De una lectora

Con una gran tristeza y dolor el mundo despide a una gran mujer, opositora a la teocracia iraní y luchadora por la causa de la liberación de la mujer en Irán. El cuatro de junio, Marjane Satrapi, autora de libros de cómic, escritora y cineasta falleció a la edad de 56 años. Una corta vida a la que le dio un sentido desde muy niña y por lo cual luchó hasta el fin de sus días. A veces olvidamos que la vida humana es limitada, que nuestro tiempo es finito y valdría la pena pensar en lo que hacemos con ese tiempo que tenemos.
El compromiso de Satrapi con la condena a la opresión de las mujeres fue ejemplar. Dibujó comics sobre las mujeres iraníes, agrupó a varios artistas para hacer una publicación sobre el levantamiento Mujer-Vida-Libertad surgido tras la muerte de Mahsa (Jina) Amini, y en una película sobre Marie Curie, mostró la importancia de la participación de las mujeres no solo en la ciencia, sino en la lucha política.
Con los trazos gruesos y oscuros de su cómic Persépolis, transformó un relato autobiográfico en un retrato de la sociedad iraní en un periodo muy determinante. A través de la Marjane niña vemos el levantamiento del pueblo iraní contra el odiado Sah, y su gobierno títere de Estados Unidos, conocemos el crucial papel de artistas, intelectuales y profesionales en la lucha contra ese régimen y damos un vistazo a la diversidad de fuerzas existentes en el levantamiento, donde destacan liberales, comunistas (algunos maoístas) y religiosos islamistas.
En su mundialmente famoso cómic, Satrapi nos invita a conocer cómo tras el derrocamiento de la monarquía y el secuestro de la revolución por parte de los fundamentalistas islámicos, se desataron olas de represión, arrestos, torturas, exilios y ejecuciones en las que las mujeres llevaron la peor parte, incluso buscando perpetuar el uso obligatorio del velo, y que empezaron a marcar la vida de millones de iraníes y configuró una parte del mundo en el que estamos viviendo ahora.
Satrapi denunció y condenó la opresión y la represión de los fundamentalistas islámicos contra la población iraní, y deseaba un futuro diferente para su país, pero esto no significó que se pusiera del lado de los imperialistas que han traficado con el justo odio a la República Islámica para promover su dominación imperialista. Como llegó a afirmar: “Hay muchas cosas que deseo para mi país: quiero que mi país sea libre, quiero que mi país sea democrático, no quiero que ningún periodista vaya a la cárcel por un artículo que escribió en mi país. Pero si los Estados Unidos de América atacaran a mi país, pase lo que pase, estaría en contra de los Estados Unidos”.
Satrapi en varias entrevistas decía: “Es muy importante que este régimen desaparezca”, pero recalcó que “no podría suceder de la noche a la mañana. Creo que es importante mantener la esperanza”. Por supuesto que esto es cierto, pero la esperanza debe estar basada en el entendimiento científico del tipo de sistema que vivimos, sus contradicciones, su dinámica y la correspondiente solución. Es precisamente esto, lo que diferencia a otra parte de iraníes que fueron marcados por el ascenso del fundamentalismo islámico y han dedicado sus vidas al derrocamiento de este y al derrocamiento del imperialismo.
Satrapi quería democracia para su país. Para muchos, y quizá sea también su caso, ese anhelo democrático contiene un deseo de que no haya una represión como la que ejercen hoy el régimen de los ayatolás en Irán, un deseo de libertad de expresión y de florecimiento del disentimiento. Y muchos llaman a esto una “sociedad democrática”. El deseo de estas libertades políticas y de una sociedad que permita el disentimiento es legítimo y positivo, lo cuestionable es la idea (tan generalizada) de que hay (o es posible lograr) una “democracia” en abstracto, en una sociedad dividida en clases como todas las sociedades actuales.
Y más cuestionable aún es la asociación (que no significa que Marjane Satrapi la haya hecho directa o explícitamente, pero que sí es muy común) de la “democracia” con el tipo de regímenes existentes en “occidente”, ¿Acaso qué es la democracia en un sistema basado en la terrible explotación y opresión de millones de personas? ¿qué es la democracia en una sociedad dividida en clases sociales y profundas desigualdades? Esa tan cacareada democracia de Occidente es la misma que lanza bombas y acaba con la vida de los niños en Gaza y la que hoy lanza misiles al Líbano y a Irán, lo que reitera por qué la democracia en este sistema capitalista no es más que la dictadura de la minoría de opresores sobre la mayoría de oprimidos.
El debate sobre estas cuestiones no son meras discusiones teóricas, son puntos determinantes sobre si se mantendrá una sociedad opresiva como la que existe en Irán, Estados Unidos o Israel o si se logrará una sociedad donde se acabe toda explotación y opresión, y como parte de eso se alcance de veras una sociedad donde florezca el disentimiento como la que soñaba Marjane.
Y sí, es cierto que esta sociedad no surgirá “de la noche a la mañana”. Requiere una intensa lucha. Y es allí donde cobran importancia preguntas como: ¿A qué vamos a dedicar la vida? ¿Es posible que el mundo sea diferente y mejor? Son las preguntas que harían quienes ya no soportan ver el sufrimiento, el dolor y la desesperación de millones de seres humanos y quienes darían un paso al frente por entender las causas y trabajar de lleno por la emancipación de la humanidad.
En el mismo Irán tenemos muchos ejemplos. Azar Derakhshan fue una destacada militante del Partido Comunista de Irán (Marxista-Leninista-Maoísta), salió de Irán a mediados de los años 1980. Fue una luchadora incansable contra la opresión patriarcal en Irán y en todo el mundo, entendió profundamente el papel decisivo de la teoría comunista para desarrollar un conocimiento científico de la fuente de la opresión y del camino hacia la emancipación por medio de la revolución comunista. Exiliada en Europa, Azar trabajó por forjar un polo revolucionario dentro del movimiento de mujeres de Irán, se comprometió con gran pasión por formar nuevos comunistas y con gran dedicación hasta el final de su vida, contribuyó lo más que pudo para liberar al mundo de la pesadilla capitalista. Es un gran ejemplo de perseverancia, en mantenerse en sus principios, en el tipo de moral que se necesita, en la alegría inconmensurable por entender los avances en la teoría comunista y en una templanza por hacer de su vida lo necesario para hacer avanzar a un mundo sin explotación y opresión.
Por eso, cuando se está triturando la vida de la mayoría, cuando se aplasta el espíritu de la gente, cuando hay una amenaza de una guerra nuclear, cuando el desastre climático se acelera ¿Cuál debería ser nuestro papel en todo esto? ¿Debería esto paralizarnos o continuar nuestras vidas enceguecidos tratando de conseguir algo más para nosotros dentro de este sistema? O por el contrario ¿podríamos dedicar nuestras vidas a luchar por algo radicalmente diferente, por un mundo mejor? Dado que la vida es limitada, más vale que nuestras vidas se dediquen a lograr objetivos emancipadores. Aprendamos de la rebeldía, valentía e intrepidez de las luchadoras iraníes como Somayeh Kargar, Sepideh Gholian y otros tantos luchadores en las cárceles de Irán que sueñan y buscan, incluso en las situaciones más difíciles, que sus vidas tengan un sentido liberador.
La realidad del mundo nos muestra que existimos como un solo cuerpo, como humanidad. Tenemos mucho más en común con el pueblo iraní, palestino, congoleño o mexicano que con las clases dominantes de los países en los que habitamos. Los explotadores y opresores también tienen cosas en común en cualquier parte del mundo-el mantenimiento de su sistema. Y si nos mantenemos con la corriente estamos desperdiciando la oportunidad y la posibilidad de poner fin a este sistema, mientras les damos más tiempo para destruir la vida de otros como nosotros en todo el mundo.
La comprensión y perspectiva de una vida con sentido son urgentemente necesarias ahora en relación con las guerras por imperio desatadas por el imperialismo, el ascenso del fascismo en el mundo y la destrucción del medio ambiente.
Se necesita el tipo de lucha como la que dio Marjane Satrapi, con su valentía, su arte, su espíritu rebelde y sus mordaces críticas contra la tiranía. Así como a ella, a algunos intelectuales las contradicciones fundamentales en la sociedad los empujan a oponerse a algunas formas de opresión cuando llegan a darse cuenta de la naturaleza anticuada de las relaciones dominantes, pero más que eso, se necesita que esta comprensión los lleve a la necesidad de cambiar el mundo y construir otro sobre una base completamente nueva, a ponerse al frente con los oprimidos. Y ese tipo de lucha coba más sentido si se une a la lucha más avanzada. Nuestras vidas cobran sentido cuando la aprovechamos para contribuir lo máximo que podamos a la emancipación de la humanidad. Hoy más que nunca se necesita que nuestros corazones puedan latir al compás para librar una decidida lucha contra este sistema capitalista imperialista.

