El mito del “Holocausto de Stalin”

Una mirada a la hambruna de Ucrania 1932-1933

Revista Atash/Fuego nº 126, nº 127 y nº 128, mayo, junio y julio de 2022

Nota de los editores: La serie de artículos El mito del Holocausto de Stalin, publicada originalmente en persa por la Revista Atash/Fuego consta de tres partes de las cuales han sido publicadas hasta ahora en los números 126, 127 y 128 de la revista. Estos artículos fueron escritos con el fin de examinar y criticar la propaganda anticomunista y la industria de la falsificación de la historia por parte de los ideólogos del sistema capitalista imperialista, que llevan años afirmando que los comunistas dirigidos por Stalin cometieron el genocidio de millones de ucranianos entre 1932 y 1933 a través de una hambruna organizada y deliberada. La versión en español es una traducción no oficial responsabilidad de https://comrev.co
La publicación se realizará por secciones. A continuación se publica la parte III. Lea la Parte I y la Parte II.

Parte III: El campo y la cuestión agraria y campesina antes de octubre de 1917

Los defensores de la propaganda del “genocidio del pueblo ucraniano a manos de Stalin y los comunistas” y los historiadores liberales por lo general no abordan la situación de las aldeas en todo el Imperio zarista ruso, incluida Ucrania, ni la vida de los campesinos y granjeros y las relaciones sociales y de clase en el campo. Es como si antes de la Revolución de Octubre de 1917 y del ascenso del proletariado y el partido bolchevique, los campesinos y campesinas de Rusia, Ucrania y otras áreas gobernadas por los Romanov vivieran en prosperidad, tranquilidad, intimidad y felicidad, ¡y de repente los “sanguinarios” y “paranoicos” comunistas vinieron y destruyeron las aldeas y mataron a los aldeanos masacrando y cometiendo genocidio sin creer en nada más que en miseria, hambre y destrucción para la gente y los aldeanos!

En las siguientes secciones de este artículo hablaremos más sobre la actuación del gobierno soviético en las zonas rurales, pero en esta sección brindaremos un panorama breve y conciso de la situación de las aldeas y la vida de los campesinos en el Imperio Ruso antes de octubre de 1917.

Una vida verdaderamente inhumana

Ante todo, describamos un cuadro de la vida rural y campesina en la Rusia anterior a Octubre en palabras de Orlando Figes, un historiador liberal y no comunista contrario a Lenin y los bolcheviques:

“[C]asa campesina… que era un edificio separado hecho de madera o de barro, pero con un tejado de paja. Cada choza contenía los mismos elementos básicos: un espacio para cocinar, donde se ubicaba la estufa, sobre la que los campesinos (a pesar de las cucarachas) gustaban de dormir; un rincón «rojo» o «santo» donde se colgaban los iconos, se atendía a los invitados y comía la familia en torno a una mesa blanca, y una zona para dormir, donde en invierno era común encontrar cabras, potros y terneros acomodados en la paja al lado de los seres humanos. El calor húmedo y el olor de los animales, las humaredas negras de las lámparas de queroseno y el olor acre del tabaco cultivado en casa… se combinaban para crear una atmósfera única y nociva… Dadas tales condiciones insalubres, no resulta en absoluto sorprendente que en fecha tan tardía como la primera década del siglo XX uno de cada cuatro bebés campesinos muriera antes de llegar a la edad de un año. Aquellos que sobrevivieran podían esperar vivir con escasa salud un promedio de treinta y cinco años. La vida campesina en Rusia era realmente terrible, brutal y breve.” (Figes, 2010: p 142)

La causa principal de la pobreza y profundo atraso en las aldeas de toda Rusia era la existencia de remanentes del sistema feudal de clases, la servidumbre, que durante miles de años había atado a la mayoría absoluta de los campesinos. A la cabeza de este sistema productivo y social estaban los “grandes propietarios” o nobles que poseían los principales medios de producción, especialmente la tierra. Se aplicaban leyes de servidumbre para darles una base económica a los nobles al servicio del zar en los asuntos militares y nacionales. De hecho, el zar pagaba los grandes salarios de los aristócratas y propietarios mediante la cesión de tierras. En la parte inferior de esta jerarquía en el campo se encontraban los campesinos que no tenían los medios básicos de producción, especialmente la tierra, y por tanto se veían obligados a obedecer las reglas del sistema de servidumbre para sobrevivir. Los aldeanos estaban obligados a apoyar a la nobleza al servicio del zar y a reprimir otras sublevaciones populares o guerras regionales del zar, en la infantería o la caballería, siendo de hecho carne de cañón. Los campesinos también estaban atados a la tierra, o a los terratenientes. Esto significa que no tenían derecho a salir de su zona rural e ir a otras ciudades o zonas rurales. La mayor parte de la cosecha, que era cultivada y recogida por el trabajo y sufrimiento cotidianos de las familias y comunidades campesinas, se entregaba a los grandes terratenientes, y solo una pequeña parte se les entregaba como “participación del agricultor”, que era realmente insignificante y por lo general no era suficiente para apoyar los gastos de manutención de los campesinos. Por tanto, la pobreza, el hambre permanente, la falta de servicios e instalaciones de salud y educación, y diversas formas de opresión y humillación social, eran norma en la vida de los campesinos en todo el Imperio Ruso.

El inicio y desarrollo de las relaciones capitalistas en el campo

Como respuesta a los cambios resultantes del desarrollo de relaciones capitalistas en la economía y la sociedad de la Rusia zarista, se abolió el sistema de servidumbre en Rusia en 1861, lo que a su vez marcó el comienzo de una nueva era en las relaciones sociales en este vasto imperio. En el último medio siglo de la monarquía zarista, a partir de la década de 1860, las relaciones mercantiles y la economía capitalista asalariada entraron gradualmente en las aldeas de partes del imperio, especialmente en el suroeste de Rusia, Ucrania y partes del Cáucaso. Pero las relaciones feudales de explotación y opresión no fueron erradicadas y permanecieron en diversos grados y niveles en combinación con las relaciones de explotación capitalistas. Según el mismo historiador (Figes), “A finales de siglo [XIX] el 7% de las familias campesinas no tenían tierra en absoluto, mientras que una de cada cinco tenía sólo una pequeña parcela de menos de una desyatina (0,83 hectáreas)”. Los métodos de arado, cultivo y cosecha eran tradicionales y atrasados, y “una de cada tres explotaciones campesinas ni siquiera tenía un caballo. Para cultivar su tierra tenían que alquilar caballos o uncirse ellos mismos al arado. No existe un símbolo más triste de la terrible pobreza en la que millones de campesinos se veían forzados a vivir que la imagen de un campesino y de su hijo bregando para arrastrar un arado a través del barro.” (Figes: pp 156 y 157).

Según los campesinos, lejos de conducir a su liberación y mejorarles la vida, “la reforma de 1861 les privaba de unas tierras sobre las que ostentaban un derecho legítimo… los campesinos quedaron obligados a comprar su parte de tierra a plazos (derechos de redención) … no consiguieron la igualdad ante la ley, ni una auténtica libertad personal. Sus tierras no les pertenecían a ellos, sino a la comunidad local. Esta institución fue conocida a menudo con el nombre de mir o de obschina. Los cabezas de familia en la aldea controlaban la utilización de la tierra… El campesino no podía abandonar su aldea sin autorización de la comunidad, y todas las familias de la aldea eran solidariamente responsables de los impuestos y de los derechos de redención”. (Nove, 1973: p 23)

La represión violenta por el señor y el Estado y las relaciones violentas en el campo se reflejaron en una violencia permitida dentro de las comunidades rurales, especialmente dentro de las familias rurales. El alcoholismo o la bebida en exceso, las peleas sangrientas y las riñas entre aldeanos e incluso entre dos aldeas vecinas y dentro de casas rurales eran muy comunes. Los castigos más duros se infligían a los ladrones de caballos, que por lo general eran campesinos muy pobres, ¡que podían ser castrados, quemados o desmembrados con guadañas! Las relaciones patriarcales rígidas e inflexibles eran otra característica de las familias rurales. Había una especie de armonía dentro de las comunidades rurales que la imponían los ancianos patriarcales [bol’shak] de la aldea, que en su mayoría eran campesinos ricos, kulaks y pequeños capitalistas, y los campesinos pobres y los jóvenes y las mujeres temían mucho a los ancianos de la aldea. (Figes: p 135) Esta violencia era especialmente manifiesta contra las mujeres, y no era raro que un esposo golpeara a su esposa o la atara desnuda a una carreta paseándola por toda la aldea. Golpear a las mujeres en general era muy común y aceptado, y los proverbios rusos estaban llenos de frases como: “Golpea a tu esposa con el mango del hacha, inclínate y mira si respira. Si respira es que está fingiendo y quiere más”, “cuanto más golpees a la vieja, mejor sabrá la sopa”, “golpea a tu esposa como a un abrigo de piel, ya verás cómo habrá menos ruido”. (Figes: pp 142-144) El mismo historiador corrobora que el debilitamiento de las reglas y costumbres patriarcales de la comunidad rural y de las familias rurales en Rusia siempre era una preocupación del gobierno zarista, que consideraba que el sostén de los campesinos dependía de la supervivencia de la familia patriarcal por razones morales, sociales y económicas. Tras la victoria de la Revolución de Octubre, el aparato de propaganda de la burguesía siempre acusó a los comunistas del “delito” de hacer frente a este tipo de violencia y atrocidades en las aldeas soviéticas, especialmente en el caso de las mujeres, ya que constituía “un insulto a los valores morales y nacionales” en la Unión Soviética, incluida Ucrania.

Con la introducción de las relaciones mercantiles en el campo a partir de 1861, vimos cambios en las relaciones sociales y familiares de la obschina rusa. Entre 1861 y 1884, la tasa anual de desintegración familiar aumentó de 82.000 a 140.000 y las familias rurales pasaron de la familia extensa tradicional a la nueva familia nuclear. Lenin describió bien este proceso de introducción de las relaciones mercantiles a las aldeas rusas y el proceso de desintegración campesina en su valiosa obra “El desarrollo capitalista en Rusia”. (Lenin, 1972)

Pero el cambio del sistema feudal de servidumbre no pudo erradicar la pobreza y el patriarcado en las aldeas de la Rusia zarista. Seis millones de familias campesinas no poseían ningún medio de producción ni tierras agrícolas y tenían que tomarlas en arriendo a los grandes terratenientes, lo que les consumía casi el 80% de su producción e ingresos. “Según un estudio de un zemstvo [sistema de gobierno local] realizado en la penúltima década del siglo XIX, dos de cada tres casas campesinas de la provincia de Tambov, en Rusia central, eran incapaces de alimentarse sin contraer deudas… Era la tragedia de millones de campesinos: que las deudas constantes y los impuestos les obligaran a vender su grano en otoño, cuando los graneros estaban llenos y los precios eran bajos, sólo para volver a comprar en la hambrienta primavera, cuando los precios estaban en su momento más alto. Todo volost [subdivisión administrativa] tenía su puñado de usureros y comerciantes (los campesinos los llamaban kulaks) que compraban barato el grano de los campesinos en otoño y, seis meses más tarde, se lo volvían a vender por el doble”. (Figes: p 154) Los kulaks eran campesinos ricos, además de comerciantes y usureros, que compraban y vendían tierras cultivables y empleaban trabajadores agrícolas. También compraban tierras a nobles y antiguos terratenientes y construían graneros, molinos y cobertizos para alojar a los trabajadores agrícolas. Los kulaks surgieron como una clase de capitalistas rurales desde principios del siglo XX y jugaron un papel importante en la lucha de clases en el campo soviético después de la Revolución de Octubre y hasta el movimiento de comunalización en la década de 1930.

Aldeas y campesinos en la última década del régimen zarista

Al entrar Rusia en el siglo XX, la lucha de clases en el campo y la cuestión de la tierra y el campesinado seguía sin resolver. En vísperas de la Revolución de Octubre, de todos los campesinos rusos, el 65% eran campesinos pobres, el 20% campesinos medios y el 15% campesinos ricos (kulaks). El 41% del total de la tierra cultivable estaba en manos de grandes terratenientes, el 37% era de campesinos pobres y medios y el 22% de kulaks. Debido a esto, en el quinquenio de 1900 a 1904 hubo más de 670 levantamientos armados, de campesinos exigiendo la expropiación de los terratenientes. (Arshinov y Kuznetsova: pp 8-11)

Pero el golpe principal al arduo trabajo del zar y sus ministros para oponerse a la destrucción completa de las relaciones feudales en el campo fue asestado por la fallida revolución de 1905 y por los levantamientos campesinos y la toma de tierras por los campesinos. Los ministros zaristas se dieron cuenta de que la demora no era permisible, y con las reformas de 1906-1911 en el gobierno de Piotr Stolypin se perdonaron las deudas no aprobadas de los campesinos y se les permitió a estos abandonar el sistema social mir y cultivar la tierra para sí mismos, comprar o vender sus tierras o marcharse a las ciudades. El objetivo de Stolypin era crear una clase de campesinos propietarios prósperos que también fueran políticamente leales al gobierno. Para 1916, alrededor de dos millones de familias habían dejado la comunidad rural y establecido sus propias granjas privadas. Aunque después de la implementación de las reformas, muchos campesinos prósperos, especialmente los kulaks, estaban comprando algunas tierras de los propietarios más pobres, las demandas de los aldeanos en general y su necesidad de tierras no fueron satisfechas y, de hecho, con las reformas de Stolypin el problema de la tierra en las aldeas rusas quedó sin resolver hasta la Revolución de Octubre. “También atizó la hostilidad hacia los campesinos acomodados… [ya que] los campesinos más pobres recibieron escaso beneficio de la reforma, excepto quizá que ahora les resultaba más fácil vender sus pequeñas parcelas si querían trasladarse a otros lugares”. (Nove: p 28) Por supuesto, el proceso de migración a las ciudades había comenzado tras la abolición de la servidumbre en 1861 y, por ejemplo, “más de un millón de campesinos, especialmente de Ucrania, realizaron este viaje durante la década que siguió al hambre de 1891. Pero una amplia mayoría se unió al ejército de trabajadores temporeros… que constaba de unos nueve millones de personas a finales de siglo”. (Figes: p 159) Este constituyó el incipiente proletariado ruso que, con profundas características campesinas y fuertes lazos con el campo, se adentró en el horrible ambiente de la vida obrera en las afueras de las grandes ciudades para jugar posteriormente un importante papel social e histórico en las revoluciones de febrero y octubre de 1917.

Pero muchos, incluyendo historiadores liberales, consideran que el fracaso del régimen zarista y de las reformas de Stolypin en el campo no se limitó a la cuestión de la tierra y se extendió también a la cuestión campesina y social. Parte del plan y propósito de estas reformas era crear una clase de agricultores capitalistas prósperos y tratar de convertir la propiedad familiar rural en propiedad personal para que pudiera heredarla uno o más de sus hijos, y al mismo tiempo crear la burocracia que se encargara del gobierno en las aldeas. Pero ambas cosas fueron aceptadas en parte y sólo entre algunos de los aldeanos. El sistema colectivo, y especialmente el dominio patriarcal de los ancianos blancos, que en su mayoría eran campesinos ricos y kulaks, continuó en diversos niveles y grados, y la organización del gobierno en las aldeas fluyó solo de manera superficial y artificial. De hecho, desde finales del siglo XIX y principios del XX, prevaleció una estructura administrativa dual en las aldeas rusas. Una estructura formal controlada por el gobierno y una estructura tradicional opuesta a la autoridad gubernamental. El verdadero centro del poder seguía estando en el mir, o antiguo consejo de los diez, controlado por los patriarcas. Los campesinos rusos tenían una especie de pesimismo sobre cualquier tipo de autoridad de fuera del campo o de la aldea, lo que se convirtió en una especie de “anarquismo instintivo” contra el Estado. “Durante centenares de años —escribió Gorky—, el campesino ruso ha soñado en un Estado que no tenga derecho a influir en la voluntad del individuo y en su libertad de acción, un Estado sin poder sobre el hombre.” (Figes: p 150)

Por tanto, la cuestión agraria y campesina en el campo de toda Rusia permaneció sin resolver en los años previos a la Revolución de Octubre, y la respuesta a ellos, como decían Lenin y los bolcheviques, quedó históricamente en manos del incipiente proletariado ruso y del Estado proletario. Pero el factor más importante que hizo que toda la sociedad rusa y especialmente su campo sufrieran cambios drásticos y revolucionarios fue el comienzo de la guerra imperialista en 1914 y el envío de millones de soldados en forma del ejército ruso zarista a los frentes de batalla con Alemania y Austria-Hungría y luego con el imperio otomano. La columna vertebral del ejército zarista eran jóvenes campesinos cuya ira y odio causados por la vida infrahumana en las aldeas rusas, además de la terrible y mortífera guerra mundial y otros acontecimientos sociales y políticos rusos de principios del siglo XX, los hizo influyentes en los acontecimientos revolucionarios de 1917. Una imagen de estos aldeanos enviados a los frentes y sus cambios espirituales y políticos y los cambios sociales de sus aldeas puede verse en las obras literarias de este período de Rusia, especialmente en la novela de Sholójov “El Don apacible” y su personaje principal, Grigory Mélejov.

[continúa…]

Fuentes

Nove, Alec (1973) Historia económica de la Unión Soviética. Alianza Editorial, Madrid.

Arshinov, A. y T. Kuznetsova (1980) Cómo se organizaron las cooperativas campesinas soviéticas.

Figes, Orlando (2010) La revolución rusa (1891-1924): La tragedia de un pueblo. Edhasa, Barcelona.

Lenin, Vladimir (1972) El desarrollo del capitalismo en Rusia. Quimantú, Santiago de Chile.