó la expresión “acelerar mientras se espera” para caracterizar su labor revolucionaria: fortalecer las fuerzas revolucionarias populares con vistas al día en que pudieran pasar a la ofensiva y llevar a buen término la revolución.
Todo ello se basaba en la participación consciente y activa del pueblo, ganado a la causa y comprometido con una “revolución de nueva democracia”, seguida de una transición al socialismo como parte de un movimiento mundial hacia la sociedad comunista.
Eso es lo que hizo que resultara tan insoportablemente triste leer el diario de la desventura boliviana del Che. No había nada de eso allí. No había ni análisis ni estrategia. Solo la idea de que un pequeño pero decidido foco de guerrilleros pudiera inspirar a una nación a rebelarse. Lo peor de todo es que, en lugar de apoyarse en el pueblo, el Che descubrió que la gente no le servía de nada: “Hablar con estos campesinos es como hablar con estatuas. No nos prestan ninguna ayuda. Peor aún, muchos de ellos se están convirtiendo en informadores”. El Che se topó con el hecho de que, en la mayoría de los casos, las masas no desean espontáneamente la revolución ni siquiera la comprenden. Hay que luchar con ellas y ganárselas para ello, incluso en condiciones de extrema pobreza y terrible opresión.
A finales de 1967, el Ejército boliviano, “asesorado” por Estados Unidos, rodeó el foco del Che y lo ejecutó en el acto, sin juicio.
Por desgracia, leer Dangerous, Dirty, Violent & Young fue tan triste como leer el diario del Che. El libro está muy bien escrito, en capítulos cortos y fáciles de leer. Cuenta la historia de personas tan comprometidas y desinteresadas como los guerrilleros del foco del Che. Estaban dispuestos a dar la vida si era necesario (y algunos lo hicieron) para librar al mundo del racismo y el imperialismo. Pero carecían de conocimientos científicos, de comprensión de lo que se necesitaría, y de una estrategia real para llevarlo a cabo.

Como resultado, simplemente se lanzaron contra el supuesto enemigo; literalmente, durante los “Días de la Ira”, cuando los grupos de los Weathermen se abalanzaron contra las filas policiales empuñando porras y llevando cascos de fútbol americano —una táctica que el líder de las Panteras Negras, Fred Hampton, describió acertadamente como temerarias e imprudentes—. Poco después de este fiasco, los Weathermen pasaron a la clandestinidad y comenzaron una serie de atentados con bombas dirigidos contra instituciones del imperialismo estadounidense.
Su objetivo declarado era renunciar al “privilegio de la piel blanca” y demostrar que los “radicales de la madre patria” blancos apoyarían a los afroamericanos que se enfrentaban a diario a la amenaza de muerte a manos de la policía, así como asestar golpes a la maquinaria bélica en solidaridad con el pueblo de Vietnam. En un artículo de opinión publicado en 2020 en el New York Times, el veterano de los Weathermen Mark Rudd escribió: “A todos nos abrumaba tanto el dolor por la violencia de este país como la vergüenza de no haber podido detener la guerra. Esa vergüenza también provenía de nuestros privilegios de clase y raza. No éramos nosotros a quienes bombardeaban sin piedad en Vietnam ni quienes nos enfrentábamos a turbas racistas y a los sheriffs en Misisipi” (énfasis añadido).
Ante esto, el líder revolucionario Bob Avakian ha respondido con un sencillo “’¡¿Y qué?!’ … el hecho de que ellos no estuvieran sometidos directamente a esa situación, sino que estaban indignadas por esa situación y estaban decididas a hacer algo para detenerlo, es exactamente lo que tenía de correcto su orientación. El problema fue que abandonaron y rechazaron el camino de construir un movimiento revolucionario de masas decidido a poner fin no solo a la matanza en Vietnam y a la violenta opresión y represión ‘en casa’, sino a todo el sistema…”. Vale la pena leer este artículo completo de Avakian y es muy recomendable para cualquiera que quiera comprender todo el fenómeno de los Weathermen y las verdaderas lecciones que encierra para quienes buscan un cambio fundamental.

Los Weathermen hablaban de “lucha armada”. Fuera lo que fuera lo que quisieran decir con eso, tenían muy poca idea de cómo organizar a millones de personas para que se levantaran contra el poder del Estado, con el objetivo de derrotar y desmantelar las fuerzas de represión e instaurar un nuevo sistema económico y político; ni del trabajo que eso conllevaba[1].
En cambio, lo que siguió fue una serie de atentados con bomba bastante espectaculares (precedidos de llamadas telefónicas de advertencia) contra símbolos de la autoridad imperial, entre ellos la jefatura de policía de Nueva York, el Pentágono, el Departamento de Estado y el Capitolio, así como la dramática liberación de los presos políticos Timothy Leary y Assata Shakur. Todo ello, unido a la total incapacidad del FBI para capturar a ninguno de los Weathermen, resultó profundamente vergonzoso para el Gobierno.
Pero los Weathermen no hicieron nada para reclutar realmente a las masas en un auténtico movimiento revolucionario que derrotara y desmantelara el poder armado del Estado, y lo sustituyera por algo mucho mejor. En un país como Estados Unidos, este tipo de lucha requiere una situación revolucionaria que lo haga posible. En lugar de eso, pasaron a la clandestinidad en pequeños grupos a los que llamaban “focos”. Fred Hampton volvió a dar en el clavo al preguntar: “¿A quién van a organizar en la clandestinidad? ¿A los topos?”. Al final, tanto los Panteras Negras como los Weathermen se dividieron en facciones y se extinguieron, al concluir la guerra de Vietnam y al terminar el auge popular de los años sesenta.

Sí, no hace falta ser meteorólogo para saber en qué dirección sopla el viento. Pero sí se necesita un meteorólogo profesional para saber si va a llover este fin de semana o si hay posibilidades de que se forme un tornado. La importancia de la ciencia radica en que te ayuda a comprender qué hay detrás de la apariencia superficial inmediata de los acontecimientos. Te permite entender el sistema que da lugar a esos acontecimientos y lo que puede suceder a continuación. Y te dota de las herramientas necesarias para comprender qué tendrías que hacer para alterar de forma fundamental esos acontecimientos.
Volviendo a recurrir a Avakian: “Para entender por qué nos enfrentamos a la situación en la que nos encontramos, es necesario no solo responder a lo que está pasando en la superficie en un momento dado —y de hecho dejar que semejante situación nos zarandee de un lado para otro—, sino explorar debajo de la superficie, para descubrir los resortes principales subyacentes y causas de las cosas, y llegar a entender el problema fundamental y la solución real. Esto significa llegar a entender de manera científica que vivimos bajo un sistema, y lo que ese sistema es en realidad (el sistema del capitalismo-imperialismo); trabajar para captar las relaciones y dinámicas más profundas de este sistema y la forma en que eso está determinando el marco para la manera espontánea de pensar y de reaccionar de los diferentes sectores de la sociedad en relación a los acontecimientos en la sociedad y en el mundo, y cuál es el camino posible hacia adelante para transformar todo eso en concordancia con los intereses de las masas de la humanidad y, en última instancia, de la humanidad en su conjunto.”

La guerra de Vietnam fue causada por un sistema —el sistema del capitalismo-imperialismo—, el sistema económico y político vigente en Estados Unidos. En la década de 1960, Estados Unidos había salido de la Segunda Guerra Mundial como la principal potencia imperialista del mundo y se encontraba en pleno proceso de hacerse con las antiguas colonias de Inglaterra, Francia y los Países Bajos. En Asia Oriental, Estados Unidos había sido expulsado de China, pero comenzó a afirmar su hegemonía regional al arrebatar Indonesia a los holandeses e Indochina a los franceses, además de continuar con la ocupación de Corea del Sur.
Pero esta era también la época de las revoluciones anticoloniales. La gente se fijaba en el ejemplo de la “guerra popular” en China, que demostraba que un pueblo débil y pobre podía derrotar a una potencia hegemónica rica y poderosa. Con la derrota de los franceses en Indochina en 1954 y las advertencias sobre el “efecto dominó” en toda Asia Oriental, Estados Unidos estaba desesperado por demostrar que podía derrotar a la guerra popular y que era capaz de impedir que los países de Asia Oriental cayeran en manos de sus propios pueblos. Este fue el origen de la guerra de Estados Unidos contra Vietnam.
Aunque algunas guerras pueden terminar sin cambiar el sistema que las genera, para evitar que la guerra depredadora se convierta en un fenómeno recurrente —o, en particular, para prevenir una guerra mundial interimperialista—, es necesaria una revolución socialista que acabe con el propio sistema del capitalismo-imperialismo. El rechazo por parte de los Weathermen de un enfoque científico les llevó a acabar rechazando la revolución y a cambio arremeter contra los símbolos del opresor. La falta de fe en la posibilidad de la revolución es algo que comparten tanto los “terroristas nacionales” como los reformistas abyectos. Este punto en común facilitó que muchos antiguos miembros de Weathermen acabaran hoy en la política reformista.
Dangerous, Dirty, Violent & Young es también la historia de una familia, escrita por un hijo de radicales que creció en la clandestinidad y que más tarde tuvo que visitar a su madre en la cárcel. Al igual que muchos hijos de aquella época, Zayd Ayers Dohrn sigue teniendo sentimientos encontrados respecto a toda esa experiencia. ¿Cómo se asimila el hecho de que, a pesar del cariño y el cuidado que siempre te brindaron tus padres, para estos “la revolución” siempre fuera lo primero?
Existe una contradicción real entre el compromiso con una revolución liberadora y el cuidado de los hijos que has traído al mundo. Pero no es una contradicción antagónica; no es como si tuviera que ser una cosa o la otra. Una revolución verdaderamente emancipadora para la humanidad crea una vida mejor para todos los hijos, no solo para los propios. Es ese conocimiento el que ayuda a los padres revolucionarios a resolver las contradicciones reales —y a menudo difíciles y dolorosas— que surgen inevitablemente, y a ayudar a sus hijos a “darles sentido”.
Pero esta contradicción no solo afecta a los revolucionarios. Zayd habla del dolor que sintió cuando, con cinco años, supo que su madre había “elegido” ir a la cárcel (al negarse a testificar ante un gran jurado), en un momento en el que ella ya había dejado de creer en la revolución, incluso en los términos distorsionados en los que la había concebido. Cuando le pide a su hermano Malik que reflexione sobre aquella experiencia ahora que ambos son adultos, Malik responde: “Supongo que es extraño, salvo que las personas con carácter y valores siempre se mantienen fieles a sus principios, ¿no? Las personas con otros valores, valores religiosos, ante decisiones que a nosotros nos parecerían difíciles, también se mantendrían fieles a sus valores, ¿no?”.
En este mismo pasaje, el propio Zayd señala que “Mi madre siempre ha creído, desde que la conozco, que a la gente —especialmente a los estadounidenses blancos— le resulta fácil centrar nuestra atención en quienes tenemos más cerca y utilizar el amor por nuestras propias familias y comunidades como excusa para eludir la responsabilidad ante las injusticias más amplias del mundo. Luchar por nuestros barrios, nuestras ciudades, nuestras escuelas y nuestros hijos a costa de todos los demás. Mi madre nunca fue —ni podría haber sido— esa persona. Aunque sus propios hijos acabaran siendo víctimas colaterales, sus compromisos más profundos no eran personales, sino globales”. Como muestra la cita, la contradicción sigue sin resolverse para Zayd Dohrn. Pero no se trata de unas memorias amargas y lacrimógenas; hay respeto y admiración por su trayectoria, y esto ha calado entre algunas personas no revolucionarias que lo han leído e incluso en algunas reseñas de la prensa generalista.
El libro también contiene momentos cómicos encantadores, como cuando unos agentes del FBI fueron a interrogar a los padres de Bernardine en su residencia de jubilados de Florida, ¡y la madre de Bernardine les preparó galletas con trocitos de chocolate!
En los años transcurridos desde los que se relatan en este libro, Bernardine y Bill han tenido que aguantar muchas tonterías por todas partes, siendo acusados de todo, desde traición hasta maltrato a sus hijos, pasando por participar en terrorismo interno o ser personalmente responsables de la disolución de Estudiantes por una Sociedad Democrática, que en su momento fue la mayor organización progresista y pacifista del país, con secciones en cientos de campus universitarios.
Sí, eligieron un camino que, en última instancia, no llevó a ninguna parte. Pero es un mérito perdurable de Bernardine y Bill que, a día de hoy, sigan sin arrepentirse de haber tomado partido por la lucha por la liberación negra y por el pueblo de Vietnam.
Entonces, ¿cómo debería la gente “ver las cosas” hoy en día?
Gran parte del momento que vivimos queda plasmado por Yeats en su famoso poema de 1919 “La segunda venida”. En el auge actual del fascismo, vemos cómo “todo se desmorona; el centro no se sostiene”, así como que “a los mejores les falta toda convicción, mientras que los peores están llenos de intensidad apasionada”.
Sin embargo, la sociedad, como todas las cosas, no es más que materia en movimiento y está sujeta al conocimiento científico, al igual que todo lo demás. En los Estados Unidos de hoy vemos cómo el sistema se está topando con sus límites. No ofrece ninguna solución positiva para los continuos asesinatos de jóvenes negros a manos de la policía, la subordinación constante de las mujeres, la difamación y las redadas contra los inmigrantes, la destrucción del medio ambiente o la amenaza cada vez mayor de una guerra mundial. El poder ha sido usurpado por un ala fascista de la clase dominante, decidida a intensificar las manifestaciones más extremas de todo esto bajo el lema “Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser grande”. Al mismo tiempo, el sector mayoritario de la clase dominante, que se ha agrupado en torno al Partido Demócrata, no va a luchar contra los fascistas de la forma que sería necesaria para detenerlos de verdad. Podría incluso producirse una guerra civil, con las fuerzas gobernantes divididas de una forma que no se ha visto desde 1859.
Todo esto tiene implicaciones trascendentales. Por un lado, significa que ya existe la primera de las tres condiciones necesarias para una situación revolucionaria: una división insuperable en la clase dominante que la incapacita para gobernar de forma efectiva.
En cuanto a la segunda condición necesaria —que las masas consideren que la situación es intolerable y que solo una revolución puede resolverla—, estamos muy rezagados, aunque nadie puede predecir hasta qué punto los acontecimientos, por ahora imprevistos, empujarán a la gente en esta dirección.
En cuanto a la tercera condición —la existencia de una fuerza revolucionaria con la comprensión, el plan, el liderazgo, la organización y el programa para una sociedad posrevolucionaria que pueda tanto impulsar como liderar una toma del poder exitosa—, también nos quedamos atrás en este aspecto. Pero aquí es importante comprender que sí contamos con el núcleo de ese ingrediente esencial en el Nuevo Comunismo desarrollado por el líder revolucionario Bob Avakian, así como en su liderazgo actual —un núcleo que debe asumirse con firmeza y difundirse en este próximo período crucial—.
Este no es el lugar para explicar el Nuevo Comunismo, pero, para animar al lector a profundizar en él, incluiré dos párrafos de algo que escribí el año pasado:
Es importante comprender que el conjunto de las obras que Avakian ha creado no es una adición, un refinamiento o una aplicación particular del marxismo. Más bien, constituye un salto cualitativo en la ciencia misma, comparable al salto que dio Marx. En la época de Marx, el capitalismo había consolidado el poder estatal en Estados Unidos y en los principales estados de Europa, y se extendía por el mundo como un cáncer metastásico. La humanidad no tenía nada con qué enfrentarse a él salvo la democracia burguesa, el sindicalismo o los conceptos utópicos del socialismo, a menudo basados en la religión. Marx cambió todo eso con una explicación científica del sistema capitalista y lo que había que hacerse para abolirlo.
Hoy, con la derrota de las grandes revoluciones del siglo 20, la globalización de la producción capitalista, la amenaza climática existencial para el planeta y la expansión mundial de los movimientos fascistas, se ha demostrado que las viejas herramientas del liberalismo burgués, los movimientos laborales socialdemócratas e incluso lo mejor del pensamiento comunista del pasado para nada son adecuados para asumir los desafíos que enfrenta la humanidad. Es en este momento que Bob Avakian ha dado un paso al frente para abordar lo que hay que hacer, pero con un método y enfoque cualitativamente transformado y más científico, basado en la evidencia. Avakian ha brindado a la humanidad las herramientas para su próximo gran salto.
En la sección final de Dangerous, Dirty, Violent & Young, Zayd Ayers Dohrn escribe: “En cada época, los jóvenes tendrán que estar a la altura de un momento único. Algunos, por supuesto, perderán su oportunidad o rechazarán su responsabilidad. A otros les faltarán las cualidades innatas o el contexto cultural que convierte a los idealistas en revolucionarios. Pero en cada generación, algunos serán arrastrados por la ola de la historia. Unos pocos encontrarán la manera de cabalgarla. De situarse en su cima. Y de mostrarnos un nuevo camino a seguir”.
El camino fundamental para salir de esta locura es una revolución real, que ponga fin y desarraigue todo este sistema y lo sustituya por otro que sea fundamentalmente diferente y verdaderamente emancipador. Ahora es necesario que más personas remonten la ola y ayuden a impulsar a la humanidad hacia ese futuro nuevo y mejor, uno que ahora se vuelve más posible a medida que los acontecimientos se desarrollan a un ritmo cada vez más rápido.
Notas al pie
Del importante documento Puntos esenciales de orientación revolucionaria: “La revolución es un asunto sumamente serio y hay que abordarla de manera seria y científica, y no con expresiones subjetivas e individualistas de frustración, alardes, poses y acciones que van en contra del desarrollo de un movimiento revolucionario de masas cuya meta es un mundo radicalmente diferente y mucho mejor, y cuyos medios coinciden fundamentalmente con esa meta y sirven para plasmarla en realidad. La revolución, y especialmente la revolución comunista, es y tiene que ser la acción de las masas populares, organizadas y dirigidas para librar una lucha cada vez más consciente para abolir todos los sistemas y las relaciones de explotación y opresión, y llevar a la humanidad a trascenderlas.”. [Volver]

