Nota de la redacción de revcom.us: Osyan/Revuelta es un grupo de mujeres iraníes y afganas que son la voz de la rebelión femenina para expresar su determinación de servir la lucha contra la República Islámica de Irán y los talibanes en Afganistán. Esto se publicó en farsi en las redes sociales de Osyan el 15 de agosto de 2026, y la traducción al inglés que hizo OSYAN se publicó al día siguiente. Traductores voluntarios de revcom.us han hecho modificaciones menores (entre corchetes) solo para aclaración. Esta traducción al español hicieron voluntarios de revcom.us.

El 15 de agosto [de 2021], en Afganistán, ante los ojos asombrados del mundo, se esfumó el producto retorcido y vacío de veinte años de intervención militar, gasto y planificación por parte del imperialismo estadounidense y sus aliados. Todo el ejército de 300.000 efectivos, armado por la OTAN y el Pentágono, se derrumbó y se rindió sin la menor resistencia ante varias decenas de miles de yihadistas talibanes, permitiéndoles encadenar libremente a las mujeres en las cadenas de la esclavitud.

Cientos de millones de personas en todo el mundo presenciaron imágenes desde el aeropuerto de Kabul que ofrecían una visión sin censura, desnuda y sin editar de la miseria y la catástrofe que el sistema capitalista ha impuesto en todo el mundo. Después de Afganistán, las catástrofes de este sistema, lideradas por Estados Unidos, continuaron en Palestina, Siria, Irán y otros lugares, ¡y aun así el mundo vio toda esta devastación y oscuridad, sin darse cabezazos de vergüenza contra la pared ni vomitar por las náuseas que produce el sistema capitalista!
El islamismo, en sus diversas formas —la República Islámica, los talibanes, los partidos yihadistas de Afganistán, ISIS y otros—, no emergió de las profundidades de la historia. Surgió en respuesta a la dominación destructiva de las potencias imperialistas como una fuerza política y social obsoleta que se enfrentaba a esa dominación. Estos islamistas contaron inicialmente con apoyo financiero, militar y organizativo de la CIA estadounidense, y proporcionaron una enorme ayuda al imperialismo estadounidense en su guerra contra la agresión del imperialismo ruso en Afganistán. Pero posteriormente se convirtieron en una amenaza para los intereses estadounidenses, y un conflicto entre el imperialismo estadounidense y los fundamentalistas islámicos llegó a dominar el Medio Oriente — un conflicto que ha sido insoportable para la gente de la región, lleno de crueldad, brutalidad y destrucción, especialmente para las mujeres.
Tanto la retirada de Estados Unidos de Afganistán hace cinco años como su continua agresión contra Irán desde el año pasado fueron impuestas por las necesidades y prioridades del imperialismo estadounidense. Nuestro pueblo, tanto en Afganistán como en Irán, es víctima de estos intereses y de la relación destructiva que el imperialismo estadounidense ha establecido con los países oprimidos. Pero actualmente, como resultado de grandes cambios en el mundo, han surgido desafíos aún mayores ante el poder estadounidense, lo que otorga a esta destrucción perpetua una intensidad mayor que nunca.
El ascenso de una fuerza fascista al poder en Estados Unidos es una respuesta a estos enormes desafíos, con el fin de hacer todo lo necesario para preservar el poder del imperio estadounidense como dueño del mundo — desde cambiar las normas y procedimientos establecidos para gobernar en el propio Estados Unidos, hasta pisotear todas las leyes internacionales e imponer la dominación sobre el mundo mediante la cruda intimidación y agresión, incluyendo amenazas del uso de armas nucleares.
Comprender esta situación, y los peligros y el potencial que conlleva, es de gran importancia para responder a las circunstancias particulares de Afganistán. Este marco más amplio deja claro lo inútil que es anhelar la “república, la sociedad civil y la democracia” perdidas, o alimentar ilusiones sobre la “seguridad” bajo el “Emirato Islámico de Afganistán” y un “talibán moderado”. También muestra en qué dirección debe transformarse la desesperación y el desencanto derivados de 40 años de ciclos de derrota, guerra y catástrofe, o la ira y el odio hacia un mundo tan corrupto, despiadado y profundamente opresivo, para que, en última instancia, pueda surgir una esperanza colectiva de crear un mundo completamente diferente desde el corazón de esta misma catástrofe.
Al pueblo afgano que anhela esa democracia perdida, y a aquellos en Irán que aún sueñan con lograrla a través de bombas estadounidenses que “propagan la democracia”: las reformas estadounidenses en Afganistán, sus “proyectos” destructivos y corruptores y todo el dinero y financiación que sus marionetas y agentes corruptos tragaron nunca se extendieron más allá de unos pocos kilómetros de las grandes ciudades.

Las aldeas y distritos de Afganistán se quedaron sin electricidad, sanidad, bienestar social ni bienestar básico. Drones y bombarderos estadounidenses destruyeron cortejos de boda, hospitales y pueblos. El funcionamiento económico y político del capitalismo imperialista condujo a la formación, crecimiento y fortalecimiento de movimientos y corrientes islamistas reaccionarias en toda la región. Estados Unidos ha traicionado repetidamente incluso a sus aliados en Irak, Kurdistán y otros lugares. No aten sus esperanzas al viento.
Al pueblo afgano que deposita sus esperanzas en la seguridad bajo los talibanes, y a aquellos en Irán que han depositado su fe en la “resistencia” de la República Islámica: no son fuerzas antiimperialistas; al contrario, dependen del imperialismo. Y desde luego no son fuerzas para la liberación. Los fundamentos del islam y la ley islámica Sharia —ya sean suníes o chiíes— son la explotación de seres humanos por seres humanos, la discriminación y la jerarquía social, la esclavitud de las mujeres, el odio hacia los demás, la ignorancia y la superstición, y la opresión.

Los líderes talibanes son un grupo de opresores y explotadores reaccionarios que inevitablemente dependen de un modo de producción y orden social explotadores y discriminatorios basados en clases. El Emirato Islámico de Afganistán, de igual manera, se basa en la brutal explotación de trabajadores y campesinos y la represión de las mujeres. Ninguna seguridad puede existir bajo tal orden. Inevitablemente tendrán que vincular la economía y la producción social a la dependencia de potencias imperialistas —ya sean estadounidenses y europeas, o chinas y rusas— a través de sus crímenes; en última instancia, contribuirán a fortalecer el polo imperialista obsoleto en la región y a legitimarlo en la mente de sectores de la población. Inevitablemente, sirven para fortalecer el imperialismo.
A quienes han perdido la esperanza: Tras la consolidación de los talibanes, una gran parte de la población afgana, especialmente intelectuales de las capas medias, experimentó una profunda desesperación, derrota y desesperanza. Cuarenta años de repetidas ocupaciones extranjeras y guerras civiles, miseria y desplazamiento, la ineficacia y discriminación de gobiernos corruptos y opresivos, y finalmente el regreso del régimen talibán, les dejaron desilusionados. Tienen todo el derecho a odiar toda la opresión y terror que los imperialistas ocupantes, sus aliados y agentes, y los islamistas reaccionarios han impuesto sobre su juventud, sus vidas y sus aspiraciones, ¡pero nunca a perder la esperanza! Hay que descartar las ilusiones y asentar la esperanza en la realidad.
Las condiciones en Afganistán, Irán y el mundo empeorarán mucho más si el sistema socioeconómico y político vigente no cambia, y si nuestros esfuerzos y luchas en todas partes permanecen dentro del marco de este sistema. El ascenso de regímenes como la República Islámica y los talibanes, el auge de fuerzas fundamentalistas islámicas y la llegada al poder de un régimen fascista en Estados Unidos —al igual que las guerras devastadoras, incluso la guerra nuclear, y la destrucción del medio ambiente— son productos del funcionamiento del sistema capitalista global. El pueblo de Afganistán, Irán y el mundo no tiene más remedio que luchar contra el sistema capitalista y sus instituciones en cada país —siendo los más importantes los regímenes que nos gobiernan— con medios, objetivos y una visión del mundo que van más allá del sistema existente.
La esperanza de toda la humanidad reside en un sector valiente del pueblo afgano, especialmente de mujeres, que pueden, desde esta oscuridad, trazar consciente y valientemente un camino hacia la luz. OSYAN (Rebelión colectiva), firmemente comprometido con este camino, estará a su lado.





