¡No a una guerra de Estados Unidos y la OTAN con Rusia! ¡No a una III Guerra Mundial!

22 de mayo de 2022 | Alborada Comunista | comrev.co

Ucranianos huyen de la ciudad arrasada de Irpin (7 de marzo de 2022).

El mundo es un horror bajo el capitalismo-imperialismo. El destino de la humanidad, bajo este sistema, está sujeto a los intereses y necesidades de los capitalistas-imperialistas que hoy no solo han llevado a la humanidad a una emergencia ambiental que incluso amenaza con la supervivencia de la especie, sino también con la mayor posibilidad de un holocausto nuclear, una III guerra mundial desatada por la rivalidad entre EEUU y la OTAN por un lado y Rusia por el otro, que se concentra principalmente en Ucrania.

La guerra en Ucrania no se trata de una contienda entre “autoritarismo” (ruso) contra “democracia” de Ucrania (en donde sí tiene mucho peso político el nazi-fascismo, lo que sirvió de pretexto a Putin). Es un conflicto entre potencias imperialistas rivales.

China y Rusia hoy representan un creciente desafío global a los intereses imperialistas de Estados Unidos en los frentes económico, político y militar. El suministro de petróleo y gas ruso, y la gran dependencia de los países imperialistas europeos de este, ha sido uno de los factores en la amenaza al liderazgo político y económico de Estados Unidos en Europa occidental. Desde el colapso de la Unión Soviética en 1991 (que para entonces [hacía mucho] había dejado de ser una sociedad socialista), Estados Unidos emprendió la tarea de ampliar la OTAN para acercar más su fuerza militar a las fronteras con Rusia, y de crear otras alianzas como AUKUS (con Australia y el Reino Unido) y QUAD (con Australia, India y Japón). Como respuesta a ese desafío, Ucrania con su larga frontera con Rusia, es parte de ese propósito.

Desde 2000 Ucrania recibe apoyo económico y militar de Estados Unidos, que en 2014 patrocinó un golpe de Estado que puso en el poder a un gobierno pro-estadounidense que buscara ser parte de la OTAN. El objetivo de la invasión rusa a Ucrania es responder a la presión de la OTAN en sus fronteras y robustecer el polo de poder ruso centrado en Europa, Asia Central y el Medio Oriente, y no es la “desnazificación” como proclama Putin.

Se necesita una comprensión científica de los problemas, de cómo funciona la sociedad y los graves conflictos y contradicciones que se cuecen bajo el capitalismo imperialismo. No solo el trabajo incesante de las clases dominantes en el mundo por retorcer la realidad ha sido un obstáculo en cómo la gente responde a los horrores de este sistema (o es canalizada a defenderlos), lo que incluye llegar a ver a los mayores criminales de la historia como legítimos abanderados de condenar la invasión en Ucrania, y ponerse de su lado. También, los reformistas (armados o no) intensamente han considerado y promovido durante décadas que “la lucha contra el imperialismo” es una “narrativa” de las décadas de 1960 y 1970 “ya pasada de moda”, como parte además de justificar su despreciable nacionalismo: “qué Irak o Afganistán ni qué ocho cuartos”, “qué Palestina ni qué ocho cuartos… hay que preocuparnos es por nuestros problemas”, como si la realidad de un país como Colombia no estuviera determinada por el mismo sistema que jode a la gente en el resto del mundo. El ataque a la verdad y a la ciencia —junto con el pragmatismo, el relativismo (el todo vale), la superstición y el posmodernismo— ha desarmado a la gente y la ha convertido en dóciles rebaños, aun cuando las cosas están más y más agudas y cuando incluso los imperialistas están dispuestos a definir el futuro del planeta y la humanidad por medio de una guerra nuclear.

La realidad no es algo que se atiende como ir a un bufé, donde se escoge qué es verdad según lo que gusta o no. Lo que se concentra en Ucrania es la disputa entre potencias imperialistas rivales por el control y explotación de los recursos, los territorios y la gente, que no solo ha costado la vida de miles de civiles ucranianos y el desplazamiento de millones, sino que pone en riesgo la existencia de la humanidad ante la posibilidad de desencadenar una confrontación directa entre las potencias que podría escalar a una guerra nuclear.

Los imperialistas estadounidenses, junto con sus portavoces en los medios de comunicación, han “alzado la voz” en contra de la invasión de Rusia a Ucrania. Nada más hipócrita y vil de parte de estos criminales, quienes a lo largo de la historia tienen en su haber una estela de crímenes contra la humanidad mediante invasiones, intervenciones militares y golpes de Estado en otros países.

Tan solo desde la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha sido responsable de la matanza de millones de civiles en Vietnam y en Corea, y de sangrientos golpes de Estado en Indonesia, Irán y otros lugares. Además, en el período comprendido entre 1846 y el presente, ha intervenido en los países de Suramérica y Centroamérica —de manera militar, con golpes de Estado de la CIA, o de otras maneras— en al menos 100 ocasiones, a costa de literalmente cientos de miles de muertes y una miseria sin fin para la gente de estos países.

Una expresión grotesca de esta hipocresía fueron las declaraciones de la embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Linda Thomas-Greenfield, quien el pasado 31 de enero dijo que un país no puede simplemente redibujar las fronteras de otro país a la fuerza, o hacer que la gente de otro país viva bajo un gobierno que no eligió[1]. En tiempos recientes, no se ha dado ningún ejemplo más atroz de “redibujar las fronteras de otro país a la fuerza” que la expansión violenta del Estado de Israel respaldada por Estados Unidos en tierras tomadas mediante la limpieza étnica de Palestina. Estados Unidos ha financiado, armado y defendido la constante expansión de Israel mediante guerras, la anexión ilegal de territorios tomados mediante guerras, la implacable limpieza étnica mediante el terror oficial y de los colonos al estilo del Ku Klux Klan, y la matanza en masa de miles de palestinos, en su inmensa mayoría civiles, muchos niños, en la región de Gaza en 2008, 2014 y 2021.

Si miramos más al sur, seremos testigos de los horrorosos crímenes contra el pueblo yemení que viene llevando a cabo Arabia Saudita, un aliado clave de Estados Unidos para el control del Medio Oriente. Los siete años de invasión y guerra de Arabia Saudita contra Yemen, para imponer un gobierno más servil a los intereses de los saudíes y sus socios estadounidenses, han dejado cientos de miles de muertos, principalmente niños, y millones al borde de la inanición. Es una catástrofe humanitaria “made in USA”: Estados Unidos ha suministrado miles de millones de dólares en apoyo militar; comandos estadounidenses entrenan y apoyan a las tropas sauditas y de Emiratos Árabes Unidos; los sauditas lanzan bombas de fabricación estadounidense desde aviones de fabricación estadounidense que se reabastecen en vuelo por medio de aeronaves estadounidenses.[2]

Cabe recordar que Estados Unidos es el único país que concretamente ha usado armas nucleares — las bombas atómicas que lanzó sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki al final de la Segunda Guerra Mundial, incinerando en un instante a cientos de miles de civiles e infligiendo un terrible sufrimiento a muchos de los sobrevivientes de estos ataques.

Así que, cuando se trata de invadir a otros países y de redibujar sus fronteras, derrocar a los gobiernos de otros países, imponer tiranos brutales, masacrar personas en el proceso, y hacerlo al servicio de dominar un mundo de explotación y opresión, ninguna fuerza en la historia humana puede igualar las manos ensangrentadas de Estados Unidos[3].

La guerra en Ucrania no representa nada liberador para el pueblo ucraniano. Lo que concentra la guerra en Ucrania es la rivalidad entre imperialistas por expandir más la explotación y la opresión y contener a sus rivales, dentro de la regla de este sistema de expandirse o ser aplastado.

Los imperialistas estadounidenses y la OTAN están decididos a “ganar” en cumplir sus objetivos de derrotar a Rusia, debilitarla para fortalecer su dominación y fortalecer a la OTAN, y para ello vienen armando “hasta los dientes” a Ucrania, desarrollando una “guerra de sustitutos [proxy]”. Por otro lado, el imperialismo ruso está decidido a impedir que Ucrania haga parte de la OTAN y que se convierta en un bastión donde el imperialismo occidental emplace sus bases militares y misiles nucleares, todo esto como parte de ganar un mayor control y dominio de la región. Ambos bandos trabajan en la búsqueda de sus objetivos, militarmente están comprometidos en la búsqueda de estos con la probabilidad de que el conflicto se intensifique y que los imperialistas estadounidenses-OTAN entren en conflicto, con el uso de armas nucleares, directamente con la igualmente imperialista Rusia.

Todo esto pone de manifiesto lo crucial de que la gente por millones en todas partes se despierte ya, que reconozca la realidad y la profunda importancia de lo que está en juego, y que actúe de acuerdo con nuestros verdaderos intereses, los intereses de toda la humanidad: exigiendo que SE PONGA FIN a esta guerra en Ucrania antes de que no solo inflija aún más sufrimiento al pueblo de Ucrania sino de que alcance dimensión global.

Hay que insistir en que, en términos fundamentales, para poner fin definitivamente a las guerras que estos imperialistas libran, junto con todos sus otros crímenes masivos, es necesario poner fin a todo su sistema. Ciertamente, una lección clave que hay que sacar de la guerra en Ucrania es que la humanidad ya no puede seguir permitiendo que estos imperialistas, de ningún bando, continúen gobernando al mundo y batallando entre sí sobre quiénes dominarán la situación, ante la amenaza muy real y muy grave que esto representa para el futuro de la humanidad, para su propia existencia.

¡ALTO a la dominación del imperialismo, la dependencia alimentaria y las guerras por imperio!

Grupo Comunista Revolucionario, Colombia. 22 de mayo de 2022

Notas
  1. O el “lapsus” de George W. Bush tildando de “totalmente injustificada y brutal la invasión en Irak… quise decir Ucrania”, quien con mentiras abiertas lanzó en 2003 una segunda guerra contra un país devastado ya por el mismo Estados Unidos en 1991.

  2. Véase el artículo de revcom.us: “Los retamos a aprender sobre Yemen”.

  3. Véase “Estados Unidos de Atrocidades: Respecto a los crímenes de guerra, Estados Unidos es el ‘Número Uno’” (artículo en tres partes).