Introducción a Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr?, de Bob Avakian

Una obra trascendental de creciente importancia

Por Raymond Lotta

La reedición en la India de Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr? es un acontecimiento muy grato. Este excepcional texto de Bob Avakian llegará ahora a una audiencia mucho más amplia allí y en otros lugares. Y satisface una gran necesidad en el mundo.

La humanidad enfrenta enormes problemas y muchos de ellos sin precedentes. Existen inmensos océanos de pobreza y abismos de desigualdad… la cruel y a menudo brutal imposición de las relaciones de género y sexuales tradicionales, y la subyugación, degradación y violencia omnipresentes que afectan a las mujeres, la mitad de la humanidad… las brutales e “interminables” guerras y ocupaciones neocoloniales… y la creciente intensificación de la crisis ambiental que, si no se actúa decididamente, tiene el potencial real de destruir los sistemas ecológicos que soportan la vida en el planeta. El mundo clama por un cambio revolucionario fundamental.

A pesar de esto, casi todas las fuerzas de oposición (salvo los reaccionarios fundamentalistas islámicos y otros fundamentalismos) aceptan el actual marco opresivo y el argumento de que realmente no podemos lograr algo mejor que la democracia; que todo lo demás lleva al horror; y que los principios y preceptos de la teoría democrática marcan el camino a un mundo mejor.

Incluso entre muchos de los que se identifican con el comunismo, existe un terco apego a los principios de la democracia de la época burguesa como uno de sus componentes necesarios. De hecho, algunos han descartado buena parte o incluso todo el marxismo y se han replegado hacia los ideales, los teóricos y los horizontes de la democracia del siglo xviii como el marco para el cambio social.

En este contexto, la reedición de Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr? es sumamente importante y oportuna. Bob Avakian hace trizas las nociones prevalentes sobre la democracia, mostrando cómo y por qué ésta es sumamente limitante; y proporciona una visión emancipadora que trasciende los supuestos sobre la democracia.

Es mucho lo que está en juego. Los horrores del mundo están inextricablemente ligados al capitalismo-imperialismo, a su economía global basada en la explotación y la opresión, a su poder estatal y a la política que lo imponen y refuerzan, y a su ideología que legitima y racionaliza el sistema responsable de toda la miseria y sufrimiento innecesarios en el mundo. Puesto de otra manera, las cuestiones que se abordan en este libro tienen que ver con si el mundo sigue siendo tal y como es… o si la humanidad lo transformará mediante la revolución comunista que abre perspectivas de libertad completamente nuevas.

Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr? es poderosamente vigente.

Sobre este libro y el método de Bob Avakian

Esta obra es una amplia, detallada y sistemática exploración de las raíces de la democracia en las Grecia y Roma antiguas, que llega hasta el surgimiento y consolidación del capitalismo “democrático liberal”. Avakian demuestra que la democracia es una forma de dominación de clase históricamente limitada y socialmente condicionada. Aborda las expresiones concretas de la democracia en Estados Unidos, así como las ilusiones de la democracia y cómo éstas refuerzan el opresivo statu quo. El autor analiza el imperialismo, la democracia y la dictadura; la relación entre la relativa estabilidad política de los países imperialistas de Occidente y la subordinación de los países del Tercer Mundo a tales potencias; y la realidad de que las llamadas “libertades internas” de los países imperialistas se basan en la explotación y el saqueo colonial y neocolonial a escala global. A lo largo de esta obra, Avakian aplica y defiende una posición firmemente internacionalista. Examina lo que él llama “socialismo burgués” (seudosocialismo que no se sale del marco de las relaciones de propiedad y valores burgueses) y la democracia.

Avakian concluye la obra con el análisis del papel y el contenido particular de la democracia en una auténtica revolución socialista. Analiza la naturaleza de la transición socialista al comunismo y la enfoca, fundamentalmente, como un proceso global hacia un mundo comunista. Aborda cómo la revolución comunista —la revolución para superar todas las formas de explotación y opresión, la división de la sociedad humana en clases, y crear una comunidad mundial de la humanidad— va más allá de la democracia hacia una forma superior de organización y de conciencia sociales.

En su análisis profundo de la democracia, Avakian aborda sus principales teóricos tales como Thomas Hobbes, John Locke, Juan Jacobo Rousseau, Thomas Paine y John Stuart Mill, así como los clásicos argumentos convencionales sobre la democracia. También se enfoca en los apologistas del imperialismo y la democracia liberal de Occidente del siglo XX, y de forma notable en Hannah Arendt, destacada anticomunista teórica del “totalitarismo”. Avakian desmantela con rigor y demuele radicalmente los principales supuestos y argumentos de tales pensadores.

Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr? comienza con la declaración: “Hoy en el mundo se comenten lo más horrendos crímenes en nombre de la democracia”. Casi treinta años después, da luces para comprender los hechos de Abu Ghraib, las detenciones indefinidas, los drones Predator, la tortura como “medida de emergencia” en India y otros países, y el encarcelamiento masivo de jóvenes negros y latinos en Estados Unidos.

Democracia: tenemos que lograr algo mejor.

Como defensor de la nueva síntesis del comunismo planteada por Bob Avakian y como alguien que basa su trabajo teórico en esta nueva síntesis, quiero compartir con el lector algo de la importancia y cualidades especiales del trabajo teórico de Avakian y su método y enfoque, especialmente como lo ilustra esta obra.

Para empezar, Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr? es el análisis marxista más completo sobre la democracia. No es una mera reafirmación o recuperación de principios fundacionales del marxismo; es una profundización creativa y científica que lo amplía y lo enriquece.

Avakian aporta las herramientas conceptuales para entender científicamente el mundo de la “democracia liberal”: sus bases en la explotación, su papel en mantener la dictadura de clase y cómo la democracia condiciona la forma en que la gente concibe la sociedad y el mundo.

Presenta la contrastación de las ideas y la teoría con la realidad, y un examen incisivo y perseverante de la estructura fundamental y las dinámicas de la realidad —ya sea que hablemos de la Revolución estadounidense o de la Unión Soviética en el periodo de la colectivización después de la II Guerra Mundial.

Avakian traza una clara demarcación entre el comunismo como ciencia viva, crítica y revolucionaria que sirve a la emancipación de la humanidad, y otros programas y concepciones que no pueden lograrla. Al mismo tiempo, es clara la disposición a profundizar en otras concepciones y corrientes de pensamiento, tanto para ver qué se puede aprender como para revelar los marcos epistemológicos y concepciones de clase que guían estas teorías (el análisis de John Stuart Mill es un buen ejemplo).

También encontramos, y éste es un sello de la nueva síntesis, un espíritu científico para interrogar la experiencia y la comprensión previa de la revolución comunista, sin ser condescendiente. El marxismo, enfatiza Avakian (acudiendo a una frase de Mao), es un “ismo de forcejeos”.

Y no menos importante: como pensador y líder visionario de un partido comunista de vanguardia que está preparando el terreno para la revolución —justo en la potencia imperialista más poderosa del mundo y no sólo con el objetivo de aliviar la carga de opresión y explotación de las masas populares en Estados Unidos sino, fundamentalmente, de contribuir al máximo al proceso de la revolución y el avance del comunismo en todo el mundo—, Avakian combina una profunda comprensión de la concepción y el método del materialismo dialéctico, así como de las realidades prácticas de la revolución, de sus muy reales dificultades y de sus verdaderas posibilidades, con una imaginación arrolladora fundamentada científicamente. Esto se evidencia palmariamente en el capítulo final de esta obra, donde de forma poética y científica vislumbra (y, sí, imagina) algunas de las características de la futura sociedad comunista[1].

Avakian obliga al lector a pensar en formas nuevas sobre el mundo. Señala nuevos horizontes para la teoría comunista. Plantea nuevos retos, preguntas y contradicciones. En últimas, se trata de comprender cómo es el mundo realmente y cómo puede ser transformado radicalmente.

Contexto del libro

Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr? se publicó por primera vez en 1986. Avakian lo escribió con un trasfondo internacional de creciente rivalidad entre el bloque encabezado por Estados Unidos y el bloque socialimperialista soviético. La clase dominante estadounidense bajo el gobierno de

Reagan estaba intensificando su ofensiva ideológica por la “democracia occidental” como el “baluarte” contra el “totalitarismo” soviético. Este también era un momento en el que diversos teóricos “socialistas”, que buscaban “reinterpretar” el marxismo como un “discurso democrático radical” y convertir el proyecto socialista en la extensión lineal de la democracia, estaban ganando fuerza bajo el lema de una “crisis del marxismo”.

En su autobiografía de 2005 From Ike to Mao and Beyond, Avakian habla del propósito y de la importancia de este libro. Algunas de sus reflexiones son un útil punto de partida:

[D]ebido a que es una cuestión tan importante en Estados Unidos, y más ampliamente en el mundo, me enfoqué en la cuestión de la democracia. Escribí un libro con el título deliberadamente provocador de Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr? que pone la democracia en su contexto histórico y analiza el contenido real de diferentes tipos de democracia a través de la historia. Me remonté hasta las antiguas sociedades de Grecia y Roma que eran democracias para una pequeñísima parte de la sociedad pero basadas en la esclavitud y la explotación de la mayoría del pueblo en esas sociedades; y traje eso hasta el presente mostrando cómo la “gran democracia” de Estados Unidos no es una democracia pura y sin clases, sino un sistema de gobierno de democracia basado también en la explotación y la opresión de las masas populares, no sólo en Estados Unidos sino en todo el mundo. En otras palabras, ésta es una democracia que se basa y sirve al sistema capitalista e imperialista y a la clase dominante que rige y se beneficia de ese sistema.

Abordé muchas de los equívocos e ilusiones generalizadas sobre la democracia y mostré cómo, en realidad, la cacareada “democracia estadounidense” tiene un claro contenido social y de clase: es una democracia burguesa y en la práctica una forma de dictadura burguesa, un sistema de gobierno opresivo en favor de los intereses de la clase burguesa dominante y del sistema capitalista de explotación. Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr? demuestra que para ponerle fin a todos los sistemas y relaciones de opresión y explotación se necesita superar todo tipo de Estado —es decir todas las dictaduras— y con el tiempo lograr una sociedad sin clases en la que ya no necesitemos, y se hayan superado, las instituciones y estructuras formales de cualquier tipo de democracia; y en la que la gente pueda manejar sus asuntos de manera colectiva sin necesidad de que una parte de la sociedad ejerza la democracia en sus filas y la dictadura sobre el resto de la sociedad[2].

Hoy la creencia generalizada es que la democracia y la dictadura son completamente opuestas entre sí: donde hay democracia, no hay dictadura; donde hay dictadura, no hay democracia. Avakian muestra desde diferentes ángulos que la democracia es una forma de dictadura.

Las declaraciones universales de justicia, democracia e igualdad se presentan para enmascarar y justificar la profunda desigualdad en un sistema de relaciones de producción capitalistas basado en la separación de la masa de productores de los medios de producción… y, en el caso de Estados Unidos, en la esclavitud. Al mismo tiempo, Avakian demuestra que la recurrente idealización de la sociedad burguesa, como una sociedad compuesta de individuos atomizados que interactúan entre sí como unidades autodeterminadas cuya soberanía individual debe ser protegida por el Estado, tiene una base económica y social real. Es una representación de la sociedad que corresponde al mundo de la producción e intercambio de mercancías; con el derecho a la propiedad, la propiedad burguesa, erigido como derecho fundacional y medular, y la fuerza de trabajo de las masas de proletarios reducida a una mercancía a ser comprada y explotada por el capital.

Claridad sobre la democracia y los grandes riesgos

Los planteamientos de Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr? adquieren una destacada pertinencia hoy en un panorama político-intelectual salpicado de pensadores ampliamente publicitados y pretendidamente “radicales” tales como Michael Hardt (coautor de Imperio) quien se inspira en Thomas Jefferson, inescrupuloso esclavista defensor y arquitecto de la expansión de la esclavitud[3]. O la figura del filósofo francés Alain Badiou quien encuentra en la obra de Juan Jacobo Rousseau un marco de referencia o una guía para una política basada en la “máxima igualitaria”[4].

Jefferson es objeto de un penetrante y agudo análisis. Entre otros puntos de esta amplia discusión, Avakian disecciona y señala la naturaleza clasista de la noción de Jefferson sobre el derecho a la revolución contra la tiranía, elemento del jeffersonianismo que no solo Hardt sino también el teórico cultural “radical” Slavoj Žižek no pierden oportunidad en alabar[5].

Avakian también analiza a fondo la visión y la filosofía política de Rousseau —lo que para muchos de los seguidores actuales de éste constituye el ideal de una política moderna de “democracia directa”. Avakian revela que dicho modelo social no sólo está confinado en un mundo idealizado de pequeños productores de mercancías, sino que también está penetrado de patriarcado y patriotismo.

Hay que señalar que Badiou es un típico representante de aquellos que alguna vez se consideraron partidarios maoístas del comunismo pero que, ante los nuevos retos que siguieron a la caída del socialismo en China en 1976, han retrocedido hasta antes de Marx y del socialismo-comunismo científico. Su proyecto ha sido el de formular una “idea” de comunismo en el que la política opera dentro de un universo de ideales igualitarios democráticos y que, en el caso particular de Badiou, se basa en la conclusión de que “la era de las revoluciones” ha llegado a su fin[6].

Tendencias teórico-políticas similares se han expresado en el sur de Asia, aunque en circunstancias algo diferentes y con formas particulares.

Está la de Baburam Bhattarai, importante dirigente del Partido Comunista de Nepal (Maoísta), quien a comienzos de la década de 2000 comenzó por defender la “democracia multipartido” y las elecciones como forma de legitimar la sociedad y el liderato de vanguardia socialistas. Sin embargo, tal democracia multipartido ha resultado ser un medio excelente y eficaz para la dominación de la burguesía y otras clases reaccionarias. Sobre la base de este tipo de “reconsideraciones” por parte de Bhattarai y otros dirigentes del PCN(M), la meta de una república democrática (burguesa) reemplazó la meta de la lucha revolucionaria por derrocar la dominación imperialista y el gobierno reaccionario en Nepal; y, cuando llegó el momento decisivo de tomar el poder y revolucionar la sociedad, desecharon la revolución —en un miserable trueque por el derecho a participar en el proceso parlamentario burgués y en el gobierno de una sociedad que sigue siendo dominada por los explotadores nepaleses y extranjeros[7].

En décadas anteriores había surgido en la India el caso de K. Venu, otrora líder de una organización maoísta, el Comité de Reorganización Central del Partido Comunista de la India (marxista-leninista), parte de la tendencia Naxalbari. Venu fue el autor de un documento de 1990 en el que argumentaba que, una vez establecida la dictadura del proletariado, lo esencial para el avance al comunismo es la extensión de la democracia —democracia formal— antes que continuar la lucha por la transformación y revolucionarización de toda la sociedad, incluyendo de manera muy importante la forma de pensar.

Extendiendo los principios básicos que sustentan Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr? y aplicándolos específicamente a los argumentos de Venu, Avakian escribió una crítica exhaustiva y penetrante: “Democracia: Más que nunca podemos y debemos lograr algo mejor”. Allí pone al descubierto cómo los argumentos de Venu representan el abandono y la traición a la revolución, la dictadura del proletariado y la meta del comunismo[8]. Y, al final, no pasó mucho tiempo para que Venu disolviera la organización que dirigía y abandonara en la práctica la lucha revolucionaria.

En Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr? y otras obras, Avakian habla de la realidad de que existe un componente democrático todavía importante en las revoluciones conducentes al socialismo en las naciones oprimidas del Tercer Mundo. Esto tiene que ver, por una parte, con la necesidad de liberarse y romper con el imperialismo para lograr una auténtica liberación nacional; y, por la otra, con la necesidad de llevar a cabo una revolución social cada vez más profunda que incluya superar y transformar las relaciones económicas y sociales precapitalistas remanentes (derrocando a las fuerzas de clase locales que las representan y defienden). Es claro que las formas de existencia de dichas relaciones, o incluso si siguen existiendo, varían considerablemente entre los países oprimidos y dependientes. Aunque, en general, siguen habiendo tareas democráticas que deben ser realizadas en función del marco revolucionario para alcanzar el socialismo como transición al comunismo.

En 2004, Avakian sintetizó puntos esenciales sobre la democracia desarrollando lo que está en este libro:

En un mundo de profundas divisiones de clase y grandes desigualdades sociales, hablar de “democracia” sin señalar su carácter de clase y a qué clase beneficia, no tiene sentido, por decir lo menos. Mientras la sociedad esté dividida en clases, no puede existir “democracia para todos”: una u otra clase dominará, y defenderá y promoverá el tipo de democracia que sirva a sus intereses y objetivos. Lo que hay que preguntarse es ¿qué clase dominará y si su gobierno y su sistema de democracia servirán para continuar, o finalmente abolir, las divisiones de clase y sus correspondientes relaciones de explotación, opresión y desigualdad?[9]

Sí. Estamos lidiando con teoría abstracta. Pero es teoría que tiene directa pertinencia con si confrontamos la sociedad y el mundo tal como realmente son… y con si se hace o no la revolución, una revolución verdaderamente emancipadora.

Eso es lo que está en juego. Y es por esto mismo que el trabajo teórico de Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr? adquiere una decisiva importancia en la coyuntura actual.

El colapso del bloque soviético: Un cambio trascendental en el mundo

Avakian dedica una considerable parte del capítulo “Socialismo burgués y democracia burguesa” a las estructuras políticas de la Unión Soviética y los países de Europa oriental. Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr? se escribió antes del colapso del bloque socialimperialista soviético entre 1989 y 1991. Y uno de los objetivos del libro cuando se publicó originalmente fue analizar las variantes particulares de la democracia que existían en esos países.

Avakian caracterizó al sistema soviético como “democracia revisionista” —donde revisionismo significa capitalismo disfrazado de “comunismo”.

Este fue un análisis importante, preciso y muy polémico en ese momento. El rigor del análisis supera la prueba del tiempo. Hay mucho que aprender primero de cómo Avakian analiza ciertos desarrollos y características nuevas de esos países revisionistas que no cumplían los paradigmas estándar (formales) del capitalismo y sus estructuras y fenómenos que estaban generando confusión política; y, segundo, cómo mostró lo que había en común entre aquellos países y las sociedades capitalistas en general, poniendo al desnudo el contenido capitalista del sistema en la Unión Soviética y su identidad esencial con Occidente.

Tras el colapso del bloque socialimperialista soviético entre 1989 y 1991, y con los imperialistas aprovechando la ocasión para pregonar la “muerte del comunismo”, Avakian extendió su análisis: no, ésta no fue la desintegración y rechazo del auténtico comunismo sino una situación en la que el “revisionismo devino más abiertamente burgués”[10].

Una polémica de gran importancia: Hannah Arendt y la teoría del “totalitarismo”

El capítulo “Socialismo burgués y democracia burguesa” incluye una importante polémica contra la obra de Hannah Arendt Los orígenes del totalitarismo. No hace falta exagerar la amplia y reaccionaria influencia de la teoría del “totalitarismo”. Es el modo de pensar dominante en amplios círculos académicos y políticos. Así es especialmente, al menos, en Estados Unidos. Y con frecuencia es aceptada como válida por aquellos, incluyendo los jóvenes radicalizados, que pueden no ser conscientes o no estar familiarizados con la teoría “anti-totalitaria”… sus supuestos y conclusiones, precisamente porque son tan ampliamente propagados y porque coinciden con las ilusiones de la democracia burguesa.

La teoría del totalitarismo equipara a Stalin (y a Mao) con Hitler, la ideología comunista con la ideología nazi, y la dictadura del proletariado con los regímenes fascistas —esto hace parte del saber convencional de nuestro tiempo. No obstante, tan grotesca distorsión se acepta generalmente sin ser analizada ni cuestionada.

La letanía ideológica imperialista es que todo intento por transformar radicalmente la sociedad humana (es decir, la sociedad burguesa), y los valores y la concepción de la gente (es decir, los valores y la concepción burguesas) llevará, y sólo podrá llevar, a una “pesadilla totalitaria”.

En esto reside la enorme importancia, pertinencia y originalidad del análisis de Avakian de esta teoría: no existe una crítica comparable contra Arendt con una contundencia y alcance semejantes.

Avakian señala que si bien la teoría del totalitarismo se originó a principios de los cuarenta, se hizo más influyente y útil para los países imperialistas de Occidente más tarde, particularmente durante el periodo en el que la rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética se intensificaba a finales de los setenta y comienzos de los ochenta. ¡Pero desde el colapso del bloque soviético, que ocurrió cinco años después de la publicación original del libro de Avakian, se le ha dado más aliento a esta doctrina! Está ligada a la ofensiva ideológica imperialista contra el comunismo que llegó a un nivel totalmente nuevo tras la disolución de la Unión Soviética y que ha continuado intensificándose. Y, como parte importante de esta ofensiva ideológica, la obra de Arendt y su concepción se han puesto a su servicio.

Pero la renovada influencia de la teoría “anti-totalitaria” también ha sido obra de la apropiación de Arendt por parte de sectores de intelectuales que se autoproclaman de izquierda, quienes adoptan el argumento de Arendt de que las “libertades políticas” se satisfacen mejor en la democracia liberal capitalista para sustentar una política de “extender” la democracia dentro de los “espacios” de la sociedad capitalista moderna. Mientras la macabra maquinaria del imperialismo resuena en el trasfondo, aplastando vidas y espíritus… se proclama que la revolución es cosa del pasado.

La crítica de Avakian debe ser leída y estudiada detenidamente. Constituye una poderosa herramienta intelectual e ideológica para comprender y refutar científicamente la teoría anticomunista del totalitarismo y contrarrestar sus venenosos y paralizantes efectos ideológicos. De nuevo, es mucho lo que está en riesgo. ¿La gente se conformará con este mundo de horrores, o alzará sus miras hacia un mundo radicalmente diferente y mejor?

Una nueva síntesis del comunismo

Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr? se defiende por sí misma. Desde la posición privilegiada del presente, esta obra, con sus análisis de la democracia y de la sociedad socialista y comunista, tiene que verse también como parte de un proyecto histórico más amplio de más de tres décadas de trabajo: una nueva síntesis del comunismo desarrollada por Bob Avakian.

Aquí es necesario volver atrás. En 1976 se echó atrás el socialismo en China, tan sólo dos décadas después de la restauración del capitalismo en la Unión Soviética en los cincuenta. La primera ola de revoluciones socialistas había llegado a su fin. Ya no existían Estados socialistas en el mundo. Frente a este enorme revés histórico, ante las grandes cuestiones planteadas por la terminación de esta primera etapa, y en medio de los ataques y calumnias dirigidos contra esta experiencia (muy a menudo aceptados de manera acrítica)… era esencial una síntesis realmente científica para un nuevo avance de la revolución comunista. Y no fue sólo que tan grandiosas revoluciones hubieran sido derrotadas, sino que también habían ocurrido enormes cambios en el mundo, produciendo nuevos horrores y planteando nuevos retos para hacer la revolución en el mundo contemporáneo.

Se planteó de nuevo la enorme necesidad del comunismo. Pero si se van a enfrentar nuevos retos, la teoría y la práctica del comunismo tienen que avanzar.

Bob Avakian asumió esta responsabilidad desarrollando un cuerpo teórico, un método y un enfoque comunistas que responden a esa enorme necesidad.

La de la democracia era una de las grandes cuestiones que había que abordar. Avakian identificó una tendencia, durante la mayor parte de la historia del movimiento comunista internacional, a mezclar el proyecto comunista con el proyecto democrático. De hecho, lo que estamos presenciando cada vez más hoy es la escisión de lo que había sido el movimiento comunista en torno a la cuestión de la democracia en particular (junto a otras cuestiones decisivas). En verdad, la confusión, si no es que la deliberada ignorancia, sobre la cuestión de la democracia es una traba muy grande para el avance de la revolución en el mundo de hoy.

En la forja de la nueva síntesis del comunismo, Avakian ha sintetizado los grandes logros así como las deficiencias y problemas de la primera ola de la revolución comunista. Ha echado mano de los diversos campos del esfuerzo y el conocimiento humanos. Ha dimensionado los grandes cambios en el mundo.

Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr? constituyó un importante paso en el desarrollo de la nueva síntesis. Un componente crucial de esta nueva síntesis, y una notoria característica en este libro, es el internacionalismo. Por una parte, Avakian profundiza el análisis de la base material para el internacionalismo y por qué, en un sentido fundamental y general, la arena mundial es la más decisiva, incluso en términos de la revolución en cualquier país dado; y por la otra, ha desarrollado una nueva comprensión de la responsabilidad primordial de toda sociedad socialista en particular de ser una base de apoyo para el avance de la revolución mundial.

Otra dimensión crucial de la nueva síntesis es un reconocimiento mucho mayor del papel y la importancia del disentimiento y el fermento intelectual en la sociedad socialista, no como algo que simplemente se debe permitir sino como algo que se tiene que fomentar activamente dentro del contexto, y como parte clave, de fortalecer e impulsar esencialmente la dictadura del proletariado, la continua transformación socialista de la sociedad, y la lucha revolucionaria en todo el mundo hacia la meta final del comunismo. En este libro Avakian explora algunos elementos de su reconceptualización de la transición socialista al comunismo.

Como se sintetiza en El comunismo: el comienzo de una nueva etapa, un manifiesto del Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos, la nueva síntesis del comunismo desarrollada por Bob Avakian es análoga “a lo que hizo Marx al comienzo del movimiento comunista: establecer en las nuevas condiciones, después del fin de la primera etapa de revolución comunista, un marco teórico para el renovado avance de esa revolución”[11]. Es un marco que le permite a la revolución comunista en el mundo de hoy ir más allá y hacerlo mejor. Pone al comunismo sobre una base más científica y más emancipadora.

En conclusión, volviendo a la pregunta “democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr?”, la respuesta es no. Tenemos que lograr algo mejor. Y podemos hacerlo sobre la base de la nueva síntesis del comunismo.

Nueva York

Enero de 2014

  1. Esta perspectiva ha permeado y sustentado la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte (Proyecto de texto) publicada por el Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos (Chicago: RCP Publications, 2010).

  2. Bob Avakian, From Ike to Mao and Beyond: My Journey from Mainstream America to Revolutionary Communist. A Memoir (Chicago: Insight, 2005), pp. 426-427.

  3. Véase Michael Hardt, “Take the revolutionary road”, The Guardian, 4 de julio de 2007; y Thomas Jefferson, The Declaration of Independence, Introducción de Michael Hardt (Londres: Verso, 2007).

  4. Véase Alain Badiou, Being and Event [El ser y el acontecimiento], “Meditation Thirty-Two:

    Rousseau”; (Londres: Continuum, 2007), especialmente p. 347.

  5. Slavoj Žižek, Living in the End Times (Londres: Verso, 2010), p. 392.

  6. Para un análisis y crítica de Badiou, véase la polémica “La ‘política de emancipación’ de Alain Badiou: Un comunismo encerrado en los confines del mundo burgués”, por Raymond Lotta, Nayi Duniya, y K.J.A en Demarcaciones: una revista de teoría y polémica comunistas, Nº 1.

    Verano-otoño de 2009 (www.demarcations-journal.org).

  7. El Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos ha analizado la línea revisionista del Partido Comunista de Nepal (Maoísta) y cómo se expresa en las posiciones del PCN (M) sobre la democracia especialmente en los escritos de Bhattarai. Este análisis se encuentra en una serie de cartas bajo el título “Sobre lo que pasa en Nepal y lo que está en riesgo para el movimiento comunista: Cartas del Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos al Partido Comunista de Nepal (Maoísta), 2005-2008, con una respuesta del PCN[M], 2006”.

    Disponible en: http://revcom.us/a/160/Letters-es.pdf

  8. Bob Avakian, “Democracia: Más que nunca podemos y debemos lograr algo mejor”, Un mundo que ganar N° 17, 1992, pp. 32-72; disponible también en Bob Avakian, El falso comunismo ha muerto… viva el auténtico comunismo (Chicago: RCP Publications, 2ª ed., 2004), pp. 125-243.

  9. Citado en la Constitución del Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos (Chicago: RCP

    Publications, 2008), p. 4. Disponible en: http://revcom.us/Constitucion/constitucion.html

  10. Véase Avakian. El falso comunismo ha muerto, p. 9.

  11. El comunismo: el comienzo de una nueva etapa, un manifiesto del Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos, (Chicago: RCP Publications, 2009), p. 24; disponible en: revcom.us/Manifesto/Manifesto-es.html. El capítulo IV de este documento contiene una caracterización concisa de los tres elementos principales de la nueva síntesis del comunismo.