revcom.us | 29 de diciembre de 2025
En un intento por justificar los asesinatos de venezolanos en alta mar por parte del régimen fascista de Trump, su bloqueo a Venezuela y las amenazas dirigidas al presidente venezolano, Nicolás Maduro, Stephen Miller, uno de los principales asesores fascistas de Trump, dijo lo siguiente:
El sudor, la ingeniosidad y el esfuerzo de los estadounidenses crearon la industria petrolera en Venezuela. Su expropiación tiránica fue el mayor robo de riqueza y propiedades estadounidenses jamás registrado. Estos bienes saqueados se utilizaron luego para financiar el terrorismo e inundar nuestras calles de asesinos, mercenarios y drogas.
Como de costumbre, Stephen Miller ha logrado tanto dar la vuelta a la realidad como revelar sin querer lo innecesario, destructivo y mendaz (mentiroso descarado) que es este sistema.
Empecemos por los “bienes saqueados”. Si queremos hablar de “bienes saqueados”, hay que empezar por las potencias coloniales europeas que desembarcaron en las Américas en 1492. Se enfrentaron a dos continentes con una población combinada de entre 50 y 100 millones de personas. Con la espada y con enfermedades contra las que los pueblos americanos no tenían inmunidad, los invasores conquistaron. Algunos grupos perdieron el 90 % de su población a causa de las enfermedades; otros fueron exterminados por completo. Los que sobrevivieron fueron esclavizados y obligados a trabajar en la extracción de plata. Además, 25 millones de africanos fueron secuestrados para llevarlos como esclavos a este “nuevo mundo” y cultivar caña de azúcar, tabaco, café y algodón, lo que generó enormes ganancias.
Con esas ganancias, y pisoteando los huesos de decenas de millones de personas, la clase capitalista —y el sistema capitalista— alcanzó la supremacía mundial.
¿“Ingeniosidad”? Más bien inhumanidad, y un sistema que creció hasta alcanzar el poder sobre la base de la esclavitud, el genocidio y la explotación despiadada.
¿Quién realiza “expropiación tiránica”?
Podríamos dejarlo ahí, y la versión de Miller de lo que el autor Mark Twain habría llamado la peculiar combinación estadounidense de arrogancia e ignorancia quedaría al descubierto. Pero como la gente está tan inculcada por los medios de comunicación, las escuelas y los políticos en tanta estrechez e ignorancia sobre lo que ha hecho este país, Y como ahora mismo hay mucho en juego, vale la pena responder a Miller con más detalle.
Al referirse a la nacionalización de las reservas petroleras venezolanas, Miller tiene el descaro de hablar de “expropiación tiránica”. Veamos lo que realmente ocurrió.

Con el descubrimiento de petróleo en Venezuela, Estados Unidos se apresuró a intervenir. El general Juan Vicente Gómez, títere de Venezuela, tomó el poder en un golpe de Estado en 1908 con la ayuda de la Marina de los Estados Unidos. Gómez gobernó el país directamente o a través de presidentes títeres hasta su muerte en 1935. Sus fuerzas de seguridad estatal llevaron a cabo torturas y desapariciones forzadas a gran escala. “A sus ejecutores les gustaba encadenar a los presos políticos con grillos, unos grilletes que dejaban a muchas víctimas discapacitadas de por vida, y esos eran los ‘afortunados’. A otros los mataron ahorcándolos con ganchos de carnicero atravesándoles la garganta o los testículos”.[1]
En realidad, el discurso de Miller sobre la “tiranía” se aplica ante todo al régimen títere de Estados Unidos y a sus ejecutores.

¿“Expropiación”? El títere Gómez facilitó que las empresas petroleras extranjeras saquearan directamente los recursos venezolanos. Concedió concesiones muy rentables (otorgando derechos exclusivos para explorar y perforar en lugares específicos y obtener ganancias del petróleo producido) a empresas petroleras extranjeras, incluidas gigantes estadounidenses como Standard Oil. Esas empresas estadounidenses llegaron a controlar el 98 % del mercado petrolero nacional venezolano y obtuvieron enormes ganancias de la economía venezolana. Pero eso no fue todo. Toda la economía venezolana se orientó hacia el petróleo. El petróleo marcó las prioridades de desarrollo dentro de Venezuela. Los campesinos fueron expulsados del campo y empujados a los barrios marginales de las ciudades.
¿Y qué hay del “sudor” que, según Miller, provenía de Estados Unidos? Estados Unidos proporcionó a los gerentes y a algunos de los técnicos, pero casi toda la mano de obra provenía de venezolanos o migrantes de los países vecinos. En la medida en que las personas realizaban el mismo tipo de trabajo, a los venezolanos se les pagaba menos. Los trabajadores manuales vivían en dormitorios de la empresa en condiciones precarias.
¿Saquear los recursos de otro país, instalar un gobierno títere, distorsionar su economía y explotar a su pueblo? Eso, Miller, es expropiación.
Los grandes cambios en el mundo provocan ajustes imperiales
Un mundo radicalmente diferente —y mucho mejor— ES posible
En un discurso de 2017, titulado “El problema, la solución y los retos ante nosotros”, Bob Avakian puso las cosas en su sitio, ya que la realidad suele ser distorsionada por personas como Steven Miller. Lea en español, o escuche en inglés, este discurso y reflexione tanto sobre la historia que se relata en el artículo adjunto como sobre las mentiras de Steven Miller:
Si ponemos las cosas en perspectiva, fuera de los límites de la lógica autocontenida del sistema capitalista, pensemos en lo siguiente: las materias primas están ahí, la gente está ahí — eso es lo que se necesita para desarrollar una economía. La pregunta es, ¿bajo qué términos y con cuáles medios se está desarrollando esa economía con esa gente y esas materias primas?
Una vez más, estamos de vuelta a la cuestión a la que le di tanta centralidad en EL COMUNISMO NUEVO: ¿con cuál modo de producción se hacen las cosas? El capitalismo no es la única manera, y ciertamente dista mucho de ser la mejor manera, para “crear empleos” y para que las personas tengan un empleo con sentido. Es posible tener un sistema económico radicalmente diferente, el sistema del socialismo, en el que no se explota el trabajo de la gente en beneficio de los capitalistas en una competencia despiadada quienes ahora son capitalistas en una competencia despiadada a escala mundial, quienes inmediatamente, en cuanto ya no saquen suficientes ganancias, dejan de crear esos empleos en este país y van a otro país donde crean empleos, hasta que encuentren a otro país más donde pueden ir y explotar más despiadadamente a la gente. La gente está allí. Eso es lo más importante. Y con la gente, es posible ahora tener un sistema económico y social radicalmente diferente que no se base en la explotación y la opresión —que en realidad tome medidas para eliminar toda forma de explotación y opresión— el sistema socialista que avance hacia el comunismo a escala mundial, en cuyo caso se habrá eliminado toda explotación y opresión.
Pero algo grande estaba cambiando en todo el mundo. Una poderosa ola de luchas por la liberación nacional y anticolonial se extendió por Asia, África y América Latina durante y después de la Segunda Guerra Mundial. En China, las masas de esta nación anteriormente oprimida fueron lideradas por el gran revolucionario comunista Mao Zedong para conquistar la liberación y avanzar hacia el socialismo. La China revolucionaria fue un faro para las masas oprimidas y un desafío para el sistema imperialista durante más de 25 años[2].
Ante este auge mundial, y en competencia con lo que era, en ese momento, una Unión Soviética imperialista, el imperialismo estadounidense se vio obligado a cambiar de táctica. Las fuerzas internas, incluso algunas de las que habían participado en las luchas de liberación, encontraron su lugar dentro del sistema político y económico imperialista. Estas fuerzas burguesas estaban, o se volvieron, vinculadas al imperialismo y obtuvieron “una parte del pastel”, ya que las economías se mantuvieron dentro del sistema imperialista. (Véase en El Nuevo Comunismo, de Bob Avakian, parte IV, página 284, sección sobre Angola, más información sobre este fenómeno).
Como parte de esta ola, en 1976, la legislatura venezolana nacionalizó la industria petrolera. Sin embargo, los imperialistas encontraron “soluciones alternativas” para mantener la propiedad directa y continuar con su dominio. Como señala el economista Francisco Rodríguez (citado en el Washington Post): “Nadie iba a resistirse a que Venezuela llevara a cabo esta nacionalización hasta el final, y Estados Unidos estaba mucho más interesado en que Venezuela fuera un proveedor de petróleo —petróleo relativamente barato— que en que se produjera un colapso de la producción en Venezuela”.
Hugo Chávez: Más nacionalizaciones y la cruel represalia estadounidense
La historia no se detuvo ahí. En 1998, Hugo Chávez Frías fue elegido presidente, ganando con el 56 % de los votos. Su “revolución bolivariana” incluía una serie de medidas económicas y sociales, entre ellas nuevas nacionalizaciones de la industria petrolera. (“Hugo Chávez tiene una estrategia petrolera… ¿pero conducirá a la liberación?”, de Raymond Lotta, analiza las limitaciones de la estrategia de Chávez y por qué no pudo romper las cadenas del sistema imperialista).
Los imperialistas estadounidenses concluyeron que había que sacar al régimen de Chávez, por la fuerza si fuera necesario. El 11 de abril de 2002, Chávez fue derrocado en un golpe de Estado militar, llevado a cabo en estrecha coordinación con los imperialistas estadounidenses y aplaudido por medios como el New York Times. Pero dos días después del golpe, las masas salieron a las calles de Venezuela y Chávez volvió al poder. Desde entonces, los imperialistas han venido imponiendo sanciones cada vez más extremas con el objetivo de estrangular los ingresos petroleros de Venezuela y devastar su frágil economía, dominada por el petróleo, primero bajo Chávez y luego, tras su muerte, bajo su sucesor Nicolás Maduro[3].
Estados Unidos se presenta como víctima mientras actúa como verdugo

Las consecuencias de la guerra económica de Estados Unidos para el pueblo venezolano han sido catastróficas. La revista en línea World Politics Review informó que la población de Venezuela “vive en las condiciones más precarias fuera de una zona de guerra que se recuerdan en los últimos tiempos”. Las desastrosas condiciones económicas de Venezuela hacen que millones de personas no puedan satisfacer las necesidades más básicas de la vida, como el agua, los alimentos, el combustible y la vivienda. El sistema sanitario del país se ha colapsado. En 2019, el 14 % de los niños menores de cinco años sufría malnutrición aguda y el 57 % de las mujeres embarazadas estaban desnutridas. Es casi seguro que estas cifras hayan aumentado desde entonces.
En 2022, más de siete millones de personas se habían visto obligadas a abandonar Venezuela en los siete años anteriores. La Brookings Institution, un think tank estadounidense, informó de que “la crisis de refugiados venezolanos es una de las mayores de la historia moderna”. Piénsalo: siete millones de personas, cada una de ellas tan desesperada que arriesgó todo por un viaje que, para la mayoría, estaba plagado de peligros[4].

Esto es lo que se le ha infligido al pueblo venezolano tanto por el funcionamiento depredador “rutinario” del sistema capitalista-imperialista, como por las decisiones despiadadas y las políticas llevadas a cabo por los gobernantes de ese sistema, especialmente por los gobernantes estadounidenses, desde Obama hasta Trump y Biden.
Y, sin embargo, Stephen Miller grita que a Estados Unidos lo están “tiranizando”, “expropiando”, “saqueando” y “aterrorizando”.
Trump y la agenda fascista
Ahora, con Trump II, este horror ha dado un nuevo salto. Más allá del hambre descarada, Trump y Miller primero buscaron satanizar como delincuentes a los mismos inmigrantes venezolanos que se vieron obligados a huir de su país por el hambre impuesta por Estados Unidos. Le pagaron a su socio menor Bukele en El Salvador 3 millones de dólares para encarcelar y torturar a más de 200 inmigrantes que Trump deportó ilegalmente allí, la mayoría de los cuales no tenían nada que ver con pandillas o drogas. Luego comenzaron a asesinar a venezolanos en alta mar por supuestamente traficar con drogas, matando al menos a 105 hasta ahora, sin la aprobación del Congreso y sin ninguna prueba de sus acusaciones. (Véase la cobertura de esto en revcom.us aquí y aquí).

Hay tres objetivos detrás de este salto en la ofensiva contra Venezuela que Stephen Miller intenta ocultar con sus gritos de victimismo. En primer lugar, Trump pretende intensificar el dominio estadounidense sobre América Latina como fuente de fuerza en la contienda de Estados Unidos con la ahora imperialista China por la división del mundo. China es un socio importante de Venezuela, y expulsar a China, o incluso reducir seriamente su influencia, sería un gran avance para Estados Unidos. No es tanto que Estados Unidos quiera el petróleo por el dinero (aunque con Trump eso también influye), sino que quiere controlar el grifo. En segundo lugar, la flagrante ilegalidad de los crímenes de guerra que Estados Unidos está cometiendo en alta mar —incluida su negativa a solicitar la aprobación del Congreso— es una parte importante de la mayor transformación fascista de Estados Unidos[5]. En tercer lugar, esto forma parte del desmantelamiento fascista de cualquier apariencia de Estado de derecho en las relaciones internacionales.
La gente debe actuar
Con todo esto en juego, y con esta historia, es francamente inexcusable que en Estados Unidos, la gente haya permanecido tan callado ante estos atropellos. Como lo ha dicho EL CUERPO REVCOM Por La Emancipación De La Humanidad en un Llamamiento a la acción:
Todo eso es criminal. Viene intensificándose. Y bien podría preludiar una guerra sin cuartel. Las personas en Estados Unidos tenemos una enorme responsabilidad de oponernos de manera no violenta en las calles así como en las esferas de la opinión pública, a toda agresión semejante por ser una guerra depredadora imperialista por parte de un régimen fascista.
Y han añadido:
A las organizaciones e individuos: apoyen este llamamiento, o publiquen su propio llamado complementario a actuar. Propaguen este llamamiento. Y mensajéenos @therevcoms para hablar con nosotros sobre sus ideas respecto a lo que hay que hacer.
Respondan a su llamado.
¡En nombre de la humanidad, nos negamos a aceptar un Estados Unidos fascista!
¡Todo este sistema está podrido e ilegítimo! ¡Necesitamos y Exigimos: Una forma completamente nueva de vivir, un sistema fundamentalmente diferente!
1 Véase “The History – and Hypocrisy – of US Meddling in Venezuela” por Brett Wilkins, 28 de enero de 2019.
2 El régimen revolucionario fue derrocado en China en un golpe de Estado contrarrevolucionario tras la muerte de Mao en 1976, y la China, que ya no es socialista, se ha transformado desde entonces en una potencia imperialista, aunque sigue llamándose “comunista”. Para obtener un resumen completo de lo que logró esta heroica lucha revolucionaria, a qué se enfrentó y en qué aspectos se quedó corta, lea esta entrevista con Raymond Lotta y esta otra con el líder revolucionario Bob Avakian, quien ha desarrollado el nuevo comunismo.
3 En esta situación, China se ha convertido en el principal socio comercial de Venezuela, comprando el 80 % de su petróleo.
4 Véase “Emigración en masa desde Venezuela: Catástrofe de sufrimiento humano Made in the USA”, revcom.us
5 Véase “La reconfiguración de las fuerzas armadas de Estados Unidos como máquina de guerra fascista, agilizada para crímenes de guerra y en pie de guerra”, revcom.us
