¡Las elecciones bajo el presente sistema NUNCA transformarán nada!

22 de mayo de 2022 – (Actualizado 3 de junio de 2022) | Alborada Comunista | comrev.co

Nota editorial: Este artículo se elaboró antes de la 1ª vuelta de elecciones presidenciales del 29 de mayo y fue leído en un programa virtual el pasado 22 de mayo. Con los resultados de la primera ronda electoral, un par de consideraciones perdieron vigencia, pero no así el análisis general.

Los años recientes en Colombia han sido muy tumultuosos, en la ya tumultuosa historia de los dos últimos siglos, y la situación para la gente es cada vez más angustiante, no solo por el crecimiento de la miseria y la manifiesta falta de un futuro esperanzador, sino por la guerra permanente contra el pueblo, incluyendo la brutal represión especialmente cuando la gente se moviliza contra la opresión y la explotación. Estas movilizaciones han generado expectativas en millones de que la lucha podría significar algo nuevo y positivo, y, sí, eso es verdad y muy importante: la lucha puede generar algo verdaderamente nuevo y positivo. Pero ese “algo nuevo” no puede ser un maquillaje para embellecer la estructura social de explotación y opresión… no hay que dejarse engatusar.

Junto con el deterioro de la vida material, una gran oleada de derechización viene azotando a la humanidad, incluso a nivel de consolidación de tendencias fascistas… han cogido vuelo el fundamentalismo religioso, la anticiencia, la superstición y el oscurantismo. Esto ha llevado una y otra vez a mucha gente a caer en callejones sin salida, muchas veces mendigando un mejor “lugar en la mesa”, lo cual únicamente reforzará el sistema existente de opresión y explotación, beneficiando a unos pocos en detrimento de la mayoría.

El ambiente político en el país está caracterizado por una mayor polarización entre la “derecha” fascistoide y una “izquierda” a lo sumo liberal-socialdemócrata, y está recientemente afectado por movilizaciones sociales a un nivel en parte posible por la situación en la que la guerrilla reformista más grande y con más fuerza del país (Farc) acordó la entrega de las armas y adherirse al establecimiento a cambio de unas pequeñas reformas. Este “acuerdo” dio lugar a al menos dos nuevas condiciones en la disputa política en el marco de este sistema: quedaba tambaleando y sin fuerza el argumento de sostener un régimen que impondría “la seguridad y el orden” porque eliminaba al dizque principal problema del país, que eran “las guerrillas”; y se abría un lugar para que la izquierda reformista no armada ganara legitimidad y que otros pudieran respaldarla sin el temor a ser asociados con una fuerza armada ilegal.

En particular, las causas de las movilizaciones sociales de los últimos años y los anhelos de “cambios políticos” han sido gasolina para la campaña presidencial de Gustavo Petro, quien promete cambios en las políticas económicas y sociales respecto al tipo de programa que ha impulsado el uribismo en los últimos veinte años. Por primera vez en décadas un candidato “progresista” tiene posibilidades reales de derrotar al candidato más abiertamente del Establecimiento, lo que ha ilusionado a sectores de “izquierda” y “progresistas”, incluyendo a buena parte de los jóvenes que participaron por miles en los estallidos de rebelión en el país desde finales de 2019.

La ilegitimidad del uribismo ha crecido a ojos de un sector importante de las masas en los últimos años, especialmente entre los jóvenes. Los casi 20 años de uribato[1], con la estrecha relación de Uribe con el paramilitarismo, con los llamados “falsos positivos”, con los innumerables crímenes contra el pueblo y su justificación (solo entre 2020 y mayo de este año se han cometido cerca de 230 masacres, ¡doscientas treinta!, con un saldo de 877 personas vilmente ejecutadas), el asesinato de líderes sociales y ambientales (79, además de 21 excombatientes de las Farc, solo en lo que va corrido del año)[2], así como el tratamiento represivo a las movilizaciones con decenas de asesinatos, detenciones, desapariciones y torturas, han llevado a cada vez más personas a repudiar al uribismo[3].

Lo anterior no significa que el uribismo sea una fuerza política venida a menos del todo. El uribismo representa a un considerable sector de grandes capitalistas y terratenientes, cuenta con una amplia base de masas, con fuerzas organizadas fundamentalistas cristianas con las que comparte su visión tradicional de familia y del papel de las mujeres subyugadas y dominadas, con el respaldo de los sectores más retardatarios entre las retardatarias fuerzas armadas, con un control casi absoluto del Estado incluyendo lo que han sido unos pretendidos órganos de control como Procuraduría, Contraloría, etc. y, además, cuenta con aliados muy cercanos en las fascistas fuerzas republicanas en Estados Unidos.

Los imperialistas yanquis han encontrado en Uribe un firme lacayo y en su régimen una salvaguarda de los intereses estratégicos yanquis en el continente, especialmente cuando algunos gobiernos de la región no han sido TAN arrodillados. Claro que podrían prescindir de él y su liderazgo, si su presencia supusiera algún riesgo de inestabilidad política interna o regional, como ha ocurrido con otros regímenes y líderes que les han servido. En medio de una agudización de las contradicciones interimperialistas es muy importante mantener a un firme aliado a la cabeza del Estado que a uno que pueda significar un riesgo en un país como Colombia, dada su posición geoestratégica.

Independiente del resultado de las elecciones, la polarización no va a disminuir, sino a agudizarse. El uribismo tiene que bregar con el costo de no estar completamente a la cabeza del Estado, y no parece dispuesto a pagarlo[4]. Además, ante la posibilidad de no ganarle a Petro a través de las elecciones, se ha especulado no sin razón que los uribistas podrían recurrir a impedir la celebración de las elecciones, a cometer un fraude electoral o a tachar de fraude el triunfo de su contrincante, a un golpe de Estado atizado por movilizaciones de la base social uribista o a la declaración de un estado de excepción que impida la entrega del poder en agosto. Se deben considerar muy bien las posibles resoluciones en lo inmediato, así como las respuestas de las distintas clases, incluyendo las responsabilidades que esto pone ante los revolucionarios quienes tenemos que acelerar e intensificar la repolarización alrededor de trabajar por un Movimiento para la Revolución.

El problema es el sistema capitalista imperialista, no “el mal” o “el buen gobierno”

La situación política actual debe enmarcarse en el panorama más amplio: Colombia ha sido un país de regiones que han girado en torno a 4 grandes ciudades (Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla), y una quinta región, la región nororiental en torno a Bucaramanga y Cúcuta. Las élites centrales delegan en las élites locales el funcionamiento específico de las zonas periféricas y rurales mediante un sistema de reciprocidad mutuamente beneficioso: pueden gobernar como quieran y tener representación en el Congreso a cambio de garantizar el apoyo político y la aceptación sin real desafío de las reglas de juego formales de las élites capitalinas o nacionales. Una combinación de centralismo fuerte en lo esencial y de “descentralización” de la gestión de los territorios, con verdaderos “cacicazgos” regionales.

El Estado actual, a pesar de la retórica de sus defensores y de sus escarceos electorales, es esencialmente una dictadura burguesa[5], como lo prueban las decenas de miles de casos de represión política, desaparición forzada, violación y asesinato de gente inocente perpetrados o azuzados por las fuerzas armadas y policíacas, independientemente de cuál partido tenga las principales riendas del Estado.

La corrupción, la manguala con el crimen organizado y servilismo al imperialismo, principalmente estadounidense, caracterizan claramente a las fuerzas que tienen el control actual del Estado. Pero eso no se debe esencialmente al carácter de los individuos en el poder sino a que este Estado (para nada “neutral”, sino órgano de dominación de una clase sobre otra) sirve y tiene que servir para defender y reproducir las relaciones de explotación y opresión de la gran mayoría por una pequeña minoría. Sirve para defender y reproducir el sistema actual en el país, principalmente capitalista (imbricado con elementos semifeudales sobre todo en la, relativamente independiente, superestructura de ideología y política) y subordinado al imperialismo. Ningún cambio de personas o partidos en el Estado actual va a cambiar su carácter opresivo esencial.

Pese a las ilusiones e incluso sin importar las “intenciones” de uno u otro candidato, no es posible lograr un cambio radical, que transforme el funcionamiento esencial de este sistema, por medio de las elecciones[6]. En el candidato del “progresismo” ni siquiera hay intenciones de tocar en lo más fundamental los cimientos de este sistema de opresión y explotación. Ni quiere ni puede. Petro ha sido explícito en decir que no está en contra del capitalismo, su interés es realizar algunos cambios que siguen siendo compatibles con tal sistema. Desde hace décadas se ha esforzado con ahínco en ser confiable para las clases dominantes tradicionales[7] y para los imperialistas.

Petro ha lanzado algunas críticas del vínculo de los militares con el narcotráfico, pero con su reiteración de que “la mayoría de la fuerza pública de Colombia no está sucia” no solo desconoce el vínculo profundo del Estado y la economía colombianos con el narcotráfico, sino que queda clara la intención de Petro de lavarle la cara a una fuerza asesina y criminal como las fuerzas militares y de policía, la columna vertebral del Estado.

Petro y los reformistas de izquierda en general centran en que la base de los problemas del país está en la inequitativa distribución de la riqueza producida socialmente (“que los ricos sean menos ricos y los pobres sean menos pobres”, y cosas por el estilo), no en las relaciones de producción bajo el sistema capitalista, que se rige por reglas impajaritables: 1) todo es una mercancía y todo debe hacerse para extraer ganancias; 2) la producción es de propiedad privada e impulsada por el mandamiento “expandirse o morir”; 3) hoy, el capitalismo opera mediante la dominación imperialista de los países oprimidos y la rivalidad estratégica entre las potencias imperialistas.

Petro ha resaltado que el epicentro de su política progresista es “la necesidad de cambiar el modelo extractivista”, pero su política ambiental no puede hacer frente a la emergencia ambiental que enfrenta la humanidad ni sus efectos en un solo país, reencaucha un discurso verde con “soluciones realistas” dentro del marco del sistema capitalista que no solucionan nada, como el mercado de bonos de carbono. Cínicamente critica a Venezuela por su dependencia del petróleo y las políticas chavistas de seguir basando su economía en combustibles fósiles, pero deliberadamente calla sobre el hecho de que un país como Colombia, o Venezuela, está dominado estructuralmente por los imperialistas, atado y dependiente de todo el sistema capitalista-imperialista, lo que implica una economía distorsionada y desarticulada, y cuyo desarrollo es desarrollo del capital imperialista. Ningún gobernante puede zafarse de tal dominación. Eso solo es posible mediante una revolución real.

Los demócratas burgueses y/o “progresistas” dentro del Estado son representantes y defensores de este sistema capitalista-imperialista y sus condiciones en este tipo de naciones como Colombia (y quienes apoyan a estos demócratas burgueses en última instancia apoyan a ese sistema)[8]. Aunque algunos de ellos y sus partidos u organizaciones no provengan de las clases dominantes, al entrar a gobernar esta sociedad a lo sumo pueden promover o implementar algunas reformas, pero no pueden quebrantar las reglas más fundamentales que rigen esta sociedad y que se expresan en el Estado. En Latinoamérica sobran pruebas de esto en los últimos 20 años, con la llamada “Ola rosa” de gobiernos reformistas y nacionalistas.[9]

Cuán cierta la observación de Lenin de que “Las personas han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase. Los que abogan por reformas y mejoras se verán siempre burlados por los defensores de lo viejo mientras no comprendan que toda institución vieja, por bárbara y podrida que parezca, se sostiene por la fuerza de determinadas clases dominantes”.[10]

El papel y objetivo clave de los sectores demócratas burgueses y “progresistas”, en últimas, es jugar el papel de válvula de escape en los momentos particularmente agudos para la sociedad y canalizar el descontento social a través de la defensa del Estado y sus instituciones, en últimas es mantener el “funcionamiento ordenado” de este sistema.

“Una parte clave para hacer eso, mientras se mantiene la ‘lealtad’ de la gente a este sistema, es mantener la visión y la actividad de la gente restringida dentro de las estructuras y los procesos que sirven para perpetuar y reforzar el dominio de este sistema, y una parte crucial de eso es hacer creer a la gente que las elecciones son la única manera (o, con mucho, la más significativa) de lograr un cambio positivo. En oposición a esa noción continuamente propagada, la realidad actual es que, bajo este sistema: ‘Las elecciones: están controladas por la burguesía; no son el medio a través del cual se toman las decisiones básicas en ningún caso; y tienen realmente el propósito principal de legitimar el sistema y las políticas y acciones de la clase dominante, dándoles el manto de un ‘mandato popular’, y de canalizar, confinar y controlar la actividad política de las masas populares.’”[11]

Es necesario que la gente deseche las ilusiones en la democracia y en que a través de las elecciones pueda haber algún cambio verdadero. Seriamente se debe confrontar la realidad de que sí “habrá cambio radical”, pero hay que ver si este cambio “¿será emancipador, o esclavizante —revolucionario, o reaccionario?”.

En medio de la agudización de las contradicciones sociales, se necesita una más rigurosa y acelerada preparación de las fuerzas para hacer que ese cambio sea emancipador y revolucionario. Y en esas estamos. Y en el Grupo Comunista Revolucionario (GCR) tenemos una fuerza organizada que lucha por basarse cada vez más en el método y enfoque científicos del nuevo comunismo desarrollado por Bob Avakian, preparándose y dirigiendo a otros a preparar el terreno y al pueblo, a forjar un movimiento que, luchando contra el sistema, llegue a abarcar a millones, para que en medio del desarrollo vertiginoso de la situación pueda responder, no solo aquí, a la necesidad de revolución como parte de la lucha global por una sociedad comunista. Y usted tiene que unírsele.

Cuando la táctica engulle a la estrategia – Confusiones y tergiversaciones de la declaración de Bob Avakian del 1° de agosto de 2020

Algunos a nombre de la revolución, ya sea por confusión o por posición, llaman a votar por Petro como una manera de “frenar el fascismo”. En ese esfuerzo, en ocasiones han hasta utilizado como argumento la declaración de Bob Avakian del 1° de agosto de 2020 “Sobre la situación crítica inmediata, la urgente necesidad de expulsar al régimen fascista de Trump y Pence, votando en estas elecciones, y la necesidad fundamental de la revolución”, haciendo extensible este análisis a la muy diferente situación política actual en Colombia.

Esto es una mezcla de distorsiones y extrapolaciones burdas. Quienes sostienen tal argumento comúnmente toman el análisis particular y excepcional que Avakian hace en un contexto concreto de consolidación de un régimen fascista como el de Trump y Pence, cuyas consecuencias no se limitaban a las fronteras de Estados Unidos, sino que repercutían en todo el mundo, y lo utilizan para aplicarlo mecánicamente a las circunstancias concretas de la situación política colombiana, sin siquiera sustentar por qué cabría hacerlo, y apelando incorrectamente al criterio de autoridad.

Justamente un aspecto esencial del método y enfoque científico desarrollado por el nuevo comunismo de Bob Avakian es partir siempre de la realidad objetiva y, sobre esta base, evaluar las afirmaciones e ideas de las personas según su correspondencia o no con tal realidad. Dar algo por sentado simplemente basándose en la autoridad de quien lo plantea es un enfoque sobre el cual no es posible desarrollar una comprensión correcta de la realidad llevando por tanto a graves errores.

El llamado de Bob Avakian del 1° de agosto de 2020 no se puede sacar del contexto del tipo de trabajo teórico y de dirección comunista revolucionaria que ha representado BA durante cinco décadas, especialmente el desarrollo de una nueva síntesis de la ciencia del comunismo. En este trabajo teórico han destacado sus aportes a una comprensión de la democracia burguesa y la necesidad y posibilidad de ir más allá de esta. Esto, mientras “casi todas las fuerzas de oposición […] aceptan el actual marco opresivo y el argumento de que realmente no podemos lograr algo mejor que la democracia, que todo lo demás lleva al horror” e incluso mientras en muchos de los que se denominan comunistas “existe un terco apego a los principios de la democracia de la época burguesa” y algunos de ellos “se han replegado hacia los ideales, los teóricos y los horizontes de la democracia del siglo XVIII como el marco para el cambio social”.[12] El llamado a “votar por Biden” para nada significó apoyarlo o dejar de considerarlo como lo que es, un representante e instrumento de este explotador, opresivo y literalmente asesino sistema capitalista-imperialista. Correspondió a una acción táctica que estuvo enmarcada en la estrategia para la revolución de los comunistas revolucionarios en Estados Unidos, no tuvo nada que ver con ningún “mal menor” y fue una “excepción única” (por una sola vez) en unas circunstancias muy particulares en las que una reelección de Trump consolidaría un régimen fascista en Estados Unidos, un cambio cualitativo en la forma de gobierno en la principal potencia del sistema capitalista-imperialista.

El papel y el peso de Colombia en el mundo son sustancialmente diferentes a los de Estados Unidos, lo que implica diferencias en la estrategia para una revolución, pese a los aspectos en común que puedan tener. Toda táctica está subordinada a una estrategia específica bajo unas condiciones específicas, tanto de la situación objetiva, como del elemento subjetivo (las fuerzas comunistas revolucionarias). Es erróneo copiar mecánicamente una táctica como la adoptada por el PCR,EU a unas condiciones (incluyendo la de las fuerzas comunistas revolucionarias) y estrategias diferentes, aunque haya consideraciones generales y de método que son aplicables universalmente. Hoy el desarrollo de la estrategia para la revolución en todo el mundo requiere la aplicación del método y enfoque científicos desarrollados por el nuevo comunismo de Bob Avakian, pero no copias mecánicas sin examinar las condiciones particulares objetivas.[13]

El tipo de régimen que encabezó Trump es diferente al tipo de régimen de las dos últimas décadas en Colombia bajo el “Uribato”. Si bien el control de Uribe y sus secuaces ha implicado cambios en el Estado y en las políticas que bien se pueden catalogar de corte fascista, y que un importante sector del uribismo SÍ es fascista, no es cierto que sea un régimen fascista, aunque por su tendencia pueda caracterizarse como fascistoide. “La razón por la que algunas personas piensan que cualquier tipo de represión severa equivale al fascismo es básicamente porque se dejan engañar por la apariencia externa de la democracia —y en su mente la ‘democracia’ significa que supuestamente no debe existir ninguna represión, o al menos no una represión severa— así que cuando exista tal represión, incluso en ‘tiempos normales’, creen que se trata de algo distinto a la democracia, cuando en realidad el ejercicio de la dictadura burguesa incluye mucha represión brutal cuando esa dictadura se ejerce en la forma ‘democrática’”[14].

Hay también aquellos que, con el fin de atacar a Avakian —y contra toda evidencia—, se niegan a reconocer el carácter fascista del régimen dirigido por Trump y de casi la totalidad del Partido Republicano[15], y le restan importancia al catalogarlo solo como un gobierno más escorado a la derecha que los anteriores[16]. Tal posición deja de lado o desprecia las agudas contradicciones que hay en el seno de las clases dominantes en Estados Unidos, que han llegado a unas profundas divisiones y que no pueden resolverse por los canales y maneras “tradicionales”, y desprecia igualmente su carácter de superpotencia y su peso en el mundo. Aquellos son los mismos que asocian automáticamente la lucha contra el fascismo con ponerse bajo el ala del “sector democrático” de la burguesía y no tienen ninguna crítica a la posición de frente unido contra el fascismo de la Comintern bajo Dimitrov.

En contraste, el llamado de Bob Avakian no fue a apoyar a ese “sector democrático” ni al sistema electoral. Al contrario, enfatizó en que, para sacar a este régimen fascista, simplemente confiar en el voto conduciría a resultados desastrosos. Lo clave, y por lo que los comunistas revolucionarios en Estados Unidos trabajaron con intensidad, era desarrollar un fuerte movimiento de masas (tal movimiento, Rechazar el Fascismo, ha tenido un desarrollo desde la misma instalación del régimen de Trump y Pence en 2017). El PCR,EU abiertamente reiteró concebir esto dentro de la orientación estratégica de los comunistas revolucionarios de “[Trabajar] por una lucha real de millones de personas para (…) desmantelar el poder estatal actual, romper el control de este poder estatal sobre las masas populares, que se impone por medio de una violencia masiva, y crear un poder estatal diferente y un sistema diferente. Ese es el objetivo de todo esto”. Como recalcaa Avakian: “en cualquier momento, en lo que sea que hagamos, sin importar la parte de la división del trabajo en que participemos o la lucha particular en la que estemos —cualquiera que sea—, siempre debemos partir de esa orientación, de que todo lo que hacemos tiene que apuntar hacia eso.”[17].

Ni Bob Avakian ni los comunistas revolucionarios que siguen su liderato han dejado en ningún momento de denunciar el carácter opresivo y explotador del sistema capitalista-imperialista en su totalidad, ni el papel de todas las clases dominantes, incluyendo al partido demócrata y el republicano, en defender y mantener tal sistema. Además, destaca la profunda verdad de que “el proceso electoral de este sistema en sí va en contra del tipo de cambio fundamental que ahora se necesita con urgencia. Entre otras cosas, reduce los horizontes de las personas, restringiendo las ‘opciones realistas’ a lo que es posible dentro de los límites de este sistema y condicionando a las personas a ver y abordar las cosas según los términos de este sistema. Continuar votando por los demócratas e intentar, por medio del proceso electoral, impedir una exitosa toma y consolidación del poder por los republi-fascistas, muy probablemente fracasará y, en lo más fundamental, contribuirá a que las cosas continúen por el camino desastroso en el que se encuentran ahora, con terribles consecuencias para los miles de millones de personas sobre este planeta — para la humanidad en su conjunto.”[18]

Así, llamar a votar por Petro, así sea considerándolo como el “mal menor”, no cumple ningún papel positivo en función de la meta estratégica de hacer la revolución, la verdadera necesidad de los colombianos y de toda la humanidad. Por el contrario, sólo sirve para que mucha gente sinceramente interesada en un verdadero cambio termine legitimando el actual Estado basado en la explotación y la opresión. Lo que se necesita urgentemente es levantar las miras de la gente de modo que sea parte de construir un movimiento para la revolución, en medio de luchar contra el sistema.

Grupo Comunista Revolucionario, Colombia. 22 de mayo de 2022

Notas
  1. El “Uribato”, algo similar al nefasto período del “Porfiriato” en México marcado por acentuados autoritarismo, centralismo y represión, tuvo una especie de bache (no tan profundo) con el gobierno de Santos, quien fuera ministro de Defensa de Álvaro Uribe mientras se dio el pico de los llamados “falsos positivos”, asesinatos por parte de las fuerzas armadas y de policía de miles de personas señaladas falsamente como “guerrilleros muertos en combate”.

  2. Indepaz, Observatorio de Derechos Humanos, 22 de mayo de 2022.

  3. Ante el horroroso asesinato de al menos 8 niños bombardeados en Caquetá en 2019 por el ejército, de lo que las masas del sector dicen fueron 18 niños desaparecidos, se justificó tal acto como que estos niños eran “máquinas de guerra”, “bandidos” muertos en combate; el operativo del 28 de marzo en Putumayo destapó más la manera en la que se brutaliza a las masas y se busca legitimar el asesinato incluso de menores de edad y de mujeres embarazadas porque son guerrilleros y terroristas. Al unísono los uribistas, fascistas y medios de comunicación, han defendido y justificado estas atrocidades.

  4. Lo que han enfrentado Uribe y su círculo incluso jurídicamente en los últimos años (aún con un títere en la presidencia, el control de instituciones claves del Estado e incluso una mayoría en el Parlamento), aunque importante, constituye un elemento menor con respecto a lo que verían en riesgo para su clase.

  5. Se alega que allí donde la gente puede expulsar a sus líderes políticos no puede haber una dictadura sino una democracia. Si bien es cierto que la gente podría “destituir” (sacar por medio del voto) a políticos particulares, no puede ‘destituir’ por ese medio —ni cualquier otro que no sea la revolución— a la clase capitalista (la burguesía) que en realidad gobierna la sociedad, que ejerce control sobre el propio proceso electoral, y que en todo caso domina el proceso por medio del cual se toman las decisiones y, lo que es más esencial, ejerce un monopolio de la fuerza armada ‘legítima’. Es falso que donde hay democracia no puede haber dictadura, de hecho, la democracia burguesa es una forma de ejercicio de la dictadura de la burguesía.

  6. Algunos podrían estar de palabra de acuerdo con que Petro no signifique un cambio radical, pero consideran que “al menos” puede hacer algunos leves cambios positivos y que eso basta para apoyarlo. Esto puede verse con el enfoque del viejo dicho “del ahogado, el sombrero”, así como también con el del principio moral de Tomás de Aquino del “mal menor”, a cual más nefasto y conformista, especialmente en política.

  7. En la sección de “Confidenciales” de la Revista Semana de noviembre de 2011, alguien del círculo de Felipe López Caballero reveló que: “Cuando estaba siendo velado el expresidente Julio César Turbay Ayala, en 2005, apareció en la cámara ardiente Gustavo Petro. Esto desconcertó porque el entonces parlamentario era considerado uno de los torturados del M-19 en la época del Estatuto de Seguridad del gobierno Turbay. Interrogado sobre su presencia, afirmó que quería tender puentes con el establecimiento porque aspiraba a llegar un día a la Presidencia de la República.”

    En la actual campaña ha llegado a proponer una “segunda oportunidad” a los paramilitares y vez tras vez ha sugerido que protegerá a Uribe de sus numerosos procesos judiciales, diciendo que en su gobierno “podrá quedarse tranquilo cuidando a sus nietos”.

  8. Sin embargo, muchos de los que se sienten inclinados a ver en estos demócratas burgueses y “progresistas” defensores del sistema como la alternativa para una mejor sociedad, y que honesta y genuinamente se oponen a los horrores que comete este sistema, podrían y deberían jugar un papel y tener un lugar en un movimiento para una verdadera revolución, mediante su transformación en la lucha contra el sistema.

  9. Estos gobiernos no estaban contra el capitalismo sino contra el “neoliberalismo” o el “capitalismo salvaje”. Implementaron algunas reformas que beneficiaran temporalmente a ciertos sectores sociales muy golpeados por el sistema, algunos lo hicieron por un tiempo, pero nunca intentaron siquiera sacudir los lazos de dependencia y dominación de los imperialistas. Cuando fueron más “osados y beligerantes” criticaron alguna medida de “los yanquis” pero mantuvieron su relación de subordinación económica y política, cuando decían sacudirse un poco de tal dominación, significaba buscar refugio en la dominación de otro imperialista, o un mejor postor, como China o Rusia. Nunca fueron más allá de eso, ni podían hacerlo por su visión, por su programa político y la estrategia ligada a ellas: tomar las riendas del viejo estado para hacer algunas reformas, no organizar y dirigir a las masas para una verdadera revolución que rompa definitivamente con la dominación imperialista, destruya al viejo estado y desmantele su poder, destruya las viejas instituciones especialmente el aparato represivo en el que se sostienen las clases dominantes y el imperialismo y que sea una transición hacia el logro de “las 4 todas”: la abolición de todas las diferencias de clase, de todas las relaciones de producción en las que éstas descansan, de todas las relaciones sociales que corresponden a esas relaciones de producción y la revolucionarización de todas las ideas que corresponden a esas relaciones sociales.

  10. V.I. Lenin, “Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo”.

  11. Bob Avakian, “Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr?”, Editorial Tadrui, Bogotá 2015.

  12. Raymond Lotta. Introducción a Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr?.

  13. Un análisis de las particularidades de la estrategia para la revolución en Colombia y sus diferencias y similitudes con la estrategia para un país como Estados Unidos excede el alcance de este documento y será tratado en un posterior material.

  14. “Sobre la ciencia del nuevo comunismo que se necesita, y no los alardes del estrecho nacionalismo dogmático” en https://revcom.us/a/663/sobre-la-ciencia-del-nuevo-comunismo-que-se-necesita-es.html

  15. El régimen de Trump y Pence ejecutó con celeridad el programa fascista de ese sector de las clases dominantes en Estados Unidos: La institucionalización del supremacismo blanco y el fundamentalismo cristiano fue un aspecto crucial del régimen. La intensificación a todo nivel del terror contra los migrantes pobres de Latinoamérica, Asia y África; así como de la misoginia y desprecio a las personas por su orientación sexual o su género y el ataque a los derechos y libertades básicos. La reconfiguración de instituciones claves del Estado incluyendo el nombramiento de magistrados en la Corte Suprema alineados con ese programa fascista que hoy pretenden desmontar el fallo que legalizó el aborto en 1973. El ataque a la verdad y la ciencia, y la imposición de “hechos alternativos” para responder a grandes cuestiones y reescribir la historia. La organización de turbas fascistas linchadoras para proteger a través del patrioterismo blanco imperialista a “Estados Unidos primero”.

    Las revelaciones de que Trump consideró seriamente lanzar misiles en territorio mexicano para supuestamente atacar “laboratorios de droga” y las amenazas contra Corea del Norte que pudieron desatar una guerra nuclear son una muestra del peligro real de un régimen de ese tipo. Finalmente, estos fascistas maniobraron por asestar un golpe de Estado y estuvieron cerca de lograr su objetivo con el asalto al capitolio en enero de 2021 que pretendía echar atrás la derrota electoral de Trump ante Biden.

  16. En los años 80, cuando los cristianos de derecha emergieron como una fuerza política dedicada a “Recobrar la nación para Dios”, James Luther Adams advirtió a sus alumnos que en Estados Unidos los fascistas no vendrían con esvásticas y camisas pardas sino que la versión estadounidense del fascismo vendría con cruces y recitando la [patriotera] Promesa de Lealtad a la bandera (Véase Hubert Locke. Reflections on Pacific School of Religion’s Response to the Religious Right en https://revcom.us/en/a/032/religious-against-christian-fascism.htm)

  17. Bob Avakian, El nuevo comunismo.

  18. Bob Avakian, La Corte Suprema en camino para eliminar el derecho al aborto: “A tomarse las calles”, y a negarse a permitir que esto ocurra. Disponible en línea en https://revcom.us/es/bob_avakian/a-tomarse-las-calles-y-a-negarse-a-permitir-que-esto-ocurra